La petrolera Tango Energy completó la adquisición total de la ex Aconcagua Energía, cerró la salida definitiva de sus socios fundadores y consolidó una nueva estructura de control que busca reposicionar a la empresa dentro del negocio energético argentino. La operación, oficializada este miércoles a través de una comunicación enviada a la Comisión Nacional de Valores (CNV), marca el final de una transición iniciada en 2025 y adquiere relevancia por el papel que la firma pretende asumir en el desarrollo de activos convencionales y no convencionales, con foco en Vaca Muerta.
Según informó la compañía, Diego Trabucco y Javier Basso transfirieron la totalidad de su participación accionaria remanente a Tango Energy. Ese paquete representaba el 7% del capital social y de los votos de la sociedad. La única excepción fue una participación mínima adquirida por Pablo Iuliano, actual CEO y presidente de la empresa.
La operación también implicó cambios dentro del directorio. La asamblea de accionistas aceptó las renuncias de directores vinculados a los socios salientes y avanzó con nuevas designaciones para completar la reorganización corporativa. El movimiento representa el último paso de un proceso de transformación que comenzó meses atrás y que incluyó una inyección de capital y una profunda reestructuración financiera.
El proceso se inició durante 2025 cuando Aconcagua anunció un acuerdo estratégico con Tango Energy, que contempló una capitalización por US$36 millones y el cambio de control de la empresa.
La sociedad quedó integrada por actores de peso del sector energético. Tango Energy está vinculada a AR Energy Resources, relacionada con Trafigura, y también a Vista Energy, la empresa creada por Miguel Galuccio. En ese esquema, Iuliano asumió un rol central tras su paso por YPF, donde fue CEO entre 2022 y 2023 y participó activamente en proyectos vinculados al desarrollo no convencional.
La operación estuvo condicionada a un requisito determinante: la compañía debía reestructurar al menos el 90% de su deuda financiera y comercial. La meta finalmente se alcanzó tras una renegociación de obligaciones negociables que obtuvo una adhesión cercana al 96%, un dato considerado clave para destrabar el ingreso del nuevo grupo controlador.

Además, la asamblea aprobó una ampliación de capital mediante la emisión de 26,6 millones de acciones ordinarias Clase A, suscriptas íntegramente por Tango Energy. Esa decisión implicó una inversión de $12.138 millones y elevó el capital social desde los $2 millones hasta los $28,5 millones.
El ingreso del nuevo grupo inversor ocurrió en un contexto complejo. Antes del cambio de control, la compañía había reconocido una deuda cercana a $447.604 millones, cifra equivalente al 99% de sus activos totales y casi 17 veces su patrimonio neto.
Frente a ese escenario, la petrolera inició un proceso integral de revisión financiera y contrató asesores externos para diseñar una estrategia de reestructuración. El objetivo consistió en recuperar estabilidad operativa y restablecer condiciones para volver a crecer.
En ese contexto, Iuliano defendió la viabilidad del proyecto y explicó los motivos detrás de su desembarco. “Creo que los fundamentos de la compañía son sólidos. Tiene buenos bloques convencionales y un gran potencial no convencional”, sostuvo el ejecutivo en declaraciones difundidas previamente por la empresa.
También señaló que una parte de la estrategia consistirá en recuperar niveles de actividad en áreas que habían reducido su ritmo operativo. Entre los objetivos aparecen la reactivación de pozos, la mejora de eficiencia y la incorporación de tecnologías de recuperación asistida para campos maduros.
Fundada en 2015, Aconcagua Energía llegó a operar 14 concesiones hidrocarburíferas distribuidas entre Río Negro, Neuquén y Mendoza, con un total de 638 pozos activos.
En la nueva etapa, el principal foco aparece en el desarrollo no convencional. La compañía ya sumó sus primeras tres concesiones en Vaca Muerta: Entre Lomas, Jarilla Quemada y Charco del Palenque, áreas que superan los 150.000 acres en conjunto y cuyos derechos de explotación se reparten entre Tango y Vista.
De acuerdo con los planes anunciados, la etapa piloto contempla la perforación de seis nuevos pozos, con una inversión inicial estimada en US$66 millones, cuyo comienzo operativo está previsto para el primer semestre de 2027. La meta es alcanzar una producción cercana a 60.000 barriles diarios en cinco años, en un escenario donde el sector energético busca ampliar su capacidad exportadora y fortalecer su peso estratégico en la economía argentina, según reconstruyó La Nación.