Una raza ganadera que sobrevivió siglos busca volver al campo argentino con una ventaja clave

El Bovino Criollo Patagónico fue recuperado de Santa Cruz y ahora la Universidad de Lomas de Zamora busca incorporarlo a sistemas productivos mediante cruzamientos con Angus

Una raza ganadera que sobrevivió siglos busca volver al campo argentino con una ventaja clave
miércoles 12 de agosto de 2026

El Bovino Criollo Patagónico, descendiente de los animales introducidos por los españoles hace unos cinco siglos, vuelve a ganar espacio en la ganadería argentina a partir de un programa de conservación y mejoramiento impulsado por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ). El proyecto, que comenzó hace tres décadas con ejemplares rescatados del área de influencia del Parque Nacional Los Glaciares, en Santa Cruz, busca ahora llevar esa genética al sistema productivo mediante cruzamientos con Angus, aprovechando su adaptación, longevidad y resistencia.

La iniciativa es coordinada actualmente por Enrique Genero, docente de la Cátedra de Mejora y Conservación de Recursos Genéticos de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNLZ, quien tomó la conducción del programa luego de la salida de su fundador, Rubén Martínez. Según explicó a Bichos de Campo, el objetivo dejó de ser únicamente preservar una población que estuvo cerca de desaparecer: el desafío actual es demostrar que sus características pueden aportar valor a la producción ganadera.

Una raza ganadera que sobrevivió siglos busca volver al campo argentino con una ventaja clave

“Estamos rescatando el patrimonio ganadero argentino. Estos animales originalmente eran la única ganadería que existía en Argentina. Son los descendientes de los que vinieron con los españoles y se adaptaron durante 500 años”, señaló Genero a Bichos de Campo.

El recorrido de estos animales está ligado a la propia historia de la expansión ganadera en el territorio argentino. Tras la llegada de los primeros bovinos durante la colonización española, distintas poblaciones se dispersaron y algunas quedaron aisladas durante generaciones. En el caso de los ejemplares patagónicos, esa separación permitió que el ambiente ejerciera una fuerte presión de selección natural.

La población que posteriormente fue identificada y recuperada por los investigadores permaneció durante décadas en una región caracterizada por frío, humedad y restricciones para acceder al alimento. Esa adaptación constituye hoy uno de los principales atributos que los especialistas pretenden conservar y aprovechar.

De animales asilvestrados a recurso genético

El programa de la Universidad de Lomas de Zamora comenzó a fines del siglo XX, cuando investigadores y docentes de la Facultad de Ciencias Agrarias pusieron el foco en una población de bovinos que había quedado aislada en el sur argentino.

El avance de la protección ambiental en esa región generó la necesidad de retirar los animales, ya que su presencia podía afectar el equilibrio de la flora y la fauna autóctonas. Al mismo tiempo, la situación representaba una oportunidad para recuperar una población bovina con características genéticas particulares.

“Se llevaban parte de la hacienda, que quedó en la zona de la cordillera y se siguió criando hasta la actualidad. Cuando eso se convirtió en un parque nacional, se inició el rescate de este recurso genético”, explicó Genero a Bichos de Campo.

Los ejemplares recuperados fueron incorporados al programa de conservación y comenzaron a reproducirse bajo condiciones controladas. El propósito inicial fue mantener la mayor cantidad posible de variabilidad genética, una condición fundamental para evitar que la población perdiera características que podían resultar relevantes para futuros programas de mejoramiento.

La selección natural había cumplido durante siglos un papel que, en los sistemas ganaderos modernos, suele estar acompañado por decisiones humanas. Los animales que sobrevivieron en ese ambiente fueron aquellos capaces de adaptarse a condiciones que no necesariamente favorecen a las razas seleccionadas para sistemas productivos intensivos.

“Durante años se sometieron a la selección natural, adaptándose al clima frío y húmedo. Ahí hay que ramonear y escarbar para conseguir alimento entre la nieve. Por eso consideramos que esa población es única y se generó este plan de conservación que ya tiene 30 años”, sostuvo el especialista.

Esa historia explica por qué el proyecto no se limita a conservar animales por su valor histórico. Para los investigadores, las características acumuladas por la raza pueden convertirse en una herramienta para enfrentar sistemas productivos donde la adaptación al ambiente y la eficiencia tienen cada vez mayor importancia.

Longevidad y menor demanda de mantenimiento

Uno de los atributos que más destacan los especialistas es la longevidad reproductiva. Genero puso como ejemplo a una vaca denominada Oma, que se encuentra en General Belgrano, provincia de Buenos Aires.

El animal tiene 18 años y continúa produciendo terneros, una característica que, según el investigador, permite dimensionar el potencial de la raza en términos de vida útil.

“Una de las principales virtudes que tienen los bovinos criollos es que pueden vivir entre 18 y 22 años. Tienen un largo de vida importantísimo y todo se puede ver en la dentición”, explicó Genero a Bichos de Campo.

A esa permanencia prolongada en el rodeo se suma otra característica: el menor tamaño corporal respecto de algunas de las razas británicas utilizadas tradicionalmente en la Argentina. Para los investigadores, esto puede representar una reducción de los requerimientos de mantenimiento, especialmente en ambientes donde la disponibilidad de alimento constituye una limitante.

El desafío consiste en determinar cuánto de esas ventajas puede conservarse cuando los animales son incorporados a esquemas productivos orientados a obtener más kilos de carne.

La respuesta que ensaya la UNLZ pasa por el cruzamiento.

El objetivo: combinar Criollo y Angus

La Universidad Nacional de Lomas de Zamora estableció un convenio con el Ministerio de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires para avanzar en un programa de cruzamiento entre el Bovino Criollo Patagónico y ejemplares Angus.

La estrategia apunta a combinar atributos que provienen de historias de selección muy diferentes. Mientras el Angus fue seleccionado durante generaciones para mejorar características vinculadas con la producción de carne, el Criollo Patagónico desarrolló capacidades asociadas con la supervivencia y adaptación ambiental.

“Lo que estamos tratando de unificar es la muy buena selección que hicieron por calidad y cantidad de carne en las razas británicas, con el largo de vida fértil, la adaptación al medio y la resistencia a enfermedades”, explicó Genero.

El interés científico está también relacionado con la distancia genética existente entre ambas poblaciones. Según el especialista, esa diferencia puede favorecer la aparición de heterosis o vigor híbrido, fenómeno mediante el cual la descendencia puede presentar un desempeño superior al promedio de sus progenitores para determinadas características.

En términos productivos, esto podría traducirse en animales que combinen parte de la aptitud carnicera de las razas británicas con una mayor capacidad de adaptación y una vida productiva prolongada.

La hipótesis todavía requiere evaluación en condiciones concretas de producción. Por eso, el proyecto representa tanto un programa de conservación como una línea de investigación aplicada.

De la conservación al sistema productivo

Para Genero, la preservación genética es solo una primera etapa. El verdadero objetivo consiste en conseguir que esa genética tenga una función dentro de la ganadería comercial.

“La verdadera conservación va a ser cuando estos animales se empiecen a utilizar en el sistema productivo”, afirmó el docente a Bichos de Campo.

La definición marca un cambio de enfoque. Mantener una población en un esquema de conservación permite evitar su desaparición, pero no necesariamente garantiza que sus características sean incorporadas a la ganadería. En cambio, si los animales pueden demostrar ventajas concretas en los rodeos comerciales, la propia actividad productiva puede convertirse en una herramienta adicional para preservar esa genética.

El interés también se vincula con la necesidad de mejorar la eficiencia de los sistemas ganaderos frente a diferentes condiciones ambientales. En zonas donde los recursos forrajeros son limitados o donde las condiciones climáticas imponen mayores exigencias, la capacidad de adaptación puede tener un impacto económico.

La longevidad también adquiere relevancia. Una vaca que permanece más años dentro del sistema puede distribuir sus costos de recría durante una mayor cantidad de ciclos productivos, aunque el resultado final depende de indicadores como fertilidad, intervalo entre partos, peso de los terneros y desempeño de la descendencia.

Por eso, el desafío para los investigadores será pasar de las características observadas en los ejemplares conservados a mediciones productivas comparables con las de otras razas y cruzas utilizadas por los productores.

El proceso tiene además una dimensión histórica. El Criollo fue durante siglos la base de la ganadería que se desarrolló en el territorio argentino. Más tarde, el ingreso de razas británicas modificó profundamente la estructura genética de los rodeos y orientó la producción hacia animales con determinadas características carniceras.

La recuperación de los ejemplares patagónicos abre ahora la posibilidad de revisar qué características de aquella población todavía pueden resultar útiles para la ganadería moderna.

Después de tres décadas de conservación, el objetivo ya no es solamente evitar que el Bovino Criollo Patagónico desaparezca. El siguiente paso es probar si una genética que sobrevivió durante siglos en condiciones naturales puede aportar eficiencia a los sistemas productivos actuales.

El proyecto de la UNLZ busca precisamente responder esa pregunta: si la combinación entre adaptación, resistencia, longevidad y aptitud carnicera puede generar animales capaces de ofrecer una alternativa dentro de la ganadería argentina. El cruzamiento con Angus será una de las principales pruebas para determinar hasta dónde puede llegar ese patrimonio genético recuperado.

 

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