El sistema financiero estadounidense acelera la adopción de activos tokenizados sobre blockchain, una tecnología que puede modificar la forma en que se registran, transfieren y liquidan inversiones. Bancos como Wells Fargo, JPMorgan y Citigroup, junto con gestoras y bolsas, ya desarrollan productos y plataformas vinculadas a esta infraestructura. En ese contexto, Larry Fink, CEO de BlackRock, anticipó una nueva generación de los mercados financieros y comparó el potencial de la tokenización con el impacto que tuvo internet en la década de 1990, según informó Forbes.
La tokenización consiste en representar un activo o un derecho sobre ese activo mediante un token digital registrado en una blockchain. El instrumento puede representar acciones, bonos, fondos del mercado monetario, depósitos bancarios u otros activos financieros.

El cambio no necesariamente está en el activo en sí, sino en la infraestructura utilizada para registrar su propiedad y transferirla. En los mercados tradicionales intervienen corredores, custodios, cámaras de compensación y bancos, que mantienen registros que luego deben ser conciliados.
Con blockchain, en cambio, diferentes participantes pueden acceder a un registro digital compartido y sincronizado. Esto abre la posibilidad de reducir pasos, acelerar operaciones y automatizar determinadas funciones mediante contratos inteligentes.
La tendencia dejó de estar limitada a proyectos experimentales. Wells Fargo, uno de los principales bancos estadounidenses, anunció que ofrecerá depósitos tokenizados a clientes corporativos y comerciales. JPMorgan ya opera su red Kinexys, que procesa más de US$ 7.000 millones diarios y acumuló más de US$ 4 billones desde su lanzamiento.

JPMorgan, Citigroup, Wells Fargo, Bank of America y otras entidades también participan de una iniciativa de The Clearing House para desarrollar un sistema que permita transferir depósitos tokenizados entre bancos.
La infraestructura de los mercados de capitales también avanza. La Depository Trust & Clearing Corporation (DTCC), responsable de procesar y liquidar alrededor de US$ 15 billones diarios en operaciones con acciones estadounidenses, realizó en julio sus primeras transacciones reales con acciones tokenizadas y prevé lanzar el servicio en octubre.
BlackRock, por su parte, presentó productos tokenizados vinculados al mercado monetario. La mayor gestora de activos del mundo busca así posicionarse en una transformación que podría extenderse desde los bonos y fondos hasta las acciones y otros instrumentos.

Las estimaciones sobre el tamaño potencial del mercado muestran la magnitud de la expectativa. Citi calcula que los valores tokenizados podrían alcanzar US$ 5,5 billones para 2030, mientras que Boston Consulting Group y ADDX proyectan hasta US$ 16,1 billones para activos ilíquidos tokenizados.
Sin embargo, el mercado actual todavía está muy lejos de esas cifras. RWA.xyz registraba al 6 de agosto unos US$ 37.700 millones en activos tokenizados distribuidos, sin contar las stablecoins. Más del 40% corresponde a productos vinculados a bonos del Tesoro estadounidense.
Entre los principales instrumentos aparecen USYC de Circle, BUIDL de BlackRock y Securitize, USDY de Ondo Finance e iBENJI de Franklin Templeton. Estos productos permiten transformar activos financieros tradicionales en instrumentos que pueden circular dentro de redes blockchain.

El avance de las stablecoins también fue determinante. Estos activos digitales, diseñados para mantener una paridad cercana a un dólar, ya representan un mercado de aproximadamente US$ 300.000 millones. Su crecimiento creó una base de usuarios y una infraestructura que facilita la expansión de otros activos financieros tokenizados.
Para Larry Fink, el proceso podría tener consecuencias mucho más profundas. "Cada acción, cada bono, cada fondo, cada activo puede tokenizarse", escribió el CEO de BlackRock, según informó Forbes.
Pero tokenizar un activo no significa necesariamente que el inversor tenga los mismos derechos que tendría al comprarlo de manera convencional. Una acción tokenizada puede ser una acción registrada directamente en blockchain, un token respaldado por acciones mantenidas bajo custodia o incluso un instrumento que solamente replica su precio.
La diferencia es relevante porque el token puede no otorgar derechos de voto, dividendos o propiedad directa sobre el activo subyacente. Todo depende de la estructura legal y de las condiciones establecidas por el emisor.
Los depósitos tokenizados plantean una lógica similar. Un token emitido por un banco puede representar un depósito convencional de un dólar, mientras que una stablecoin es emitida por una compañía que mantiene reservas para respaldar su valor. Ambos instrumentos permiten mover dólares mediante blockchain, pero tienen estructuras legales y riesgos diferentes.

La tokenización también enfrenta límites. La liquidación instantánea puede requerir más liquidez y un registro compartido no garantiza que exista un mercado profundo para cada activo. Además, todavía hay fragmentación entre distintas redes, emisores y sistemas financieros.
Aun así, la adopción institucional marca un cambio relevante. Una encuesta de Broadridge entre 200 ejecutivos financieros de Estados Unidos mostró que el 84% considera estratégicamente importante la tokenización, aunque solo el 26% afirmó que su empresa ya la utiliza.

El desafío para Wall Street será determinar si esta tecnología logra algo más que trasladar activos existentes a una blockchain. Su verdadero impacto dependerá de si consigue reducir costos, mejorar la liquidación, ampliar el acceso y hacer más eficiente la infraestructura financiera. Para Fink y los principales actores del sector, el proceso ya comenzó.