La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) profundizó su estrategia de sustentabilidad con la promoción de la Certificación Triple Impacto, una herramienta diseñada para que las pequeñas y medianas empresas argentinas puedan incorporar criterios sociales, ambientales y de gobernanza a sus modelos de negocio. La iniciativa busca acompañar al sector productivo en un contexto donde los mercados y consumidores exigen cada vez más estándares vinculados al desarrollo sostenible, la trazabilidad y la transparencia.
La propuesta fue desarrollada especialmente para el entramado pyme nacional y apunta a facilitar el acceso de las empresas a procesos de gestión sustentable sin importar el tamaño, la actividad o la ubicación geográfica. Desde la entidad señalaron que el objetivo es brindar herramientas concretas para mejorar la competitividad y permitir que las compañías puedan integrarse a cadenas de valor cada vez más exigentes tanto a nivel local como internacional.
La certificación contempla la evaluación de distintos aspectos vinculados con la gestión ambiental, el impacto social, las condiciones laborales, la mejora continua y el cumplimiento de estándares alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) impulsados por las Naciones Unidas. Además, incorpora parámetros relacionados con la protección de los Derechos Humanos, la inocuidad y la trazabilidad de los procesos productivos.
Uno de los aspectos centrales de la iniciativa es que fue concebida específicamente para las necesidades de las pymes argentinas. A diferencia de otros esquemas internacionales que suelen estar orientados a grandes compañías, la herramienta desarrollada por CAME propone un sistema gradual con tres niveles de exigencia, permitiendo que cada empresa pueda avanzar de acuerdo con su grado de desarrollo y madurez organizacional.
La evaluación se realiza mediante auditorías de tercera parte, que determinan el nivel de avance de cada organización en materia de sustentabilidad. Según explicaron desde la entidad, la certificación no debe ser interpretada como un costo adicional, sino como una inversión estratégica frente a un escenario económico donde la validación del impacto ambiental y social se volvió determinante para acceder a financiamiento, exportaciones y nuevos mercados.
Hasta el momento, más de 15 empresas de distintos puntos del país ya obtuvieron la certificación. Entre los sectores alcanzados aparecen firmas vinculadas a la industria láctea, servicios, producción agrícola y textil, mientras que próximamente se sumarán actividades relacionadas con minería y metalmecánica.
Las compañías que integran la denominada “Comunidad Sustentable” acceden a distintos beneficios vinculados con capacitación, posicionamiento y financiamiento. Entre ellos, se destacan la posibilidad de obtener etiquetado sustentable para instrumentos financieros, mejorar la eficiencia interna a través del ordenamiento de procesos y fortalecer la imagen corporativa frente a clientes y proveedores.
Desde CAME remarcaron que la transformación de los modelos productivos ya no es una discusión exclusiva de grandes corporaciones, sino una necesidad creciente para las pequeñas y medianas empresas. En ese marco, la entidad busca posicionarse como un actor activo en la transición hacia una economía circular y sostenible, donde las decisiones de consumo y las reglas de comercio contemplan cada vez más variables ambientales y sociales.
La iniciativa también apunta a generar conciencia dentro del sector empresario sobre la importancia de producir con criterios éticos, transparentes y responsables. En ese sentido, desde la organización destacaron que las empresas que logren demostrar con datos verificables su compromiso con la sustentabilidad tendrán mayores posibilidades de consolidar ventajas competitivas en los próximos años.