Luego de varias jornadas marcadas por la volatilidad y las bajas generalizadas, los mercados internacionales de granos comenzaron a mostrar señales de estabilización. La menor influencia de los factores energéticos sobre las cotizaciones permitió que los operadores volvieran a concentrarse en los fundamentos propios de cada cultivo, entre ellos la evolución climática, las perspectivas productivas y el comportamiento de la demanda global. En este escenario, la soja logró recuperar terreno, el maíz continuó condicionado por el aumento de la oferta mundial y el trigo mostró perspectivas productivas alentadoras para Argentina, aunque con valores que todavía generan cautela entre los productores.
Según datos analizados por la Universidad Austral en su informe Agro Perspectivas, la presión que ejercieron durante las últimas semanas los movimientos del petróleo comenzó a perder intensidad, mientras que los mercados agrícolas encontraron un nuevo punto de equilibrio después del ajuste registrado a comienzos de junio,informo AgriTotal.
La evolución del conflicto en Medio Oriente continúa siendo un factor de atención para los inversores, especialmente por su impacto potencial sobre los mercados energéticos. Sin embargo, la incidencia directa sobre los granos se redujo a medida que las variables agrícolas retomaron protagonismo.
Al mismo tiempo, el último informe mensual del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) no introdujo modificaciones significativas para la producción estadounidense, aunque sí reflejó cambios relevantes en el escenario global, especialmente para el maíz.
Entre los principales cultivos, la soja fue la que mostró una reacción más favorable luego de las caídas observadas en las semanas anteriores.
El informe WASDE del USDA mantuvo prácticamente sin cambios las existencias finales estadounidenses para la campaña 2026/27, ubicándolas en 8,44 millones de toneladas. Además, el organismo ratificó sus proyecciones de rendimiento, apoyadas en condiciones climáticas que, hasta el momento, continúan siendo favorables para el desarrollo del cultivo.
Las lluvias registradas en gran parte del cinturón agrícola norteamericano contribuyeron a mejorar las perspectivas productivas y redujeron los temores asociados a posibles problemas climáticos durante las etapas iniciales del ciclo.
En Argentina, la campaña sojera se encuentra prácticamente finalizada. La cosecha alcanzó el 95,2% del área sembrada, con un avance semanal limitado debido a que gran parte de los lotes pendientes se concentran en regiones del sur donde las condiciones logísticas presentan mayores desafíos.
A pesar del retroceso que experimentaron los precios internacionales durante buena parte del segundo trimestre, la comercialización continuó mostrando dinamismo. Durante la última semana se negociaron aproximadamente un millón de toneladas con precio fijado, reflejando que muchos productores consideraron atractivos los valores disponibles en comparación con las expectativas existentes al momento de la siembra.
La recuperación reciente de las cotizaciones también contribuyó a mejorar el ánimo del mercado local, especialmente en un contexto donde la oferta argentina continúa siendo clave para abastecer la demanda de la industria aceitera y los mercados externos.
La situación del maíz presenta características diferentes. Si bien los precios lograron estabilizarse, los fundamentos internacionales continúan mostrando una tendencia más bajista.
El USDA elevó las existencias globales de maíz a 281,2 millones de toneladas, un volumen superior al previsto por los analistas. Gran parte de este incremento se explica por la mejora en las estimaciones de producción para Brasil, cuya cosecha fue proyectada en 138 millones de toneladas.
Paralelamente, la Compañía Nacional de Abastecimiento (CONAB) de Brasil elevó aún más esa cifra, ubicando la producción potencial en 140,46 millones de toneladas.
La abundancia de oferta proveniente del principal exportador sudamericano genera presión sobre los precios internacionales. Sin embargo, especialistas brasileños advierten que el crecimiento del consumo interno podría limitar parte de las exportaciones futuras, moderando el impacto bajista sobre el mercado global.
En Estados Unidos, el 67% de los cultivos de maíz se encuentra en condición buena o excelente. Aunque el porcentaje quedó por debajo de algunas estimaciones privadas, continúa reflejando un escenario productivo favorable.
Otro factor relevante fue el comportamiento de los fondos especulativos, que vendieron cerca de 12 millones de toneladas durante la última semana y acumularon ventas por casi 24 millones de toneladas en apenas dos semanas.
Para varios analistas, esta posición podría resultar excesiva considerando que todavía resta atravesar buena parte del período climático crítico para la producción norteamericana.
En Argentina, la cosecha avanzó hasta cubrir el 43,6% de la superficie prevista. Las lluvias registradas durante las últimas semanas y la elevada humedad presente en los lotes tardíos ralentizaron el ritmo de recolección.
Las previsiones meteorológicas anticipan nuevas precipitaciones, lo que podría seguir demorando la cosecha en distintas regiones productivas. No obstante, la actividad exportadora mantiene una importante demanda potencial, impulsada por embarques programados cercanos a 1,9 millones de toneladas.
El mercado de trigo continúa mostrando un equilibrio delicado entre fundamentos productivos positivos y precios que permanecen relativamente deprimidos.
En Estados Unidos, el USDA redujo nuevamente su estimación de cosecha, que se ubicaría en el nivel más bajo desde 1957. A esto se suma el deterioro de los cultivos de invierno, cuya condición buena o excelente descendió al 25%, el peor registro desde mediados de la década de 1980.
Sin embargo, gran parte de estos factores ya se encuentran incorporados en los valores actuales del mercado.
A nivel global, las existencias crecieron levemente hasta alcanzar 275,4 millones de toneladas gracias a mejores perspectivas productivas en Europa y la región del Mar Negro.
Rusia, uno de los mayores exportadores mundiales, recibió un ajuste positivo de dos millones de toneladas en sus estimaciones, alcanzando una producción proyectada de 88 millones de toneladas.
En contraste, Australia enfrenta ciertas incertidumbres asociadas a una menor superficie sembrada y a la posible influencia del fenómeno climático El Niño.
Para Argentina, las perspectivas resultan más alentadoras. La Bolsa de Comercio de Rosario elevó recientemente su proyección de producción hasta 20 millones de toneladas, por encima de las estimaciones previas.
Entre los factores que explican este optimismo se encuentra la reducción de los costos de fertilización, particularmente de la urea, cuyo valor internacional cayó significativamente respecto de los máximos registrados en años anteriores.
La siembra nacional ya supera el 44% del área proyectada y mantiene un ritmo sostenido pese a las interrupciones ocasionadas por las lluvias.
La evolución reciente de los granos muestra un cambio de enfoque entre los operadores internacionales. Luego de semanas dominadas por factores externos, como la energía y la geopolítica, las variables agrícolas volvieron a ocupar el centro de la escena.
En este contexto, la soja logró consolidar una recuperación parcial, el maíz enfrenta el desafío de una oferta mundial creciente y el trigo mantiene expectativas productivas favorables para Argentina, aunque todavía sin reflejar plenamente ese potencial en los precios.
El comportamiento climático en Estados Unidos durante las próximas semanas, la evolución de la cosecha sudamericana y las decisiones comerciales de los principales países exportadores seguirán siendo determinantes para definir el rumbo de los mercados en la segunda mitad del año.