Huenu Mastronardi dejó progresivamente su vida urbana como psicóloga para instalarse en una chacra de Trevelin, Chubut, donde junto a su pareja desarrolló un proyecto productivo basado en apicultura, huerta, alimentos deshidratados, agroturismo y horticultura terapéutica. La transformación comenzó hace 11 años y hoy les permite vivir de una actividad que combina producción, naturaleza y servicios para visitantes, según informo Bichos de Campo.
El punto de partida fue su vínculo con Carlos, ingeniero agrónomo y apicultor con 35 años de experiencia. Hasta entonces, Huenu tenía una consultora y ejercía como psicóloga, sin antecedentes familiares vinculados al campo.
Con el tiempo comenzó a involucrarse en la actividad apícola y de ese proceso nació Valle Andino, la marca con la que empezaron a fraccionar y diferenciar la miel que Carlos comercializaba anteriormente a granel.
“Me empecé a involucrar y ahí nació Valle Andino como marca”, explicó Huenu.

Actualmente, la apicultura es la principal actividad del establecimiento. Carlos maneja alrededor de 700 colmenas distribuidas en 20 campos y sigue las distintas floraciones para obtener mieles con diferentes perfiles botánicos.
La producción anual ronda los 6.000 kilos de miel y la marca comercializa cuatro variedades: tres monoflorales y una multifloral.
La actividad con las abejas también impulsó a Huenu a profundizar su relación con la producción vegetal. Armó una huerta y un jardín, y se capacitó en cultivo biointensivo, agroecología y permacultura.
El objetivo inicial fue producir alimentos para autoconsumo y, al mismo tiempo, aumentar la diversidad de flores disponibles para las abejas.
“Yo no viví toda mi vida en el campo. Ahora, soy como se dice una “neorrural” o “neocampesina”, explica con picardía.
La pareja adquirió tierras en Trevelin, en una zona de chacras ubicada cerca del Parque Nacional Los Alerces, y desarrolló el establecimiento prácticamente desde cero.
“Compramos estas hectáreas peladas, no había nada, ni una planta”, recordó Huenu.

Sobre ese terreno incorporaron progresivamente diferentes actividades. A la miel se sumaron la huerta, el agroturismo, una pequeña granja y propuestas vinculadas con la naturaleza.
Desde 2022 trabajan además en un parque temático interactivo destinado a explicar el funcionamiento de las abejas y el proceso productivo. La propuesta utiliza cartelería, códigos QR, juegos y otros recursos para acercar la apicultura a los visitantes.
El establecimiento también cuenta con gallinas, ovejas, vacas y perros. De esta forma, la experiencia dejó de concentrarse únicamente en la producción de miel y comenzó a ofrecer una mirada más amplia sobre la vida rural.
Uno de los espacios centrales de la chacra es un gran mandala-jardín construido sobre el terreno, con caminos de césped y canteros donde crecen bulbos, frutales, flores, hierbas aromáticas y arbustos.
“La idea es que el mandala no sea solamente un jardín para observar, sino un espacio vivo y participativo”, señaló Huenu.
Allí también organiza meditaciones, plantaciones colectivas y actividades vinculadas con las distintas estaciones del año.

La huerta mantiene principalmente una función de autoconsumo, aunque los excedentes también permiten desarrollar otros productos. Huenu comenzó a elaborar deshidratados y mezclas de hierbas utilizando aromáticas, tomates, ajo, manzana silvestre, rosa mosqueta y otras materias primas.
“Lo que vendo es lo que deshidrato”, explicó.
Su formación profesional también encontró un nuevo espacio dentro del proyecto. Después de capacitarse en la Asociación Argentina de Terapia Hortícola, comenzó a desarrollar acompañamientos individuales y talleres que utilizan las plantas y el contacto con el ambiente natural como parte de las propuestas.
“Lo maravilloso que es para mí lo terapéutico que es cultivar”, resumió.
Las actividades no se limitan al trabajo en la huerta. También utilizan el invernáculo, los senderos y el mandala para realizar caminatas, ejercicios de respiración, meditaciones y experiencias de conexión con la naturaleza.
“Cuando la gente llega acá a la chacra ya baja un montón de revoluciones”, contó Huenu.
La oferta se complementa con observación de aves, astroturismo, ferias de productores locales y otras propuestas orientadas al bienestar y al turismo rural.

Para Huenu, el cambio significó también una transformación personal. La posibilidad de producir sus propios alimentos, vivir rodeada de naturaleza y organizar los tiempos de trabajo se convirtió en uno de los principales resultados de aquella decisión.
“Abriendo todos los días la ventana y tener la montaña acá, salir a la puerta y todos los días cosecharme la comida fresca que estoy comiendo, saber lo que como, para mí es ganancia, 2.000 por ciento”, afirmó.
La chacra logró convertirse en una fuente de ingresos que les permite sostener el proyecto y continuar invirtiendo en nuevas propuestas.
“Yo no vuelvo a trabajar encerrada en una oficina”, sostuvo.

Y frente a la posibilidad de volver a elegir aquel cambio de vida, su respuesta es clara: “Yo lo volvería a elegir mil veces. Es más, si hubiese tenido más claridad de más joven, me hubiese venido más joven todavía”.