El CEO de JP Morgan en Argentina, Facundo Gómez Minujín, planteó este martes en un encuentro económico que el Gobierno debería considerar un regreso al mercado internacional de deuda si se presenta una oportunidad favorable. Aunque reconoció la estrategia prudente del ministro de Economía, Luis Caputo, el ejecutivo sostuvo que el contexto financiero exige rapidez y capacidad de reacción frente a un escenario internacional cada vez más volátil.
La definición volvió a poner sobre la mesa un debate central para la política económica: el momento adecuado para que Argentina retome el financiamiento externo tras años de restricciones, reestructuraciones y elevados niveles de riesgo país. Para Gómez Minujín, las señales actuales muestran una economía con mayor estabilidad y con indicios de recuperación, elementos que podrían abrir una nueva etapa.
Durante su exposición, el ejecutivo remarcó que el país comenzó a mostrar indicadores más ordenados desde el punto de vista macroeconómico. Entre ellos mencionó el equilibrio fiscal y una mayor estabilidad financiera, factores que, según su visión, permitieron que las grandes compañías recuperaran acceso a los mercados internacionales.
En ese sentido destacó el fuerte nivel de colocaciones corporativas registrado durante el último año. Según explicó, empresas argentinas lograron realizar numerosas emisiones internacionales, generando un ingreso importante de divisas para la economía local.
La situación abre una paradoja que hace tiempo distingue al sistema financiero argentino: varias compañías privadas pueden financiarse en mejores condiciones que el propio Estado nacional. Mientras el riesgo país continúa en niveles cercanos a los 500 puntos básicos, algunos emisores corporativos acceden a tasas considerablemente inferiores.
Consultado sobre esta anomalía, Gómez Minujín explicó que se trata de un fenómeno recurrente en Argentina. Señaló que, a diferencia de otros mercados, el sector corporativo local construyó una reputación de cumplimiento incluso en escenarios críticos.
Según describió, muchas empresas atravesaron crisis profundas sin incumplir obligaciones financieras. Esa trayectoria, sostuvo, funciona como un respaldo ante los inversores internacionales.
El caso del Estado nacional presenta una dinámica distinta. El historial de cesaciones de pagos y reestructuraciones sigue pesando sobre la percepción de riesgo y condiciona el valor de los bonos soberanos.
Para el ejecutivo, esa herencia continúa afectando la capacidad de financiamiento del país. Explicó que la desconfianza no se explica únicamente por variables económicas actuales sino también por antecedentes históricos y factores estructurales.
En ese punto recordó que Argentina arrastra una larga historia de defaults y consideró que algunos episodios del pasado dejaron marcas profundas en la relación entre el país y los mercados internacionales.
También mencionó cuestiones vinculadas con el volumen de deuda en circulación y el diseño de las últimas reestructuraciones. A su criterio, la configuración de los bonos emitidos en procesos recientes restó atractivo a los instrumentos argentinos y limitó el interés de algunos fondos internacionales.
Aun así, sostuvo que existen perspectivas de mejora gradual. Señaló que si las condiciones externas acompañan y no aparecen shocks internacionales, el riesgo país podría seguir descendiendo durante los próximos meses.
En esa línea mencionó distintos factores que podrían fortalecer la situación financiera. Entre ellos destacó la posibilidad de nuevos desembolsos de organismos multilaterales, acuerdos con bancos privados y otras alternativas de financiamiento que permitan reforzar la posición del Gobierno.
Bajo ese escenario, Gómez Minujín consideró que hacia fin de año podrían generarse condiciones para explorar un regreso a los mercados voluntarios de deuda.
"Si hay una ventana en un mundo de tanta incertidumbre, yo sugeriría aprovecharla", sostuvo el ejecutivo.
La postura difiere de la mirada que viene sosteniendo Caputo. El ministro reiteró en diversas oportunidades que la prioridad oficial no es regresar rápidamente a los mercados, sino consolidar primero una reducción sostenida del riesgo país y fortalecer las variables macroeconómicas.
La discusión no es menor: el acceso al crédito internacional constituye una herramienta relevante para ampliar fuentes de financiamiento y aliviar restricciones financieras, aunque también supone riesgos en economías con antecedentes de volatilidad.
Durante su exposición, Gómez Minujín también se refirió al desarrollo del mercado de capitales argentino y cuestionó decisiones tomadas en administraciones anteriores respecto del sistema previsional.
El ejecutivo sostuvo que la eliminación del sistema privado de jubilaciones significó un golpe estructural para el financiamiento local. Según su visión, la desaparición de esos instrumentos redujo la capacidad de construir una base sólida de ahorro interno.
Comparó además la experiencia argentina con otros países de la región como Brasil, México y Chile, donde mecanismos previsionales privados impulsaron el crecimiento de mercados financieros más profundos.
Hacia el final de su presentación, el directivo también abordó los desafíos tecnológicos que enfrenta el sistema financiero global y puso el foco en la expansión de la inteligencia artificial.
Citó como referencia a Jamie Dimon, quien considera que la ciberseguridad se transformó en uno de los principales temas estratégicos para el sector bancario.
Según señaló, la inteligencia artificial ofrece oportunidades para transformar procesos y aumentar productividad, pero también amplía riesgos asociados a vulnerabilidades digitales y ataques informáticos.
En un contexto atravesado por cambios tecnológicos acelerados, incertidumbre global y desafíos financieros locales, el debate sobre el regreso argentino a los mercados internacionales volvió a ganar espacio entre empresarios, bancos y funcionarios, según surgió del encuentro organizado por Forbes.