La empresa estadounidense SAS, considerada durante años la mayor compañía privada de software de Estados Unidos, atraviesa una etapa decisiva en su historia. A los 50 años de su fundación y con su cofundador y CEO, Jim Goodnight, próximo a cumplir nueve décadas, la firma enfrenta un desafío que redefine a toda la industria tecnológica: adaptarse a la era de la inteligencia artificial sin abandonar el modelo conservador y rentable que la convirtió en una rareza dentro de Silicon Valley.
Con ingresos anuales superiores a los US$ 3.000 millones, presencia en gran parte de las empresas del ranking Fortune 100 y una trayectoria marcada por el crecimiento sostenido, SAS logró durante décadas algo inusual en el sector tecnológico: mantenerse privada, sin deuda y con rentabilidad constante. Pero el escenario actual plantea una presión inédita.

La expansión acelerada de empresas dedicadas a inteligencia artificial como OpenAI y Anthropic, junto con la ofensiva de gigantes tecnológicos que integraron IA a sus plataformas y servicios en la nube, alteró las reglas competitivas del mercado. Al mismo tiempo, SAS se prepara para una transición interna que podría modificar su estructura histórica y abrir la puerta a una futura salida a bolsa.
La compañía tiene sede en Cary, Carolina del Norte, y desde allí Goodnight continúa defendiendo la filosofía empresarial que sostuvo durante medio siglo. A sus 83 años, el empresario aún conserva una visión escéptica respecto del entusiasmo que rodea a la inteligencia artificial generativa.
"La gente suele menospreciarnos diciendo: 'Bueno, eso es software obsoleto'. Pero no lo es. Llevamos 50 años mejorándola", sostuvo Goodnight.
La historia de SAS nació lejos de las tradicionales incubadoras tecnológicas. La empresa surgió a fines de los años sesenta en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, cuando Goodnight trabajaba junto a otros investigadores en el desarrollo de un sistema estadístico capaz de procesar datos agrícolas.
El proyecto evolucionó rápidamente hasta transformarse en una empresa formal en 1976 bajo el nombre de Statistical Analysis System, de donde proviene la sigla SAS.

A diferencia de muchas startups tecnológicas, la compañía creció sin inversores externos ni rondas multimillonarias de financiamiento. Según el relato de sus fundadores, durante los primeros años incluso ellos mismos participaban en tareas logísticas para distribuir materiales y productos.
Ese enfoque marcó la identidad de la empresa. La prioridad nunca fue crecer a cualquier costo, sino mantener rentabilidad, flujo de caja positivo y control absoluto sobre las decisiones estratégicas.
El resultado fue un crecimiento sostenido que convirtió a SAS en una de las firmas más rentables del sector.
Actualmente, la empresa trabaja con cerca del 90% de las compañías financieras estadounidenses, además de mantener presencia en salud, ciencias de la vida y organismos gubernamentales.
La irrupción de la inteligencia artificial transformó el mercado en tiempo récord.
Mientras firmas emergentes captaron inversiones multimillonarias y expandieron sus ingresos a ritmos extraordinarios, SAS quedó obligada a redefinir parte de su estrategia para no perder terreno.
En 2023 la empresa anunció una inversión de US$ 1.000 millones durante tres años para desarrollar productos vinculados a inteligencia artificial. Sin embargo, incluso esa decisión mantuvo la impronta de Goodnight.
"Parecía que íbamos a gastar esa cantidad de todos modos, así que lo anunciamos", afirmó el empresario.
La visión del fundador mantiene diferencias importantes respecto de la narrativa dominante en el sector tecnológico.
Para Goodnight, muchos desarrollos actuales en IA generativa aún presentan dificultades para demostrar resultados concretos en términos económicos y empresariales.
"La IA simplemente elige la siguiente palabra de una oración basándose en probabilidades. ¿Cómo va a solucionar eso algo?", cuestionó.
Más allá de su postura, el contexto competitivo se volvió más complejo.
Empresas como Microsoft, Amazon, Oracle, Snowflake, Databricks, Alteryx y Palantir avanzaron con rapidez en productos asociados al análisis de datos y automatización basada en inteligencia artificial.
Particularmente en el sector público, SAS comenzó a enfrentar una competencia creciente por contratos que históricamente formaban parte de su cartera.

El otro gran desafío para la empresa pasa por el liderazgo.
Durante años, Goodnight dejó abierta la posibilidad de retirarse y avanzar hacia una salida a bolsa que facilite la transición empresarial.
"Cuando salgamos a bolsa necesitaremos un CEO diferente. No queremos a un viejo cascarrabias como yo intentando vender acciones", señaló.
En los últimos años cedió buena parte de la gestión cotidiana a una nueva generación de ejecutivos. Entre los principales nombres aparecen el director de tecnología, Bryan Harris, y el director de operaciones, Gavin Day.
Ambos aparecen como potenciales sucesores, aunque todavía no existe una definición formal.
La tarea que enfrentarán no parece sencilla.
SAS necesita convencer a clientes e inversores de que dejó de ser únicamente una empresa histórica de análisis estadístico para convertirse en un jugador relevante dentro del ecosistema de IA aplicada a negocios.
Según Harris, la principal dificultad proviene justamente del éxito histórico de la compañía.
"El hecho de ser el candidato en el cargo es nuestro mayor obstáculo", afirmó.
Entre las iniciativas más recientes aparece el desarrollo de gemelos digitales, réplicas virtuales de espacios físicos complejos que permiten simular procesos industriales, mejorar la seguridad y optimizar operaciones mediante inteligencia artificial.
La empresa también explora aplicaciones en computación cuántica, especialmente para transacciones complejas y detección avanzada de fraudes financieros.
Incluso comenzó a expandirse hacia nuevas industrias. En diciembre anunció una alianza con el club Liverpool para utilizar herramientas de análisis y mejorar la interacción con los aficionados.
Goodnight busca que la compañía alcance la denominada Regla del 40, una métrica habitual en empresas de software que combina crecimiento e indicadores de rentabilidad. SAS aún se encuentra lejos de ese objetivo.
La empresa también evalúa distintos caminos para el futuro, desde una eventual salida a bolsa hasta inversiones externas o asociaciones estratégicas.
En el pasado recibió ofertas de compra millonarias. Una de las últimas conocidas fue presentada por Broadcom en 2021, con cifras estimadas entre US$ 15.000 millones y US$ 20.000 millones. Finalmente, Goodnight decidió frenar las negociaciones.
Cinco décadas después de su creación, SAS enfrenta el momento más desafiante de su historia. La compañía que construyó su reputación apostando a la estabilidad ahora deberá demostrar que puede adaptarse a un mercado dominado por la velocidad y la innovación permanente. El interrogante central ya no pasa solamente por el futuro de la empresa, sino también por cómo será esa transformación sin el liderazgo de su fundador. El panorama y los detalles sobre este proceso fueron reconstruidos por Forbes.