El primer aguardiente de orujo en Colonia Caroya con estatus oficial en toda la provincia de Córdoba ya tiene nombre: Churquera, elaborado por la bodega artesanal Don Fabio, ubicada en el barrio rural de Los Chañares.
El productor Sergio Londero presentó el destilado, que se comercializa en botellas de 750 mililitros. El lanzamiento contó con el respaldo de tres organismos: la Dirección de Alimentos del Gobierno de Córdoba, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) y la Municipalidad de Colonia Caroya, cuyo Concejo Deliberante aprobó la normativa que regula este tipo de producción.
El proceso consiste en la destilación controlada de los orujos fermentados, es decir, las pieles y semillas de uva que quedan como remanente de la vinificación. Este método permite aprovechar un subproducto de la elaboración de vino para obtener un destilado de alta graduación alcohólica, una práctica con tradición en las colonias de inmigración italiana del centro cordobés.
El Instituto Nacional de Vitivinicultura emitió nuevas resoluciones que habilitaron este tipo de elaboración artesanal bajo estándares formales, mientras que el municipio acompañó el proceso con una normativa local que ordena la actividad dentro del ejido de Colonia Caroya. El producto final cumple, además, con los requisitos del Código Alimentario Argentino.
Hasta la sanción de esta normativa, buena parte de los orujos generados durante la vinificación se descartaban como residuo, sin un marco formal que permitiera destinarlos a la elaboración de bebidas espirituosas para la venta. La nueva reglamentación busca ordenar esa práctica y darle un marco sanitario y comercial claro a los pequeños productores de la zona que ya destilaban orujo de manera artesanal.
Colonia Caroya es una de las zonas vitivinícolas históricas de la provincia de Córdoba, fundada por inmigrantes friulanos a fines del siglo XIX, con una tradición de elaboración de vinos y destilados que se mantiene en pequeñas bodegas familiares como Don Fabio.
La oficialización de este aguardiente de orujo se suma a otras iniciativas locales vinculadas a la identidad productiva de la zona, en un contexto en el que distintos productores buscan dar valor agregado a los subproductos de la vendimia en lugar de descartarlos.
Desde el municipio destacaron que este tipo de desarrollos fortalece la cadena de valor vitivinícola local y abre una puerta a la diversificación productiva de las bodegas artesanales de la región, en articulación con los organismos provinciales y nacionales que regulan la actividad.
Este tipo de habilitaciones también ordena un mercado que, en muchos casos, funcionaba de manera informal entre pequeños productores familiares, y les permite ahora comercializar de manera formal un producto elaborado con insumos propios de la vendimia local, sumando valor a una actividad que hasta ahora dependía casi exclusivamente de la venta de vino y uva en fresco.