En 1100 hectáreas ubicadas en Trancas, al norte de Tucumán, Domingo Colombres y sus hermanos desarrollaron un modelo productivo que combina tambo, ganadería, agricultura y horticultura, al que además incorporaron la comercialización directa de carne Holando. La estrategia busca diversificar ingresos, agregar valor y reducir la dependencia de una única actividad, según informó LA NACION en una nota del periodista Carlos Marin Moreno.
La empresa familiar distribuye sus tierras entre 400 hectáreas destinadas al tambo bajo riego y otras 700 hectáreas dedicadas principalmente a la cría vacuna. A ese esquema se agregan cultivos como caña de azúcar, soja y maíz, además de la producción intensiva de pimiento y otras hortalizas.

El proyecto comenzó después de la reorganización de una empresa familiar vinculada históricamente con la producción azucarera. Colombres decidió entonces instalar un tambo en Trancas, una actividad que en ese momento no tenía una presencia extendida en esa zona tucumana.
Actualmente, el establecimiento trabaja con 603 vacas en ordeñe bajo un sistema mixto. Después del primer ordeñe, los animales pastorean alfalfa o avena bajo riego y reciben silaje de maíz. Tras el segundo ordeñe ingresan a un esquema de corral con alimentación complementaria.

Con este sistema, la producción alcanza un promedio anual de 26 a 27 litros de leche por vaca por día, en una región donde el clima obliga a realizar ajustes específicos en el manejo.
Trancas recibe alrededor de 400 milímetros anuales de precipitaciones, pero gran parte de las lluvias se concentra durante pocos meses. Para reducir los inconvenientes relacionados con barro, problemas podales y dificultades durante los partos, la empresa modificó el calendario reproductivo para evitar pariciones en el período más complejo.
La producción lechera también dio origen a otros negocios. Cerca del 30% de la leche producida en el campo se utiliza para elaborar dulce de leche mediante una planta propia administrada por Patricio, hermano de Domingo, bajo la marca Latatá.

La diversificación avanzó además hacia un problema habitual de los tambos: el destino de los terneros machos Holando. En lugar de comercializarlos en las primeras etapas, los productores decidieron criarlos, recriarlos y engordarlos hasta alcanzar aproximadamente 400 kilos.
Esa decisión terminó convirtiéndose en una nueva unidad comercial. Colombres se asoció con otros productores integrantes de un grupo de Cambio Rural para abrir una carnicería en Tucumán especializada en comercializar carne proveniente de novillos Holando.
“Un día decidimos rebelarnos contra esa situación que considerábamos injusta; nos asesoramos, hicimos la prueba de recriar y engordar esos animales para faenarlos y venderlos en un negocio al público”, recordó el empresario.

El modelo permitió transformar un animal que recibía un menor precio dentro del circuito tradicional en un producto destinado directamente al consumidor. Actualmente, el grupo comercializa la carne de unos 700 novillos Holando por año.
Para evitar concentraciones de oferta, los productores coordinan los momentos de terminación de los animales. Cuando existen superposiciones que superan la capacidad comercial del negocio, parte de la producción se vende como media res.
La carne Holando, según la experiencia del grupo, encontró aceptación por tratarse de un producto magro y puede comercializarse a valores similares a los de novillos mestizos. El rendimiento en faena es algo menor, por lo que el manejo del peso final resulta determinante para la eficiencia del negocio.
La venta directa también aporta una ventaja financiera. Los ingresos de la carnicería se generan mediante pagos al contado o tarjetas, lo que suma liquidez frente a actividades productivas cuyos ciclos comerciales son diferentes.
La caña de azúcar representa otra pieza de la estrategia. La familia mantiene tierras en Río Chico, al sur de Tucumán, destinadas al cultivo. La posibilidad de utilizar caña para producir alcohol se convirtió en una alternativa adicional frente a los ciclos de precios del azúcar.
La empresa también ingresó en la horticultura con tres invernaderos de 3000 metros cuadrados cada uno, donde el pimiento ocupa un lugar central. El sistema permite producir durante períodos en los que existe menor oferta y buscar mejores precios en el mercado.
Además, desarrollan berenjenas y ajíes al aire libre. Aunque la horticultura todavía representa una proporción menor de los ingresos totales, cumple una función dentro de la estrategia: distribuir las entradas de dinero a lo largo del año.
“Hay que tener productos cuando nadie los puede ofertar, y para eso el invernadero tiene ventaja; aunque por ahora el aporte de ingresos en términos absolutos a la empresa es de un dígito, ayuda a sostener un equilibrio económico global y a diversificar los momentos de ingresos en el año”, explicó Colombres.

El concepto que atraviesa todo el establecimiento es no depender de un único negocio. Cuando la leche atraviesa períodos de menor rentabilidad, la carne, los cultivos o las hortalizas pueden aportar ingresos y amortiguar el impacto sobre el resultado global.
Así, las 1100 hectáreas administradas por la familia funcionan como una plataforma en la que diferentes actividades se complementan. Desde el tambo hasta la carnicería, el objetivo es aprovechar los recursos disponibles, agregar valor a la producción y distribuir los riesgos entre distintos mercados.