La producción de arroz en Entre Ríos enfrenta uno de los escenarios más complejos de las últimas décadas. De acuerdo con proyecciones del Sistema de Información de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, la campaña 2026/27 podría cerrar con una superficie sembrada inferior a las 50.000 hectáreas, un nivel que marcaría el registro más bajo de los últimos 26 años en la principal provincia arrocera del país. El deterioro de la rentabilidad, impulsado por el aumento de los costos productivos, la escasez de financiamiento y los bajos precios del cereal, está condicionando las decisiones de siembra y genera preocupación en toda la cadena productiva,informo Agritotal.
El informe, elaborado a partir de consultas con productores, técnicos y referentes del sector, advierte que la actividad atraviesa un momento crítico que podría profundizar la tendencia de retracción observada durante las últimas campañas.
La situación resulta especialmente relevante debido al peso que tiene Entre Ríos dentro de la producción nacional de arroz. La provincia concentra una parte significativa del área cultivada del país y constituye uno de los principales motores económicos de numerosas localidades del litoral argentino.
Según las estimaciones preliminares, la continuidad de las actuales condiciones económicas podría provocar una reducción adicional de la superficie implantada durante el próximo ciclo agrícola, consolidando un proceso de contracción que ya se manifestó durante la campaña anterior.
Uno de los factores que más impacta sobre la actividad es el fuerte incremento de los costos asociados al riego, una práctica indispensable para la producción arrocera.
La estructura productiva del cultivo depende en gran medida de sistemas de irrigación que permiten garantizar el desarrollo adecuado de las plantas. En Entre Ríos, una proporción importante de los establecimientos utiliza pozos profundos equipados con motores impulsados por gasoil para abastecer de agua a los lotes.
Sin embargo, el aumento sostenido del precio de los combustibles modificó drásticamente la ecuación económica de esos sistemas.
La rentabilidad de los productores que dependen de motores a combustión se deterioró significativamente y, en muchos casos, los costos operativos superan los márgenes esperados para la próxima campaña.
Como consecuencia, numerosos establecimientos evalúan reducir superficie o directamente abandonar sectores de menor productividad donde los costos resultan más difíciles de absorber.
Los analistas consideran que este fenómeno explica gran parte de la caída proyectada para el próximo ciclo.
Frente a la suba de los costos energéticos vinculados al gasoil, los sistemas de riego alimentados por energía eléctrica comienzan a posicionarse como una alternativa más competitiva.
Durante la campaña 2025/26, el riego mediante pozos representó el 62% de toda la superficie sembrada de arroz en Entre Ríos, equivalente a aproximadamente 33.850 hectáreas.
De ese total, unas 20.850 hectáreas fueron irrigadas con equipos accionados por motores a gasoil, mientras que el resto utilizó sistemas eléctricos.
Las proyecciones indican que una porción importante de las áreas actualmente abastecidas con combustible podría quedar fuera de producción durante la próxima campaña debido al incremento de los costos operativos.
En consecuencia, la participación de los sistemas eléctricos dentro del esquema productivo podría aumentar, aunque sin compensar completamente la pérdida de superficie prevista para el cultivo.
La caída proyectada no se distribuirá de manera uniforme dentro de la provincia.
Los departamentos de San Salvador, Villaguay y Colón, considerados históricamente los principales núcleos arroceros de Entre Ríos, aparecen entre las regiones más afectadas por el actual contexto económico.
Las primeras estimaciones señalan que estas zonas podrían registrar reducciones de superficie de entre el 10% y el 30%, especialmente en lotes con menor potencial productivo o mayores costos de riego.
La situación genera preocupación entre productores y contratistas vinculados a la actividad, debido al impacto que una menor superficie cultivada puede tener sobre el empleo, la demanda de servicios y la actividad económica regional.
En muchas localidades, el arroz constituye una de las principales fuentes de movimiento económico durante buena parte del año.
A los elevados costos de producción se suma otro problema que condiciona las decisiones empresariales: la dificultad para acceder a financiamiento.
El informe destaca que numerosos productores enfrentan restricciones para obtener recursos destinados a la compra de insumos esenciales como combustible, fertilizantes y productos fitosanitarios.
La situación afecta principalmente a pequeños y medianos establecimientos, que poseen menor capacidad financiera para afrontar campañas con elevados requerimientos de inversión.
La falta de crédito limita la posibilidad de sostener niveles productivos similares a los de años anteriores y aumenta el riesgo de reducción de superficie.
En contraste, las empresas vinculadas a la industrialización del arroz muestran una posición relativamente más sólida.
Según el relevamiento, muchas de estas compañías buscarían mantener parte de sus áreas de producción para asegurar el abastecimiento de materia prima destinada a sus plantas procesadoras.
Este comportamiento podría amortiguar parcialmente la caída general de la actividad, aunque no alcanzaría para revertir la tendencia descendente proyectada para el conjunto del sector.
El contexto económico también está generando modificaciones en las estrategias productivas.
Los técnicos detectaron una creciente preferencia por la siembra de variedades de arroz largo ancho, cuya relación de precios resulta actualmente más favorable que la de los tradicionales arroces largos finos.
La elección responde a la necesidad de maximizar los márgenes económicos en un escenario caracterizado por altos costos y elevada incertidumbre.
La tendencia refleja cómo los productores buscan alternativas que permitan mejorar la rentabilidad sin incrementar significativamente los niveles de inversión.
Estos cambios varietales podrían ganar relevancia durante las próximas campañas si las condiciones de mercado continúan favoreciendo determinadas categorías comerciales.
La preocupación actual no surge de manera aislada.
Durante la campaña 2025/26, la superficie sembrada ya había registrado una disminución del 19% respecto del ciclo anterior, confirmando una tendencia de retracción que se viene observando en los últimos años.
La posibilidad de que el área cultivada caiga por debajo de las 50.000 hectáreas representa un nuevo escalón dentro de ese proceso y constituye una señal de alerta para toda la cadena productiva.
Los especialistas coinciden en que el comportamiento de tres variables será determinante para definir el futuro inmediato del sector: el precio internacional del arroz, el costo de los combustibles y la disponibilidad de financiamiento.
Una mejora significativa en cualquiera de estos factores podría modificar las expectativas y contribuir a sostener una mayor superficie de siembra.
Sin embargo, si las condiciones actuales se mantienen, Entre Ríos podría enfrentar una de las campañas arroceras más reducidas desde comienzos de la década del 2000.
La eventual caída por debajo de las 50.000 hectáreas no solo marcaría un récord negativo para la provincia, sino que también reflejaría las dificultades que atraviesa una de las principales economías regionales del litoral argentino, cuya evolución resulta clave para el empleo, la producción y el desarrollo económico de amplias zonas del país.