El debate por una nueva Ley de Semillas vuelve a ocupar un lugar central en la agenda agroindustrial argentina. Según informó Infocampo, Lorena Basso, presidenta de la Federación Internacional de Semillas (ISF), planteó la importancia de avanzar hacia un marco normativo que reconozca con mayor claridad la propiedad intelectual y permita fortalecer la innovación en el sector.
Durante una entrevista con Infocampo Estudio, Basso sostuvo que la posición de Argentina frente a la normativa internacional genera interpretaciones que pueden afectar la imagen del país en los mercados globales. En ese sentido, consideró que una eventual adhesión a UPOV-91 podría contribuir a generar un marco más claro para el desarrollo de nuevas tecnologías y variedades.
“Cuando uno va a vender servicios al exterior, el hecho de que Argentina esté en UPOV 78 y se siga teniendo todo este debate, se malentiende: se piensa que acá se hace cualquier cosa”, señaló Basso, según informó Infocampo.
La dirigente se refirió así a la situación de Argentina, que actualmente adhiere al Acta de 1978 del Convenio de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV), mientras que el debate local plantea la posibilidad de avanzar hacia el Acta de 1991.
Para Basso, contar con reglas actualizadas permitiría mejorar las condiciones para quienes desarrollan tecnología aplicada a las semillas y, al mismo tiempo, favorecería la llegada de inversiones y negocios vinculados con la innovación agropecuaria.
“No se entiende cuál es realmente la discusión que estamos dando por el uso propio oneroso”, afirmó durante la entrevista.
La presidenta de la ISF también destacó que un marco normativo más sólido puede generar efectos que excedan al propio mercado de semillas. “Tener un marco normativo que ayude, va a colaboar en que todos los demás sectores puedan vender servicios, puedan tener negocios más saludables”, sostuvo.
El planteo adquiere relevancia en un contexto en el que la semilla pasó a ocupar un lugar estratégico dentro de la producción agropecuaria. El cambio climático, la necesidad de elevar los rendimientos y la demanda global de alimentos aumentan la presión sobre productores y empresas para incorporar nuevas tecnologías.
Basso explicó que la agricultura enfrenta condiciones climáticas cada vez más variables y que la innovación en semillas puede contribuir a reducir parte de esos riesgos.
“En estos últimos tiempos se empieza a dar mucha más demanda de alimentos: por un lado hay una mayor demanda de nutrientes, y una dieta diferente demanda alimentos distintos. Pero, por otro lado, hay mucha presión para poder producir y eso es lo que está generando esa mirada sobre la semilla como factor fundamental para poder solucionar ese gap que hay entre la necesidad y la producción”, explicó.
La dirigente también puso el foco en el impacto de las temperaturas sobre los cultivos. “Hace dos semanas di una charla en Guatemala, y hay un dato que surgió y que decía que por cada grado (de temperatura) que se aumente, baja un 7% la productividad del maíz. Son datos que hay que tener en cuenta, porque hoy producir está siendo un poquito complicado, es más errático que antes y esa brecha se va a cubrir con innovación”, señaló.
En este escenario, la propiedad intelectual aparece como uno de los puntos centrales de la discusión argentina. El desafío consiste en encontrar un esquema que permita reconocer el desarrollo tecnológico y, al mismo tiempo, contemplar las necesidades de los productores.
El debate involucra a distintos actores de la cadena agroindustrial, entre ellos el INASE, las entidades rurales, la Asociación de Semilleros y las organizaciones técnicas. Según informó Infocampo, durante el último Congreso Aapresid se realizó un panel específico para analizar la posibilidad de alcanzar un acuerdo sectorial que permita avanzar hacia una nueva legislación.
Basso también destacó otro aspecto de la transformación que atraviesa la industria: el crecimiento del liderazgo femenino en el sector semillero. Su llegada a la presidencia de la Federación Internacional de Semillas representa un hecho relevante para la agroindustria argentina.
“Seguimos siendo minoría, sí. Hay muy pocas que están a cargo de compañías semilleras, y entonces eso es lo que nosotros estamos promoviendo, porque si las mujeres no están en esos puestos directivos después no pueden estar en los directorios de las asociaciones o instituciones”, afirmó.
Su llegada a la conducción de la ISF, agregó, también busca mostrar que existen oportunidades para que más mujeres accedan a posiciones de decisión dentro de la industria.
“Creo que la agenda (de la ISF) la manejamos igual con los presidentes anteriores que fueron hombres, eso no cambia el contenido de la agenda, sino cambia una imagen distinta de decir ‘acá hay lugar para que las mujeres también piensen que pueden estar sentadas en todas estas posiciones’”, concluyó.
En Argentina, la discusión por la Ley de Semillas y UPOV-91 todavía tiene distintos puntos por resolver. Sin embargo, el debate abre una oportunidad para revisar el marco regulatorio de una actividad que se encuentra cada vez más vinculada con la productividad, la innovación tecnológica y la capacidad del país para competir en los mercados agroindustriales internacionales.