La industria energética de América Latina atraviesa un momento que distintos actores del sector consideran decisivo. En la antesala de la Conferencia Arpel 2026, que se realizará entre el 1° y el 4 de junio en Buenos Aires, el secretario ejecutivo de la Arpel, Carlos Garibaldi, sostuvo que la región cuenta con una oportunidad histórica para posicionarse como proveedor estratégico de energía en un contexto internacional atravesado por cambios geopolíticos, nuevas demandas y una revisión global sobre el proceso de transición energética.
Según declaraciones difundidas por el medio especializado Energy Report, Garibaldi consideró que durante los últimos meses comenzó a consolidarse una mirada más pragmática sobre el futuro energético mundial. A su entender, el debate dejó atrás ciertas proyecciones excesivamente optimistas respecto de una rápida sustitución de los combustibles fósiles y avanzó hacia una visión más amplia sobre la necesidad de garantizar seguridad energética, abastecimiento y precios accesibles.
"La retórica sobre nuestra industria cambió radicalmente", señaló el ejecutivo, al analizar el nuevo escenario internacional. Y agregó que hoy existe un reconocimiento mayor acerca de la complejidad que supone equilibrar variables económicas, energéticas y ambientales.
El planteo llega en un contexto en el que la demanda mundial de energía continúa creciendo, impulsada por factores como la expansión tecnológica, el desarrollo industrial y el avance de herramientas vinculadas a la inteligencia artificial, cuya infraestructura requiere volúmenes cada vez mayores de consumo energético.
Desde la mirada de Arpel, la región presenta una combinación de elementos que hoy aparecen como altamente valorados por el mercado internacional: abundancia de recursos, estabilidad geográfica y potencial para ampliar la oferta energética global.
Garibaldi destacó que América Latina y el Caribe concentraron cerca del 40% de los recursos hidrocarburíferos convencionales descubiertos desde 2020, pese a representar una porción considerablemente menor de la producción global.
Además, remarcó que el contexto geopolítico internacional comenzó a modificar las decisiones de inversión. Las tensiones persistentes en regiones como Medio Oriente y algunos puntos de Europa reconfiguraron las prioridades energéticas y reforzaron la búsqueda de proveedores ubicados en zonas consideradas más estables.

En ese marco, el directivo sostuvo que la región cuenta con una ventaja diferencial. "Estamos lejos de las zonas de conflicto militar y no tenemos puntos críticos vulnerables para el transporte marítimo", explicó.
Entre los países con mayor potencial, mencionó a Brasil, Guyana, Surinam y Argentina, donde sobresale el desarrollo de Vaca Muerta, considerada una de las principales apuestas energéticas del continente.
Sobre el yacimiento argentino, Garibaldi fue particularmente enfático. Sostuvo que se trata de la única formación shale fuera de Estados Unidos con capacidad para competir con las principales cuencas norteamericanas, tanto por escala como por productividad.
La referencia coloca nuevamente a Vaca Muerta en el centro de las expectativas energéticas regionales, en momentos en que distintos proyectos vinculados a infraestructura, exportación y producción buscan acelerar su expansión.
Otro de los puntos centrales del análisis estuvo enfocado en el papel que ocupará el gas natural dentro de la matriz energética futura.
Lejos de ser considerado únicamente un combustible puente, Garibaldi planteó que el recurso asumió un rol estructural para los sistemas energéticos actuales, debido a su menor nivel de emisiones frente a otros combustibles fósiles y a su capacidad para complementar el desarrollo de energías renovables.
El ejecutivo señaló además que la región tiene margen para fortalecer la integración energética mediante nuevas redes de transporte, expansión de gasoductos y proyectos de gas natural licuado (GNL).
En ese sentido, consideró que América Latina puede convertirse en un proveedor relevante para mercados que aún mantienen una elevada dependencia del carbón, contribuyendo así a procesos de reducción de emisiones a escala internacional.
No obstante, advirtió que aprovechar este escenario exigirá condiciones internas estables. Señaló que será clave avanzar sobre seguridad jurídica, marcos regulatorios previsibles y políticas capaces de sostener continuidad más allá de los cambios de gobierno.
La discusión ocupará un lugar central durante la próxima edición de la Conferencia Arpel, que reunirá en Buenos Aires a funcionarios, ejecutivos y especialistas internacionales para debatir el nuevo mapa energético global y las oportunidades que se abren para la región.