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El agrónomo que apostó por un cultivo desconocido y creó un negocio

Hace 37 años se especializó en jojoba y hoy trabaja en un mercado donde Argentina es uno de los principales productores

El agrónomo que apostó por un cultivo desconocido y creó un negocio
lunes 17 de agosto de 2026

La jojoba es un cultivo poco conocido en Argentina, pero el país ocupa un lugar destacado entre los principales productores mundiales, con unas 2.000 hectáreas plantadas y casi toda su producción destinada a la exportación. En La Rioja, el ingeniero agrónomo Guillermo Abud trabaja desde hace 37 años con esta especie, que se adapta a zonas semiáridas y de muy bajas precipitaciones. El aceite que se obtiene de sus semillas tiene como principal destino la industria cosmética, según informó Bichos de Campo.

La historia de Abud está ligada a la expansión y evolución de este cultivo en el departamento Arauco, cuya principal localidad es Aimogasta. Allí, la jojoba encontró condiciones favorables para desarrollarse: suelos arenosos y aluvionales, vegetación xerófila y precipitaciones inferiores a 100 milímetros anuales.

La planta, cuyo nombre científico es Simmondsia chinensis, es originaria del desierto de Sonora, entre el sur de Estados Unidos y el norte de México. De sus semillas se obtiene una cera líquida conocida comercialmente como aceite de jojoba.

El agrónomo que apostó por un cultivo desconocido y creó un negocio

Abud conoció el cultivo cuando todavía estudiaba Ingeniería Agronómica en la Universidad Nacional de Córdoba. En 1985 asistió a conferencias internacionales sobre cultivos para zonas áridas y semiáridas realizadas en La Rioja y, durante esa experiencia, visitó una finca de la familia Arizu en Bañado de los Pantanos.

“Cuando estudiaba para ser ingeniero agrónomo en la Universidad Nacional de Córdoba, escuché por primera vez sobre la existencia de la jojoba, en una charla que ofreció el ingeniero Ayerza en el predio ferial La Perla”, recordó.

Cuatro años después, ya recibido, consiguió trabajo en Jojoba Riojana SA, donde comenzó su carrera profesional vinculada con la producción de jojoba y uva de mesa. Luego pasó por una empresa olivícola de la familia Jalil y, desde 1994, trabaja en Olivos Argentinos SA, donde se dedica tanto a la jojoba como a los olivos.

El agrónomo que apostó por un cultivo desconocido y creó un negocio

También desarrolla tareas docentes en la Escuela Agrotécnica Secundaria de Machigasta, en el departamento Arauco.

El desarrollo de la jojoba en Argentina tuvo uno de sus primeros impulsores en el ingeniero agrónomo Ricardo Ayerza, quien realizó ensayos con diferentes especies adaptadas a zonas desérticas en Villa Dolores, Córdoba.

Durante la década de 1980, la producción se expandió en La Rioja a partir de los beneficios de la Ley de Promoción Industrial, que permitía diferir impuestos para financiar inversiones en las provincias alcanzadas por el régimen.

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Jorge Arizu fue uno de los empresarios que promovió la actividad en Aimogasta, seguido por Christian Wâtjen. Sus emprendimientos, Jojoba Riojana y AgroRiojana de Jojoba, ayudaron a atraer nuevos inversores.

El cultivo también llegó a Chilecito, La Rioja capital, Catamarca, Salta y Córdoba, aunque con el tiempo la producción quedó concentrada principalmente en Aimogasta.

Actualmente, Abud identifica 11 emprendimientos activos de jojoba en La Rioja, mientras que la superficie nacional ronda las 2.000 hectáreas.

La jojoba tiene una particularidad: es una especie dioica, es decir que las plantas masculinas y femeninas son diferentes. Las hembras producen las semillas y los machos aportan el polen necesario para la fecundación.

Los primeros frutos pueden aparecer alrededor del tercer o cuarto año después de la implantación, mientras que la plena producción llega aproximadamente al décimo año.

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La tecnología de producción también cambió. Las semillas fueron reemplazadas en muchos casos por plantines de selección clonal, que permiten mejorar la uniformidad y adelantar la entrada en producción.

Ese cambio tuvo impacto directo sobre los rindes. Según Abud, algunas fincas actualmente alcanzan unas 3 toneladas de semilla por hectárea, frente a un promedio que en los primeros años no superaba los 1.000 kilos.

La cosecha se realiza principalmente durante el otoño, entre marzo y abril. La planta requiere riego, fertilización, poda y control de malezas, aunque presenta una baja incidencia de plagas y enfermedades.

Uno de los desafíos actuales es avanzar en mejoramiento genético para acercarse a los niveles de productividad alcanzados por países como Perú e Israel.

La semilla de jojoba contiene entre 45% y 50% de cera líquida, que se extrae mediante prensado a temperatura ambiente. El producto puede comercializarse como aceite golden, con su color ámbar original, o someterse a procesos de refinado para obtener un aceite más claro y sin olor.

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Su principal destino es la industria cosmética, aunque también se investigaron aplicaciones en lubricantes, alimentos para mascotas y control de plagas.

El mercado internacional es fundamental para la producción argentina: el 99% del aceite de jojoba producido en el país se exporta.

Entre los principales compradores aparecen Estados Unidos, Alemania, Francia, Australia y Japón, mientras que el consumo interno comienza a crecer impulsado por emprendimientos nacionales que promocionan sus aplicaciones cosméticas.

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Argentina comparte actualmente el mercado con otros países productores, entre ellos Estados Unidos, México, Israel, Perú, Egipto, India y Australia.

Para Abud, la posibilidad de ampliar la superficie cultivada dependerá principalmente de la evolución del mercado y de las decisiones de los inversores.

“la promoción del cultivo para expandir la superficie dependerá exclusivamente de las tentaciones que ofrezca el mercado de la jojoba y de cada inversor privado al que le apetezca incursionar en ese mundo”, sostuvo.

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Después de casi cuatro décadas de trabajo, el agrónomo continúa vinculado con un cultivo que permanece fuera del radar de buena parte de los argentinos, pero que encontró en las condiciones áridas de La Rioja un territorio ideal para producir un insumo con demanda internacional, convertido en una oportunidad para la producción regional y las exportaciones argentinas.

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