Tolar Grande es un pequeño pueblo de la Puna salteña, ubicado a unos 3.500 metros sobre el nivel del mar y a 387 kilómetros de la ciudad de Salta. Rodeado de salares, volcanes, montañas y extensiones desérticas, el destino se destaca por sus paisajes extremos y por atractivos naturales como los Ojos de Mar, el Desierto del Diablo y el Salar de Arizaro.
El aislamiento es parte de la experiencia. El camino hasta la localidad atraviesa algunos de los escenarios más particulares del noroeste argentino, con grandes extensiones donde predominan los tonos rojizos, blancos y ocres.
Uno de los principales atractivos se encuentra a pocos kilómetros del pueblo. Son los Ojos de Mar, tres pequeñas lagunas ubicadas en medio de un salar cuyas aguas pueden adquirir tonalidades turquesas y verdes según la incidencia de la luz.
Además de su belleza, estos cuerpos de agua tienen interés científico por la presencia de microorganismos adaptados a condiciones extremas.
Otro de los paisajes más llamativos aparece durante el recorrido hacia Tolar Grande: el Desierto del Diablo. Se trata de una extensa planicie de tierra rojiza, prácticamente sin vegetación, que genera un fuerte contraste con los cerros y el cielo abierto de la Puna.

El recorrido también permite conocer el Salar de Arizaro, uno de los grandes salares de la región. En medio de esta enorme superficie se encuentra el Cono de Arita, una formación natural de aproximadamente 200 metros de altura y una silueta que se destaca en el paisaje.
La zona está rodeada por algunos de los principales volcanes de los Andes, entre ellos el Llullaillaco, el Socompa y el Arácar, que completan un escenario marcado por la geografía de alta montaña.
A unos ocho kilómetros de Tolar Grande se encuentra además El Arenal, un sector caracterizado por grandes acumulaciones de arena rojiza. El lugar permite realizar caminatas y practicar sandboard, mientras que desde los puntos elevados se pueden obtener vistas panorámicas de la Cordillera de los Andes.
Pero Tolar Grande no se destaca únicamente por sus paisajes. La localidad también conserva una identidad andina vinculada con las comunidades puneñas y sus tradiciones.
Las celebraciones en honor a la Pachamama, los tejidos elaborados con lana de llama y oveja y distintas costumbres ancestrales continúan formando parte de la vida de la región.
Por sus características geográficas, la visita requiere planificación. La altura, las grandes distancias y el aislamiento hacen recomendable organizar los recorridos con anticipación y contar con guías o prestadores habilitados para acceder a los sectores más alejados.
Entre lagunas de colores intensos, salares, volcanes y desiertos rojizos, Tolar Grande ofrece una de las experiencias paisajísticas más particulares de la Puna argentina. Su ubicación remota es precisamente uno de los factores que permiten conservar el carácter singular del destino.