La radiación que recibe la soja puede definir el rendimiento: por qué la fecha de siembra es clave

Ensayos del INTA muestran que la radiación durante el período reproductivo condiciona el rendimiento y modifica la estrategia de siembra

La radiación que recibe la soja puede definir el rendimiento: por qué la fecha de siembra es clave
jueves 20 de agosto de 2026

La radiación solar que logra interceptar la soja durante su período reproductivo puede convertirse en un factor decisivo para definir el rendimiento, según resultados de ensayos de la Red Nacional de Evaluación de Cultivares de Soja (RECSO) presentados por el INTA durante una jornada técnica realizada en Córdoba. Los datos, analizados por especialistas de INTA Marcos Juárez y la región CREA Sur de Santa Fe, muestran que la fecha de siembra y la elección del grupo de madurez no solo deben responder a la disponibilidad de agua, sino también a la capacidad del cultivo para capturar radiación en el momento en que determina la producción de granos.

El concepto fue desarrollado por Marcos Murgio, investigador de INTA Manfredi y participante de la coordinación de la RECSO, durante una Jornada de Actualización Técnica de Cultivos de Gruesa. Allí presentó información acumulada durante varias campañas y explicó cómo la combinación entre fecha de implantación, grupo de madurez, estructura de la planta, disponibilidad hídrica y radiación puede modificar de manera significativa el resultado final de un lote.

La principal conclusión es que el manejo de la soja requiere mirar más allá del agua disponible en el suelo. Si bien el recurso hídrico continúa siendo determinante para establecer una estrategia productiva, en ambientes donde esa limitante disminuye adquiere mayor importancia la cantidad de radiación que el cultivo consigue interceptar durante las etapas que definen el número y el peso de los granos.

Una variable que suele quedar en segundo plano

La radiación es un recurso que está disponible para el cultivo, pero su aprovechamiento depende del momento en que la planta desarrolla su estructura y atraviesa las diferentes etapas fenológicas.

Los datos presentados durante la jornada indican que la biomasa generada entre R3 y R6, es decir, desde el comienzo de la formación de vainas hasta una etapa avanzada del llenado de semillas, mantiene una relación directa con la capacidad de generar granos.

Por eso, el calendario de siembra adquiere una importancia que excede la tradicional evaluación del riesgo climático. Modificar la fecha de implantación significa también cambiar el momento del año en el que la soja atraviesa su período reproductivo.

En la región agrícola analizada, los mayores niveles de radiación se concentran hacia fines de diciembre y comienzos de enero. Las temperaturas máximas, en cambio, suelen presentarse hacia mediados de enero.

Cuando la siembra se demora, el ciclo reproductivo puede trasladarse hacia días más cortos y con menor disponibilidad de radiación. El efecto no es solamente una reducción de la cantidad de energía disponible: también puede disminuir el tiempo durante el cual la planta tiene la posibilidad de utilizarla.

Murgio describió esta situación como un “doble castigo”, debido a la combinación de menor radiación y menor duración del período en el que el cultivo puede aprovecharla.

Los registros acumulados durante más de 25 campañas de la RECSO en Marcos Juárez respaldan esta relación. De acuerdo con el análisis presentado, cuando aumenta la radiación incidente acumulada entre R1 y R7 también se incrementa el rendimiento.

El grupo de madurez modifica la capacidad de capturar luz

La cantidad de radiación disponible no es suficiente por sí misma. Para transformarla en producción, la soja necesita contar con una estructura capaz de interceptarla.

En ese punto, el grupo de madurez cumple un papel central. Los materiales más largos prolongan principalmente la fase vegetativa, lo que permite desarrollar una planta de mayor tamaño antes del inicio de la etapa reproductiva. Ese crecimiento puede generar una mayor cantidad de hojas y, en consecuencia, aumentar la superficie disponible para captar radiación.

Los grupos de madurez más cortos tienen otra dinámica. Pueden coincidir con una ventana favorable de radiación durante la etapa reproductiva, pero necesitan haber construido una estructura suficiente para aprovechar esa oferta.

La arquitectura del cultivo, por lo tanto, pasa a ser parte de la ecuación. Una planta que no logra cerrar adecuadamente el entresurco puede dejar una parte importante de la radiación sin utilizar, incluso cuando las condiciones ambientales ofrecen suficiente energía.

Los ensayos analizados por el especialista establecieron como referencia una altura de entre 70 y 80 centímetros para evaluar esa capacidad de intercepción. Cuando los cultivos quedan por debajo de ese rango, una alternativa de manejo puede ser disminuir la distancia entre hileras.

El objetivo es acelerar el cierre del entresurco y lograr que una proporción mayor de la radiación llegue a las hojas en lugar de perderse sobre el suelo.

Qué ocurre con las siembras tardías

Uno de los resultados destacados corresponde a las implantaciones realizadas después del 10 de diciembre. En esas situaciones, los ensayos mostraron que reducir la distancia entre hileras de 52 a 26 centímetros permitió mejorar la intercepción de radiación y generar una ventaja de rendimiento en grupos de madurez cortos.

La respuesta muestra que la elección de la fecha de siembra no puede analizarse de manera aislada. Cuando el productor decide retrasar la implantación, también debe evaluar si el cultivo tendrá suficiente tiempo y estructura para capturar el recurso disponible.

El problema se vuelve más marcado hacia diciembre. El desplazamiento de las etapas reproductivas hacia períodos con menor radiación comienza a limitar el potencial productivo.

Según el análisis presentado por Murgio, inicialmente la pérdida de rendimiento potencial puede ser gradual. Sin embargo, hacia fines de noviembre y comienzos de diciembre el deterioro se acelera, especialmente cuando R5 comienza a ubicarse en una ventana menos favorable.

A partir de los primeros días de diciembre, el especialista señaló que el rendimiento “se desploma”, una advertencia que pone el foco en la necesidad de no extender indefinidamente las fechas de siembra bajo la expectativa de reducir el riesgo hídrico.

El agua sigue siendo la primera pregunta

Aunque la radiación aparece como una variable relevante, los resultados no desplazan al agua como principal elemento para definir la estrategia de manejo.

Los datos de ocho campañas de la RECSO realizadas en el sur de Santa Fe y el sudeste de Córdoba muestran que la respuesta a la fecha de siembra depende de las características del ambiente.

En buenos ambientes, adelantar la implantación puede generar un incremento del rendimiento promedio en un grupo IV largo, aunque la magnitud de la respuesta presenta variaciones entre años y localidades.

En ambientes más restrictivos, la situación puede invertirse. Allí, retrasar la siembra puede contribuir a sostener un mayor piso de rendimiento al modificar el momento en que el cultivo enfrenta las condiciones de mayor demanda ambiental.

La diferencia es especialmente importante en zonas con menor capacidad de almacenamiento de agua.

En la región central de Córdoba, caracterizada en parte por la presencia de suelos arenosos y una menor recarga hídrica, los ensayos no mostraron un beneficio promedio de adelantar la siembra.

Por eso, antes de decidir cuándo implantar, la pregunta central continúa siendo cuánto agua útil existe en el perfil del suelo.

La disponibilidad hídrica cambia el escenario

Una simulación realizada sobre 35 campañas permitió observar hasta qué punto la condición inicial del suelo puede modificar el comportamiento de la soja.

Cuando el perfil comienza la campaña cerca de la capacidad de campo, la variabilidad entre años disminuye y los rendimientos pueden acercarse con mayor frecuencia al potencial del ambiente.

El escenario cambia cuando el perfil se encuentra prácticamente seco. En esas condiciones, el resultado queda mucho más condicionado por la cantidad y distribución de las precipitaciones que ocurran durante el ciclo.

Esto significa que la estrategia de fecha de siembra y grupo de madurez debe construirse sobre una combinación de factores. El productor necesita conocer el agua disponible, estimar el comportamiento climático esperado y, al mismo tiempo, considerar en qué momento del ciclo la planta podrá capturar la mayor cantidad de radiación.

La interacción entre esas variables puede explicar por qué una misma variedad responde de manera diferente cuando cambia la fecha de implantación o el ambiente productivo.

Una decisión que combina ambiente y manejo

Los resultados presentados en la jornada técnica permiten plantear una mirada diferente sobre la elección de la fecha de siembra. No se trata únicamente de anticipar o retrasar la implantación para escapar de determinados riesgos, sino de ubicar las etapas críticas del cultivo dentro de una ventana ambiental favorable.

En ese esquema, el grupo de madurez se convierte en una herramienta para administrar el tiempo. Los materiales más largos pueden ofrecer mayor capacidad de crecimiento y compensación en determinados ambientes, mientras que los grupos más cortos pueden aprovechar ventanas de radiación favorables cuando las condiciones permiten desarrollar rápidamente una estructura adecuada.

La elección de la distancia entre hileras también puede complementar esa estrategia, sobre todo en siembras tardías y cuando los cultivos presentan una estructura que dificulta una rápida cobertura del suelo.

El objetivo final es aumentar la proporción de radiación que efectivamente intercepta el cultivo durante las etapas en las que esa energía puede convertirse en biomasa y rendimiento.

Los ensayos de la RECSO muestran, en definitiva, que la radiación no es un dato secundario dentro del manejo de la soja. Su disponibilidad está determinada en buena medida por el calendario, mientras que la capacidad de aprovecharla depende de la estructura del cultivo, el grupo de madurez y la distancia entre hileras.

La disponibilidad de agua continúa siendo el punto de partida para tomar decisiones, pero una vez evaluado ese recurso aparece una segunda pregunta: cuándo conviene que la soja atraviese su período reproductivo.

La respuesta puede definir una parte importante del rendimiento. En años y ambientes donde el agua deja de ser el principal límite, la capacidad de capturar radiación en el momento adecuado puede convertirse en una de las claves para transformar el potencial del cultivo en kilos de grano.

 

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