La disponibilidad de infraestructura eléctrica se convirtió en uno de los factores decisivos para el desarrollo de la minería en América Latina y hoy marca una diferencia creciente entre Chile y Argentina. Mientras el país trasandino impulsa una línea de transmisión de alta tensión de 1.346 kilómetros para abastecer con energía renovable a sus principales polos mineros, la Argentina continúa dependiendo en gran medida de generación con diésel y de soluciones puntuales financiadas por las propias empresas. La comparación cobra relevancia en un contexto de fuerte expansión de proyectos de cobre y litio, que demandan un suministro eléctrico estable y de gran escala.
Según informó Clarin, Chile optó por una estrategia de planificación nacional para resolver uno de los principales obstáculos de la actividad minera: la distancia entre los yacimientos y la red eléctrica. A través de una política pública que combina planificación estatal y ejecución privada, el país busca ampliar la capacidad de transporte energético para acompañar el crecimiento de la industria durante los próximos años.
La obra más representativa de esa estrategia es la línea Kimal-Lo Aguirre, el primer proyecto chileno de transmisión en corriente continua de alta tensión. Tendrá una extensión de 1.346 kilómetros, una capacidad de transporte de hasta 3.000 megavatios y unirá la subestación Kimal, en la comuna de María Elena, Región de Antofagasta, con la subestación Lo Aguirre, en la comuna de Pudahuel, en la Región Metropolitana.
El proyecto contempla una inversión cercana a US$ 1.480 millones, atravesará cinco regiones y 28 comunas mediante la construcción de 2.692 torres de alta tensión. Su entrada en operación está prevista para 2029, luego del inicio de las obras registrado este año a cargo del consorcio Conexión Energía, integrado por Transelec, ISA Interchile y una filial de China Southern Power Grid.

El objetivo central consiste en transportar hacia el centro del país la electricidad generada por parques renovables instalados en el norte chileno, principalmente de origen solar. En la actualidad, parte de esa producción energética no puede ser aprovechada plenamente debido a las limitaciones de la red de transmisión, por lo que la nueva infraestructura permitirá abastecer con mayor eficiencia tanto a la actividad minera como a otros sectores industriales.
El modelo chileno contrasta con la realidad argentina, donde no existe un proyecto de transmisión de características equivalentes destinado específicamente a las principales regiones mineras. La expansión de la red suele avanzar en función de las necesidades de cada emprendimiento y, en muchos casos, mediante inversiones impulsadas directamente por las compañías interesadas.
Uno de los ejemplos más recientes es el proyecto Vicuña, en la provincia de San Juan. Allí, el joint venture conformado por BHP y Lundin Mining, que cuenta con la aprobación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) por US$ 9.712 millones, propuso financiar la ampliación de una línea eléctrica desde 132 kV hasta 500 kV entre las estaciones transformadoras de Nueva San Juan y Rodeo.
La iniciativa incluye un pedido para obtener prioridad de utilización sobre la nueva infraestructura una vez concluida la obra. Esa propuesta generó objeciones de otros proyectos mineros que también requerirán acceso a la red en el futuro, situación que derivó en una audiencia pública realizada en junio. La decisión definitiva quedó en manos del ENReGE, organismo encargado de evaluar el expediente.
Mientras tanto, buena parte de las operaciones mineras ubicadas en zonas cordilleranas argentinas continúa abasteciéndose mediante generadores diésel, una alternativa considerablemente más costosa que el suministro proveniente del sistema interconectado. Si bien varias empresas comenzaron a incorporar generación solar y sistemas de almacenamiento con baterías, esas soluciones funcionan principalmente como respaldo o complemento y no reemplazan el abastecimiento convencional.
El peso del costo energético adquiere una importancia creciente en un escenario donde el cobre y el litio concentran buena parte de las inversiones previstas para los próximos años. Ambos minerales requieren procesos industriales intensivos en consumo eléctrico, por lo que la disponibilidad de energía competitiva se transformó en un componente clave para mejorar la rentabilidad y acelerar el desarrollo de nuevos proyectos.
La diferencia entre ambos países forma parte de un fenómeno que atraviesa a toda la región. De acuerdo con el informe "La nueva ecuación de la minería en América Latina" (2026), elaborado por la empresa especializada en soluciones energéticas Aggreko, la principal limitación para el crecimiento del sector no reside únicamente en la calidad de los recursos minerales, sino también en la capacidad para garantizar energía confiable en yacimientos alejados de los grandes centros urbanos.
El estudio, elaborado sobre la base de 21 entrevistas realizadas a especialistas del sector en seis países latinoamericanos, concluye que la distancia entre las minas y las redes eléctricas constituye el principal cuello de botella estructural para la industria. Las diferencias aparecen en la forma en que cada país busca resolver ese desafío.
En México, el informe identifica una fuerte dependencia de los hidrocarburos y del gas natural importado desde Texas, aunque destaca el impulso de nuevos proyectos de generación fotovoltaica para diversificar la matriz energética.
En Ecuador, la matriz eléctrica se apoya principalmente en la generación hidroeléctrica, una ventaja en términos de emisiones de carbono, aunque con elevada exposición a los efectos de las variaciones climáticas que pueden afectar la disponibilidad de agua.
El panorama de Brasil presenta otra complejidad. Las grandes distancias y las dificultades logísticas en la Amazonía encarecen el abastecimiento energético de numerosos emprendimientos. En ese contexto, el programa Energías de la Amazonía apunta a reemplazar progresivamente el uso de diésel por fuentes renovables, mientras que en el estado de Minas Gerais las limitaciones están más vinculadas a la elevada concentración poblacional que a la distancia respecto de la red.
En Perú, el desarrollo de nuevas líneas de transmisión se combina con desafíos sociales y ambientales. El país avanza con el Plan de Transmisión 2023-2032, incorpora certificaciones de energía renovable en grandes operaciones como Las Bambas y enfrenta además conflictos asociados a comunidades locales, áreas protegidas y la presencia de minería informal.
En este contexto, la competencia minera en América Latina dejó de depender exclusivamente del potencial geológico de cada país. La disponibilidad de infraestructura energética, la planificación de largo plazo y la capacidad para conectar nuevos proyectos con redes eléctricas eficientes aparecen como factores cada vez más determinantes para captar inversiones y sostener el crecimiento de una Argentina, infraestructura eléctrica, transmisión eléctrica, cobre, litio, energía renovable, Kimal-Lo Aguirre, Vicuña, San Juan, BHP, Lundin Mining, RIGI, Aggre actividad estratégica para la región.