El presidente de Toyota Argentina, Gustavo Salinas, sostuvo que el mercado automotor argentino se encuentra por debajo de su verdadero potencial y consideró que la caída registrada en los patentamientos durante mayo resulta difícil de explicar desde una perspectiva económica. El ejecutivo aseguró que las condiciones macroeconómicas actuales justifican un nivel de ventas superior al observado y expresó su confianza en una recuperación gradual de la actividad durante los próximos meses.
Las declaraciones se producen en un contexto de transformación para la industria automotriz local, marcado por la llegada de nuevas marcas, especialmente de origen chino, una mayor competencia comercial y cambios en los hábitos de consumo. Al mismo tiempo, Toyota avanza con un importante proceso de inversión en su planta de Zárate, donde se fabricará la próxima generación de la Hilux.
Según explicó Salinas, la compañía mantiene expectativas positivas respecto de la evolución del mercado, aunque reconoció que los volúmenes proyectados a comienzos del año podrían no alcanzarse debido al menor dinamismo registrado durante los primeros meses.
“El mercado automotor debería estar mucho más alto de lo que está ocurriendo”, afirmó el directivo. Para respaldar esa visión, señaló que la economía argentina presenta indicadores que históricamente favorecen el crecimiento del consumo y la inversión.
Entre esos factores mencionó el superávit fiscal, el saldo positivo del comercio exterior, una situación de deuda que consideró manejable y el récord previsto para las exportaciones. También destacó la desaceleración de la inflación y la reducción de las tasas de interés, variables que podrían impulsar nuevamente el acceso al crédito para la compra de vehículos.

Para Salinas, la desaceleración observada en mayo no responde exclusivamente a razones económicas sino también a factores vinculados con el comportamiento de los consumidores. El ejecutivo consideró que existe una actitud de espera por parte de muchos compradores ante la creciente oferta disponible y los cambios en la estructura competitiva del sector.
“El resultado de mayo es racionalmente inexplicable, pero emocionalmente explicable”, sostuvo al analizar la evolución reciente de las ventas.
Según explicó, los consumidores cuentan hoy con más alternativas que en años anteriores, lo que genera procesos de comparación y postergación de decisiones de compra. En ese escenario, la aparición de nuevas marcas y modelos está modificando el funcionamiento tradicional del mercado.
A pesar de ello, Toyota mantiene una visión optimista. La empresa había proyectado inicialmente un mercado cercano a las 700.000 unidades para 2026, aunque ahora reconoce que el cierre del año podría ubicarse en niveles inferiores.
De acuerdo con las estimaciones actuales, el volumen anual podría situarse entre 610.000 y 650.000 vehículos. Sin embargo, Salinas remarcó que las condiciones estructurales continúan siendo favorables para una recuperación.
El ejecutivo comparó la situación con un sistema de navegación que recalcula tiempos sin modificar el destino final. Según su visión, el crecimiento económico previsto para los próximos años debería traducirse en una expansión de la demanda automotriz.
Otro de los ejes abordados por el presidente de Toyota Argentina fue la creciente presencia de fabricantes chinos en el mercado local. La apertura de importaciones y los incentivos para vehículos electrificados facilitaron el ingreso de nuevas marcas, generando una fuerte competencia en distintos segmentos.
Salinas consideró que el fenómeno no representa una sorpresa para Toyota, ya que la compañía convive desde hace años con fabricantes chinos en numerosos mercados internacionales.
Actualmente, explicó, los vehículos de origen chino representan cerca del 30% de las ventas globales y tienen una participación aún mayor en países de América Latina que mantienen acuerdos comerciales con Asia.
Como ejemplo mencionó los casos de Chile, Perú y Ecuador, donde las marcas chinas alcanzan participaciones de entre 30% y 40% del mercado. Sin embargo, destacó que Toyota continúa liderando las ventas en esos países y que la Hilux producida en Argentina se mantuvo como uno de los vehículos más vendidos.
Para el directivo, la industria atraviesa una etapa de convivencia entre fabricantes tradicionales y nuevos competidores. En ese contexto, señaló que la competitividad ya no depende únicamente de los costos de producción sino también de la calidad de los productos, la innovación tecnológica y la experiencia ofrecida a los clientes.
“La relación con la marca es cada vez más importante”, explicó. En esa línea, destacó iniciativas como la garantía de diez años, los programas de vehículos usados certificados y el fortalecimiento de los servicios de posventa.
Mientras analiza la evolución del mercado, Toyota continúa desarrollando inversiones en su complejo industrial de Zárate, donde producirá la nueva generación de la Hilux, que incorporará una versión electrificada.
No obstante, la empresa mantiene bajo reserva los detalles del proyecto. Salinas evitó precisar el monto de la inversión y señaló que las definiciones se comunicarán hacia finales de año.
También confirmó que la compañía evalúa la posibilidad de incorporar la iniciativa al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), aunque aclaró que todavía no existe una decisión tomada.
Según indicó, la principal ventaja de esa herramienta es la previsibilidad que ofrece para proyectos industriales de largo plazo. Por ese motivo, Toyota continúa analizando las condiciones regulatorias antes de adoptar una definición definitiva.
La expectativa es que durante diciembre la empresa anuncie no sólo los detalles de las inversiones previstas sino también parte de la estrategia de productos que lanzará durante 2027.
La transformación del mercado también alcanza a la red de concesionarios. Salinas recordó que durante los años de escasez de vehículos las operaciones comerciales funcionaban bajo condiciones excepcionales, mientras que actualmente el sector enfrenta un escenario mucho más competitivo.
En ese marco, sostuvo que los concesionarios deben evolucionar hacia modelos de negocios más diversificados, apoyados en la posventa, los vehículos usados certificados y servicios de movilidad.
Respecto de los descuentos que comenzaron a aparecer en el mercado, el directivo consideró que forman parte de una dinámica comercial normal, aunque advirtió que vender por debajo de los costos tampoco resulta sostenible para las empresas.
Según su análisis, la rentabilidad de los concesionarios se redujo frente a años anteriores, pero eso forma parte del proceso de normalización de un mercado que busca consolidar reglas más competitivas y transparentes para fabricantes, distribuidores y consumidores.
A la espera de una reactivación más marcada de la demanda y de definiciones sobre nuevas inversiones, Toyota apuesta a sostener su liderazgo productivo y exportador mientras observa cómo evoluciona una industria automotriz que atraviesa uno de los procesos de transformación más profundos de las últimas décadas, según surge de una entrevista concedida por Gustavo Salinas a El Economista.