La alfalfa argentina busca ampliar su presencia en los mercados de Oriente Medio, donde la demanda de forraje para producción de leche y proteína animal abre una oportunidad para las empresas y productores locales. El desafío fue analizado el 23 de septiembre durante un encuentro con técnicos y productores forrajeros, en el que Omar Haffar, titular de Maktub Global, presentó las características comerciales y logísticas de los países del Golfo y advirtió que para aprovechar ese mercado será necesario mejorar la escala, coordinar cargas y cumplir con requisitos precisos de calidad y entrega.
La reunión funcionó como un primer acercamiento entre productores argentinos y operadores con experiencia en el comercio internacional de forraje. El objetivo fue abordar un aspecto que excede la capacidad de producir una alfalfa de calidad: cómo llevarla en tiempo y forma hasta un comprador ubicado a miles de kilómetros, con costos logísticos que pueden definir la rentabilidad de la operación.
El mercado de Oriente Medio presenta características particulares para los productores argentinos. Se trata de destinos donde la actividad ganadera y lechera se desarrolla bajo condiciones climáticas muy diferentes a las de Argentina y donde el forraje importado constituye un insumo para sistemas productivos que requieren abastecimiento permanente, segun
Haffar explicó que Maktub Global trabaja con mercados de Oriente Medio, India y otros países de Asia, regiones que, según indicó, reúnen unos 3.500 millones de habitantes y avanzan en el desarrollo de sistemas destinados a producir leche y proteína animal a escala.
Dentro de ese escenario, el mercado del heno y los fardos de alfalfa representa una posibilidad concreta para la producción argentina. De acuerdo con los datos expuestos durante el encuentro, Emiratos Árabes Unidos importa unas 120.000 toneladas de heno y fardos, mientras que Argentina aportó alrededor de 10.000 toneladas durante 2025.
Arabia Saudita aparece como otro destino relevante. Haffar señaló que ese país importa unas 620.000 toneladas y que constituye actualmente el principal destino de las exportaciones argentinas de alfalfa, con unas 120.000 toneladas.
Las cifras muestran una demanda significativa, pero también la distancia que todavía existe entre el potencial del mercado y la participación argentina.
Uno de los factores que explica la demanda es el desarrollo de grandes establecimientos ganaderos en zonas donde las condiciones naturales dificultan la producción de forraje.
Haffar describió el caso de establecimientos lecheros de gran escala instalados en regiones desérticas. Según explicó, existen tambos con alrededor de 30.000 vacas en ordeñe y está previsto el desarrollo de otro establecimiento que podría alcanzar las 50.000 cabezas.
La necesidad de garantizar alimento para esos rodeos genera una demanda permanente de forraje y convierte a la logística internacional en un componente central del negocio.
La oportunidad no se limita al Golfo. Durante el encuentro también se mencionó el crecimiento potencial de la demanda en el sudeste asiático, donde diferentes países avanzan en sistemas de producción de leche y carne.
Argentina cuenta con una ventaja productiva vinculada con su capacidad para producir alfalfa a gran escala y en contraestación respecto de algunos de los principales proveedores internacionales. Estados Unidos aparece como uno de los competidores relevantes, aunque enfrenta restricciones asociadas a la disponibilidad de agua.
Para Haffar, esa condición podría favorecer la posición argentina en el mercado internacional. "Argentina puede ser el jugador #1 si vence las dudas y la apertura a conocer y comerciar con destinos no tradicionales", sostuvo durante el encuentro, según lo publicado porOsvaldo iachetta para TodoAgro.
El empresario consideró además que provincias como Córdoba, Buenos Aires, Entre Ríos y Mendoza cuentan con condiciones para convertirse en polos de oferta de forraje destinado a la exportación.
Producir alfalfa con características adecuadas para el mercado externo es apenas una parte del proceso. Una vez acordada una operación, el productor debe garantizar que la mercadería llegue a destino dentro de los plazos establecidos y mantenga las condiciones exigidas por el comprador.
Según lo expuesto durante la jornada, el tránsito internacional puede demandar entre 35 y 60 días, dependiendo de la ruta utilizada. Ese período obliga a controlar con precisión la humedad, el acondicionamiento y el almacenamiento del producto antes de su embarque.
La carga se coloca en contenedores en Argentina y debe completar los procedimientos aduaneros correspondientes antes de iniciar el viaje. La capacidad de carga del contenedor constituye otro elemento importante para determinar el costo final de la operación.
Haffar explicó que un contenedor puede transportar aproximadamente 22 toneladas de alfalfa, con posibilidades de alcanzar unas 26 toneladas en determinadas condiciones. El costo del contenedor, sin embargo, no se modifica proporcionalmente con el volumen cargado.
Por eso, una operación con una carga significativamente menor puede terminar soportando prácticamente el mismo costo logístico que otra de mayor volumen.
"Una cosa es hacer alfalfa para el mercado interno y otra para exportar. Para exportar se puede meter 22 toneladas en un contenedor y puede llegar a 26 tns. Un contenedor vale lo mismo si se carga con 15 o con 28 toneladas", explicó Haffar, de acuerdo con TodoAgro.
La frecuencia del transporte marítimo también aparece como una limitación. El empresario señaló que se están analizando alternativas de rutas para reducir los tiempos de traslado. Una posibilidad sería utilizar trayectos que permitan conectar el Atlántico con el Golfo a través de otras escalas.
La eficiencia logística puede convertirse así en un factor tan importante como el rendimiento productivo.
El producto destinado al mercado internacional debe cumplir determinadas condiciones de calidad. Entre los aspectos mencionados se encuentran el control de malezas y materias extrañas, la humedad y el contenido nutricional.
Haffar indicó que la alfalfa destinada a estos mercados debe presentar una humedad cercana al 14%, además de alcanzar determinados parámetros de proteína. También se requiere contar con certificado de origen y análisis de laboratorio.
A partir de esas características, el producto puede ser clasificado dentro de cinco categorías de calidad.
El manejo durante la cosecha y el acondicionamiento resulta fundamental. La relación entre tallos y hojas debe mantenerse dentro de parámetros adecuados y es necesario evitar una presencia elevada de malezas.
El objetivo es que la mercadería conserve sus características durante el traslado y llegue al comprador en las condiciones acordadas.
En este punto, la producción destinada al mercado externo requiere un manejo diferente al de la alfalfa comercializada dentro del país. La exportación exige planificar desde el lote y la cosecha hasta el acondicionamiento, el almacenamiento, el despacho aduanero y el transporte marítimo.
Otro de los principales desafíos planteados durante la reunión fue la necesidad de generar escala.
El costo de determinados trámites y servicios no depende exclusivamente de la cantidad de contenedores enviados. Por esa razón, pequeños volúmenes pueden perder competitividad frente a operaciones de mayor tamaño.
"Mandar 5 contenedores tiene el mismo costo que enviar 20 contenedores, los costos de gestión y administración son los mismos, y es por ello que hay que unirse y hacer sinergia para ganar escala", recomendó Haffar, según TodoAgro.
La propuesta implica avanzar hacia esquemas de asociación entre productores, empresas y operadores logísticos que permitan consolidar cargas y reducir los costos unitarios.
En Córdoba, además, las condiciones climáticas pueden obligar a incorporar infraestructura específica. Las lluvias entre cortes de alfalfa pueden dificultar el secado y aumentar el nivel de humedad del producto.
Por ese motivo, durante el encuentro se mencionó la posibilidad de instalar secadoras y desarrollar infraestructura de acondicionamiento. También se planteó la necesidad de contar con una megacompactadora que permita organizar la cadena de producción y preparar el producto para la exportación.
El desarrollo de esta infraestructura requiere inversiones y planificación. La logística, en consecuencia, comienza mucho antes de que el contenedor llegue al puerto.
La demanda internacional de alfalfa es permanente y los compradores establecen condiciones específicas de calidad, volumen y entrega. El precio final no responde únicamente a la producción del forraje, sino al acuerdo comercial alcanzado con cada comprador y a las condiciones pactadas para la entrega.
Argentina cuenta con una base productiva importante y con provincias que podrían ampliar su participación en el mercado internacional. Sin embargo, la posibilidad de crecer dependerá de la capacidad para articular producción, acondicionamiento, logística y comercialización.
El escenario competitivo también podría modificarse en los próximos años. Haffar señaló que Sudáfrica comienza a desarrollar su propia oferta exportadora de alfalfa y podría convertirse en un competidor futuro.
En el Cono Sur, en tanto, la disponibilidad de tierras y maquinaria constituye una limitante para el ingreso de nuevos jugadores a gran escala.
La oportunidad para Argentina está asociada también a su condición de productor contraestacional respecto de otros mercados. La posibilidad de abastecer cuando determinados proveedores enfrentan restricciones productivas puede favorecer la inserción argentina.
La exportación de alfalfa requiere, además, comprender las particularidades comerciales y culturales de los países de destino. Para productores acostumbrados principalmente al mercado doméstico, ingresar en mercados del Golfo implica establecer vínculos con compradores, intermediarios y operadores que conocen las características de cada país.

Haffar planteó durante el encuentro la necesidad de acercar ambas partes de la cadena y facilitar el conocimiento de las condiciones comerciales.
En ese proceso, la presencia de representantes locales puede resultar relevante para interpretar las demandas del comprador y establecer acuerdos de largo plazo.
La alfalfa argentina ya tiene presencia en Oriente Medio, pero los volúmenes actuales todavía representan una porción limitada frente a la demanda potencial. El desafío consiste en convertir esa oportunidad en un negocio sostenible, con contratos que contemplen calidad, volumen, precio y condiciones de entrega.
La expansión también podría generar oportunidades para las provincias productoras. Córdoba, Buenos Aires, Entre Ríos y Mendoza aparecen como posibles centros de oferta, siempre que logren desarrollar infraestructura, escala y sistemas de comercialización adecuados.
El mercado del Golfo plantea, de este modo, una oportunidad concreta para la cadena forrajera argentina, pero también exige una transformación en la forma de pensar el negocio. La calidad del cultivo es necesaria, pero no suficiente: producir para exportar implica organizar toda la cadena, desde el manejo de la alfalfa hasta la llegada del contenedor al destino.
Para los productores que buscan ingresar en ese mercado, la asociación y la coordinación logística aparecen como dos de los factores centrales para reducir costos y alcanzar los volúmenes que demandan los compradores internacionales.