El sorgo gana lugar como respaldo para la ganadería ante el riesgo de un nuevo El Niño

Técnicos del INTA recomiendan planificar reservas de sorgo para sostener la alimentación bovina ante posibles excesos de lluvia

El sorgo gana lugar como respaldo para la ganadería ante el riesgo de un nuevo El Niño
martes 18 de agosto de 2026

Los sistemas de cría bovina del este de Formosa comenzaron a prepararse para un escenario climático que podría complicar la disponibilidad de pasto durante la campaña 2026/27: ante la elevada probabilidad de un episodio de El Niño, técnicos de la Agencia de Extensión Rural El Colorado del INTA recomiendan anticipar la producción de reservas mediante la implantación de sorgos de alta producción. La estrategia apunta a contar con alimento disponible frente a posibles anegamientos e inundaciones, reducir la dependencia de los potreros y sostener el estado corporal de las vacas durante los períodos de mayor restricción.

La recomendación surge de la necesidad de incorporar herramientas de planificación antes de que se presenten las condiciones más adversas. En los establecimientos ganaderos de la región, un exceso de precipitaciones no solo puede reducir la superficie efectivamente utilizable para el pastoreo, sino también dificultar el movimiento de los animales, el acceso a los potreros y las tareas habituales de manejo,informo Agritotal.

Ante ese escenario, el sorgo aparece como una alternativa para generar una reserva forrajera durante el verano. Su adaptación a las condiciones del este formoseño, su capacidad para producir grandes volúmenes de biomasa y su posibilidad de rebrotar después de cada aprovechamiento permiten diseñar un esquema de alimentación que complemente los recursos naturales disponibles.

La propuesta de los técnicos del INTA contempla especialmente el uso de sorgos azucarados de nervadura marrón, junto con materiales fotosensitivos. Se trata de cultivos capaces de generar una importante cantidad de materia seca y que pueden ser aprovechados en más de una oportunidad mediante sistemas de pastoreo rotativo intensivo.

Uno de los objetivos centrales es que la reserva esté disponible antes de que el exceso de agua limite el acceso a los campos. De esta manera, el productor puede trasladar parte de la alimentación del rodeo hacia una superficie previamente planificada y disminuir la presión sobre los pastizales naturales.

Una reserva pensada antes del exceso de agua

La estrategia adquiere particular importancia en los sistemas de cría bovina extensiva, donde la alimentación depende en buena medida de la oferta de los pastizales. Cuando las lluvias generan anegamientos, una parte del campo puede quedar temporalmente inutilizada. Si el establecimiento no cuenta con una reserva, el productor debe enfrentar la caída de la oferta forrajera en el momento en que los animales continúan demandando alimento.

El sorgo permite anticiparse a esa situación. Su elevada capacidad de macollaje, junto con la tolerancia al pisoteo y la posibilidad de realizar varios aprovechamientos, ofrece una herramienta para distribuir el recurso a lo largo de la temporada.

El manejo, sin embargo, requiere planificación. No alcanza con sembrar una determinada superficie: es necesario calcular cuánto alimento necesita el rodeo y durante cuánto tiempo deberá cubrirse la demanda.

Para realizar esa estimación, los técnicos toman como referencia una vaca de cría de 400 kilogramos, cuyo consumo se ubica en torno de los 12 kilogramos de materia seca por día. A partir de ese dato, el productor puede relacionar la cantidad de animales con el período durante el cual pretende utilizar la reserva.

En las condiciones utilizadas como referencia para la propuesta, el sorgo puede alcanzar una producción de aproximadamente 40.000 kilogramos de materia verde por hectárea. Ese volumen equivale a unos 8.000 kilogramos de materia seca.

Pero no toda esa producción puede ser aprovechada por los animales. Considerando una eficiencia de cosecha del 50%, la disponibilidad efectiva se ubica en aproximadamente 4.000 kilogramos de materia seca por hectárea.

Ese número constituye una referencia para dimensionar la superficie necesaria. La cantidad definitiva dependerá del tamaño del rodeo, las categorías involucradas, el consumo diario y la duración del período en el que se utilizará la reserva.

El manejo define cuánto se aprovecha

La planificación también alcanza al momento de implantación y al manejo posterior. Una correcta preparación del suelo y la elección de una fecha adecuada de siembra resultan determinantes para conseguir un establecimiento rápido y uniforme.

De acuerdo con la propuesta técnica, el primer aprovechamiento puede realizarse aproximadamente entre los 30 y 35 días después de la siembra, siempre que el cultivo haya desarrollado un sistema radicular adecuado y presente entre seis y ocho hojas verdaderas.

A partir de entonces, el pastoreo debe organizarse mediante franjas cuya superficie se determine según la cantidad de materia seca disponible y las necesidades del rodeo. El objetivo es evitar tanto el sobrepastoreo como una utilización insuficiente del cultivo.

El esquema de pastoreo rotativo intensivo permite administrar el recurso y favorecer la recuperación de las plantas entre aprovechamientos. En este sentido, la infraestructura también cumple un papel importante.

La construcción de callejones permanentes para facilitar el acceso al agua y a las zonas de descanso puede reducir el tránsito innecesario de los animales sobre las áreas productivas. Además, contribuye a disminuir el pisoteo y a mejorar el aprovechamiento del forraje.

La inversión también forma parte de la decisión. Según la estimación utilizada por los técnicos, el costo de preparación de las labores tercerizadas, la implantación y la semilla alcanza unos $620.250 por hectárea, equivalentes a alrededor de 107 kilogramos de ternero.

El dato permite comparar el costo de generar una reserva con el valor de la producción ganadera que se busca proteger. La conveniencia económica, de todos modos, dependerá de la evolución de los precios, la productividad efectiva del cultivo y la magnitud del evento climático.

El objetivo es sostener el estado corporal

En los sistemas de cría, la disponibilidad de alimento tiene una relación directa con el desempeño de las vacas y con los resultados productivos posteriores. Una reducción importante de la oferta forrajera puede afectar el estado corporal, comprometer los índices reproductivos y aumentar las pérdidas.

Por eso, el sorgo no se plantea solamente como un cultivo destinado a producir volumen. La finalidad es contar con una herramienta que permita sostener la alimentación cuando el campo no pueda ofrecer todo su potencial.

El escenario previsto para la primavera y el comienzo del verano vuelve especialmente relevante esa anticipación. Si se concretan condiciones de mayor humedad, los establecimientos que hayan generado reservas tendrán una mayor capacidad para sostener el manejo del rodeo sin depender exclusivamente de la superficie natural de pastoreo.

La propuesta del INTA también apunta a modificar la lógica de respuesta frente al clima. En lugar de esperar a que el exceso de agua provoque una reducción de la oferta, la planificación forrajera permite generar previamente un margen de seguridad.

Esto cobra importancia en una región donde la producción ganadera debe convivir con una marcada variabilidad ambiental. La posibilidad de almacenar o mantener una fuente de alimento sobre una superficie específica puede convertirse en un factor de estabilidad para los establecimientos.

Una herramienta frente a un clima más variable

El posible desarrollo de El Niño durante la campaña 2026/27 vuelve a colocar al clima en el centro de las decisiones productivas. Para los productores del este formoseño, el desafío no consiste únicamente en afrontar una eventual inundación, sino en mantener la continuidad del sistema durante el período en que el exceso de agua limite el uso de los potreros.

En ese contexto, la implantación de sorgo puede complementar otras prácticas de manejo y mejorar la capacidad de respuesta de los rodeos. La reserva permite disponer de una fuente de materia seca previamente calculada y asignarla de acuerdo con las necesidades de cada categoría.

La estrategia también busca preservar los recursos naturales. Al reducir la presión sobre los pastizales durante los períodos críticos, el productor puede evitar un deterioro adicional de la superficie de pastoreo y favorecer su recuperación cuando mejoren las condiciones.

El desafío será ajustar la superficie sembrada y el manejo a las características de cada establecimiento. No existe una única cantidad de hectáreas aplicable a todos los rodeos: la planificación debe partir de la cantidad de animales, el consumo, la producción esperada del cultivo y el tiempo de cobertura requerido.

En definitiva, la recomendación de los técnicos del INTA coloca al sorgo como una herramienta de previsión más que como una respuesta de emergencia. La posibilidad de producir biomasa, rebrotar y soportar sucesivos aprovechamientos permite construir una reserva capaz de amortiguar parte de los efectos de un período de excesos hídricos.

Para la ganadería de cría del este de Formosa, el objetivo es concreto: asegurar alimento antes de que el agua limite el acceso al pastoreo, mantener el estado corporal de las vacas y reducir el impacto productivo de un clima que puede presentar cambios bruscos. En un escenario de mayor incertidumbre, la planificación de reservas aparece así como una de las alternativas para fortalecer la resiliencia de los sistemas ganaderos.

 

 

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