Gabriel Vivanco, ingeniero agrónomo y enólogo mendocino de 40 años, desarrolló una innovadora línea de bebidas alcohólicas elaboradas con néctar de flores. Tras años de viajes por Asia, Oceanía y América Latina, creó Kelëvi, un proyecto que combina botánica, gastronomía y enología. Su propuesta logró un hito inédito: incorporar una nueva categoría al Código Alimentario Argentino para comercializar elixires florales.
Aunque se formó en el mundo vitivinícola, Gabriel Vivanco decidió recorrer un camino diferente. Mientras trabajaba en bodegas de Mendoza y La Rioja, comenzó a viajar por distintos países para perfeccionar idiomas y conocer nuevas culturas. Durante ese recorrido acumuló experiencias poco comunes. Integró una expedición paleontológica en el norte argentino, trabajó en Nueva Zelanda, recorrió el sudeste asiático y llegó a gestionar un exclusivo bar en Malasia.

La aventura lo acompañó desde el inicio de su carrera. En una expedición científica realizada en Jujuy, cerca del límite con Bolivia, formó parte del equipo que halló restos fósiles de un mamífero prehistórico, un descubrimiento que aportó nuevos datos para la investigación sobre los gliptodontes. Aquella experiencia alimentó una curiosidad que años más tarde lo llevaría a desafiar los límites de la industria de las bebidas.
Sin embargo, el momento decisivo ocurrió en Indonesia. Durante una caminata hacia un volcán activo en la isla de Java, observó una planta completamente florecida creciendo en un entorno extremo. Esa imagen quedó grabada en su memoria y terminó convirtiéndose en la inspiración de un proyecto único.

"Recaí en esa planta en el medio de un valle de volcanes, en cómo la naturaleza abre caminos", recuerda Vivanco.
A partir de esa experiencia, el enólogo comenzó a investigar el potencial del néctar de flores como materia prima para bebidas alcohólicas. Su concepto parte de una idea simple: antes de existir frutas, cereales o uvas, existieron las flores.
"Lo que propongo es que bebemos el origen del origen", explica.
Las bebidas desarrolladas por Kelëvi no contienen uvas ni derivan del vino. Su elaboración utiliza miles de flores para capturar aromas, sabores y características de distintos ecosistemas. Según Vivanco, el objetivo es que cada copa permita interpretar un paisaje a través de sus componentes botánicos y transmitir la identidad de un territorio.

El desarrollo requirió años de investigación. El emprendedor realizó decenas de ensayos con flores provenientes de distintas regiones de Argentina, Chile y Perú, utilizando diferentes levaduras y procesos de fermentación. El resultado fue una categoría completamente nueva que no encajaba en ninguna normativa alimentaria vigente.
Para validar científicamente el proyecto trabajó junto al INTA, la Universidad Nacional de Cuyo, la Universidad Nacional de Misiones y la Universidad Nacional de Chilecito. Tras dos años de investigaciones y gestiones, la Comisión Nacional de Alimentos aprobó en 2016 la incorporación de los elixires florales al Código Alimentario Argentino, permitiendo su comercialización formal.
"Fue como tocar la gloria desde lo técnico", afirma.

Actualmente, Kelëvi House of Flowers cuenta con cuatro líneas principales. La más reconocida es Blumbeÿ, un elixir floral con 11% de graduación alcohólica. Según su creador, cada botella concentra el equivalente a más de 600.000 flores andinas, una cifra que busca reflejar la complejidad natural detrás de cada elaboración.
La marca también desarrolló Blüm, una bebida de burbujas florales con 6% de alcohol; Zängano, una propuesta licorosa de 20 grados presentada en recipientes artesanales de cerámica; y Fräctal, considerada por la firma como el primer destilado floral del mundo.
Las creaciones de Vivanco comenzaron a ganar espacio en restaurantes de alta gama y propuestas gastronómicas de prestigio. Su experiencia previa gestionando un exclusivo bar en Malasia también influyó en la construcción del proyecto, al permitirle observar tendencias globales de consumo y nuevas formas de vincularse con las bebidas.

Después de más de una década desarrollando elixires florales, Vivanco ya no se presenta únicamente como ingeniero agrónomo o enólogo.
"Hoy me presento como diseñador de bebidas, soy un diseñador de experiencias", sostiene.
Su propuesta combina ciencia, naturaleza, botánica, gastronomía e innovación para ofrecer una alternativa diferente dentro del universo de las bebidas alcohólicas. Con una mirada que desafía las categorías tradicionales, busca que cada copa permita experimentar algo más que un sabor: una conexión directa con el paisaje y con el origen mismo de la naturaleza.
