La campaña de trigo comenzó con un escenario marcado por los excesos de humedad registrados durante las últimas semanas, una situación que obligó a productores y asesores técnicos a replantear estrategias de implantación en distintas regiones agrícolas de Argentina. Aunque las lluvias demoraron las labores en sectores del sur de Santa Fe y del sudoeste de Buenos Aires, las perspectivas productivas continúan siendo favorables gracias a la buena disponibilidad de agua en los perfiles. En este contexto, especialistas vinculados a AAPRESID sostienen que la clave estará en tomar decisiones ajustadas a cada lote para evitar pérdidas de rendimiento.
Las abundantes precipitaciones modificaron el ritmo habitual de la campaña y obligaron a revisar aspectos centrales del manejo agronómico, desde la elección de variedades hasta la estrategia de fertilización y el momento adecuado para ingresar con las sembradoras.
Sin embargo, lejos de representar únicamente un inconveniente, la elevada reserva hídrica también ofrece una oportunidad para alcanzar altos niveles de productividad, siempre que el manejo acompañe las condiciones del cultivo.
Desde la Regional Guaminí-Carhué de AAPRESID, el gerente técnico de Agropecuaria JB, Ernesto Jauregui, considera que el panorama productivo es alentador. Según explicó en un informe difundido por la entidad, los perfiles presentan una importante carga de agua y las proyecciones climáticas permiten imaginar una campaña con buenas condiciones para el desarrollo del cereal.
En una línea similar se expresó Franco Petrelli, gerente técnico de Agroconsultor e integrante de la Regional Venado Tuerto de AAPRESID, quien destacó que el agua disponible constituye un piso productivo importante, aunque reconoció que las precipitaciones también provocaron retrasos en el avance de la siembra.
Los especialistas coinciden en que la calidad de implantación no depende únicamente del momento de la siembra, sino que comienza con la planificación de cada planteo productivo.
Uno de los primeros pasos consiste en seleccionar correctamente los cultivares según el ambiente y los objetivos comerciales.
En el sudoeste bonaerense predominan los materiales de ciclo largo implantados en fechas tempranas, priorizando el potencial de rendimiento y el comportamiento sanitario por encima de la calidad panadera. De acuerdo con Jauregui, la baja prima que actualmente recibe el trigo de mayor calidad comercial modificó los criterios de elección en numerosos establecimientos.
La realidad es diferente en el sur santafesino.
Para Petrelli, la calidad comercial continúa ofreciendo oportunidades de diferenciación. El especialista recordó que durante la campaña pasada algunos productores lograron combinar elevados rendimientos con buenos niveles de proteína y gluten, lo que permitió acceder a mejores condiciones comerciales.
En esa región predominan los cultivares de ciclo intermedio largo, considerados los más eficientes cuando se implantan dentro de su período óptimo.
No obstante, las demoras ocasionadas por las lluvias obligarán en muchos casos a recalcular densidades de siembra y ajustar la cantidad de semillas por hectárea según la capacidad de macollaje de cada variedad.
La nutrición aparece como otro de los factores decisivos para sostener el potencial del cultivo.
En el sur de Santa Fe, el elevado valor de la urea llevó a numerosos productores a modificar la estrategia tradicional de fertilización.
En lugar de concentrar grandes dosis durante la presiembra, muchos optaron por reducir la aplicación inicial y reservar parte del nitrógeno para el macollaje, esperando una eventual baja en los precios del fertilizante.
Esta decisión no implica disminuir la inversión total, sino redistribuirla de acuerdo con el comportamiento de cada lote y los resultados de los análisis de suelo.
Los estudios de nitrógeno y nitratos realizados hasta los 60 centímetros de profundidad mostraron niveles adecuados en numerosos establecimientos, lo que brinda cierto margen para escalonar las aplicaciones sin comprometer el desarrollo inicial del cultivo.
Con el objetivo de reducir incertidumbres, varios productores incorporan además franjas testigo y sectores con saturación de nitrógeno, herramientas que permiten medir la respuesta real del trigo y ajustar futuras aplicaciones.
En el sudoeste bonaerense también avanzan nuevas tecnologías destinadas a mejorar la eficiencia del uso de fertilizantes.
Según explicó Jauregui, el empleo de mapas de ambientes y mapas de tosca permite identificar limitantes físicas del suelo y adaptar las dosis de nitrógeno y fósforo al potencial de cada sector del lote.
A esta estrategia se suma la incorporación periódica de azufre mediante aplicaciones de carbonato de calcio enriquecido, una práctica que mostró respuestas favorables especialmente cuando se realiza antes de la siembra de trigo.
Uno de los errores más frecuentes detectados por los especialistas no está relacionado con la cantidad de fertilizante utilizada, sino con el momento elegido para aplicarlo.
De acuerdo con Jauregui, muchas veces se prioriza la dosis sin considerar el tiempo que necesita el nutriente para incorporarse al sistema y transformarse en una forma disponible para la planta.
En declaraciones reproducidas por AAPRESID, el técnico explicó: "Entre que el nutriente llega al sistema y atraviesa el ciclo del N para hacerse disponible para la planta pueden pasar 20 días. Por eso, retrasar aplicaciones puede comprometer el potencial del cultivo".
El especialista también sostuvo que, en las condiciones del sudoeste bonaerense, la aplicación en presiembra suele ofrecer mejores resultados porque el principal riesgo no es el lavado del nutriente, sino la ausencia de lluvias posteriores que faciliten su incorporación al suelo.
El lote donde se implanta el trigo tiene una influencia directa sobre la emergencia y el desarrollo inicial del cultivo.
En el sudoeste bonaerense, el girasol aparece como uno de los mejores antecesores debido a que favorece la acumulación de agua, facilita el control de malezas y reduce algunos problemas asociados al rastrojo del maíz.
Según explicó Jauregui, la gran cantidad de residuos que deja este último cultivo puede inmovilizar nutrientes y generar deficiencias nutricionales durante las primeras etapas del trigo.
En cambio, en el sur de Santa Fe, la soja continúa siendo el antecesor más utilizado.
De acuerdo con Petrelli, esta alternativa ofrece mejores resultados productivos, simplifica el manejo y demanda una menor asignación de recursos.
Cuando la siembra debe realizarse sobre maíz, los técnicos recomiendan revisar cuidadosamente la estrategia de fertilización y adaptar los coeficientes de siembra para compensar posibles pérdidas de emergencia.
Las condiciones actuales también incrementan el riesgo de problemas operativos durante la implantación.
Uno de los más frecuentes es el denominado "efecto sándwich", que ocurre cuando la cuchilla de la sembradora no logra cortar adecuadamente el rastrojo y termina enterrándolo junto con la semilla, dificultando la emergencia.
Para minimizar este inconveniente, varios establecimientos decidieron concentrar la siembra en jornadas con menor humedad ambiente y esperar que la acción del viento y la radiación solar mejoren las condiciones superficiales del lote.
Petrelli también advirtió que el apuro por recuperar el tiempo perdido puede derivar en errores de implantación.
En declaraciones reproducidas por AAPRESID, señaló: "Siempre priorizo que la semilla quede bien en contacto con la tierra y bien tapada".
Los especialistas coinciden en que una de las principales claves de la campaña será evitar decisiones estandarizadas.
Cada lote presenta condiciones particulares y requiere ajustes específicos según el ambiente, la fecha efectiva de siembra, el cultivo antecesor, la disponibilidad de nutrientes y la evolución climática.
Además de las cuestiones vinculadas a la implantación y la nutrición, Jauregui alertó sobre otro aspecto que suele afectar los resultados productivos: el ingreso tardío para controlar enfermedades.
Según indicó, muchos productores retrasan el monitoreo de royas y manchas foliares, permitiendo que las enfermedades superen los umbrales de incidencia y severidad recomendados antes de iniciar los tratamientos.
Con perfiles cargados de agua y perspectivas climáticas favorables, la campaña triguera ofrece condiciones para aspirar a buenos rendimientos. Sin embargo, el éxito dependerá de la capacidad para adaptar las decisiones agronómicas a un contexto donde el exceso de humedad exige mayor precisión en cada etapa del manejo. El desafío no pasa únicamente por sembrar dentro de la ventana ideal, sino por sostener la calidad de implantación, ajustar la nutrición y anticipar los problemas que pueden comprometer el potencial del cultivo.