Las entidades rurales de Chubut volvieron a reclamar respuestas al gobierno provincial después de mantener más de 20 reuniones durante el último año sin avances concretos, según denunciaron, ante una crisis que se refleja en la pérdida de productores, la reducción del stock ganadero y el abandono de establecimientos. El planteo fue realizado el 25 de agosto por la Federación de Sociedades Rurales del Chubut, cooperativas y asociaciones de la Meseta Central y la Asociación de Productores de la Costa, que reclamaron un plan de desarrollo agropecuario de largo plazo para recuperar la producción y generar condiciones que permitan nuevas inversiones.
El reclamo se produce luego de un nuevo encuentro entre representantes del sector y funcionarios provinciales, en el que los productores volvieron a plantear problemas que consideran prioritarios para sostener la actividad. Entre ellos aparecen el manejo de predadores y guanacos, la disponibilidad de agua, las servidumbres de paso y la capacidad de faena.
Según la información publicada por Bichos de Campo, las entidades sostienen que los compromisos asumidos por las autoridades en reuniones anteriores no se tradujeron hasta ahora en medidas concretas.
La preocupación de los productores no se limita a una caída coyuntural de los ingresos. El planteo apunta a una pérdida estructural de capacidad productiva en distintas zonas de la provincia, donde la disminución de los rodeos y majadas amenaza la continuidad de establecimientos que durante décadas estuvieron vinculados con la actividad ganadera.
El reclamo de los productores se apoya en una sucesión de encuentros mantenidos durante los últimos doce meses. Según las entidades, fueron más de 20 reuniones con representantes del gobierno provincial y distintos organismos.
El argumento central es que el diagnóstico de los problemas ya fue realizado y que ahora se necesitan decisiones.
“Demostramos que el sector tiene oportunidades concretas de crecimiento: la carne y la lana tienen valor, existen mercados internacionales interesados en nuestros productos y hay posibilidades reales de generar inversión, producción y trabajo. Escuchamos compromisos, diagnósticos y anuncios. Sin embargo, las respuestas siguen sin llegar”, señalaron las organizaciones rurales en un comunicado citado por Bichos de Campo.
Los productores consideran que la falta de definiciones termina profundizando el deterioro de la actividad. Mientras continúan las reuniones, sostienen, disminuye la cantidad de animales y productores que permanecen en el sistema.
“Mientras seguimos reuniéndonos, la producción retrocede. Se pierden productores, cae el stock ganadero y quedan establecimientos vacíos. Para muchos productores la situación comienza a ser terminal”, advirtieron las entidades, según publicó Bichos de Campo.
El reclamo pone el foco en la necesidad de pasar de las reuniones y los diagnósticos a una agenda con objetivos medibles, plazos y responsables.
La pérdida de animales constituye uno de los principales indicadores de la crisis que atraviesa la ganadería chubutense.
Un caso citado por los productores se encuentra en Telsen, en la Meseta Central. Allí, una zona que históricamente llegó a contar con alrededor de 300.000 ovejas actualmente tendría unas 30.000, según datos aportados por productores locales.
La magnitud de esa caída muestra el impacto acumulado de distintos factores sobre la producción ovina. La reducción del stock no solo afecta los ingresos de los establecimientos, sino también la actividad económica que depende de ellos: transporte, servicios veterinarios, provisión de insumos, comercialización y faena.
Cuando un establecimiento deja de producir, la pérdida también repercute sobre la economía de las localidades rurales y de las comunidades vinculadas con la actividad.
La situación adquiere una dimensión mayor en una provincia donde la ganadería ovina y bovina tiene una fuerte presencia territorial y cumple un papel relevante en las economías de la estepa y otras zonas rurales.
Entre los problemas señalados por los productores aparecen cuestiones que tienen impacto directo sobre la productividad de los establecimientos.
El manejo de predadores y guanacos forma parte de los reclamos. Los productores sostienen que la interacción con estas poblaciones genera dificultades para la actividad ganadera y requiere políticas específicas que contemplen las características de cada región.
Otro punto central es el acceso al agua. En amplias zonas de Chubut, las condiciones ambientales convierten a la disponibilidad de agua en un factor determinante para sostener los rodeos y las majadas.
A esto se suman las dificultades relacionadas con las servidumbres de paso, necesarias para garantizar el acceso a campos, caminos y fuentes de agua.
La capacidad de faena también aparece entre los temas pendientes. Una infraestructura insuficiente o una distribución inadecuada de los servicios de faena puede elevar los costos y dificultar la comercialización de la producción.
Los productores plantearon estos puntos en una reunión realizada semanas atrás en Comodoro Rivadavia. De acuerdo con el relato difundido por Bichos de Campo, las autoridades se comprometieron a acercar respuestas, pero las entidades afirman que esas definiciones todavía no llegaron.
Más allá de los problemas específicos, las organizaciones rurales plantearon una cuestión de fondo: la falta de un Plan de Desarrollo Agropecuario provincial que establezca objetivos de largo plazo.
El pedido apunta a definir qué modelo productivo pretende desarrollar Chubut, cuáles son las herramientas necesarias para recuperar el stock y qué políticas permitirían sostener la actividad durante los próximos años.
“Necesitamos definir hacia dónde queremos llevar al sector y qué políticas concretas se implementarán para sostener la producción”, sostuvieron las entidades, según Bichos de Campo.
Para los productores, la falta de continuidad en la gestión dificulta todavía más la planificación. En ese sentido, cuestionaron la rotación de funcionarios responsables del área productiva.
“En menos de tres años, la Provincia ha tenido tres ministros de Producción”, señalaron las organizaciones rurales.
La estabilidad institucional es especialmente relevante para actividades con ciclos productivos largos. La recuperación de un rodeo ovino o bovino no puede lograrse en pocos meses y requiere inversiones que necesitan previsibilidad para ser sostenibles.
Una política de largo plazo debería contemplar infraestructura, financiamiento, sanidad, manejo de recursos naturales, acceso al agua, comercialización y condiciones para agregar valor a la producción.
A pesar del diagnóstico negativo, las entidades no consideran que Chubut carezca de oportunidades productivas.
Por el contrario, destacan el valor que actualmente tienen la carne y la lana y la existencia de mercados internacionales interesados en esos productos.
El desafío consiste en transformar ese potencial en inversiones concretas y en una mayor producción. Para ello, los productores consideran necesario contar con reglas claras y políticas que permitan reducir los obstáculos que hoy limitan la actividad.
La posibilidad de exportar puede convertirse en un incentivo para recuperar establecimientos y aumentar el stock, pero para aprovecharla es necesario contar con una estructura productiva capaz de abastecer los mercados.
En la ganadería ovina, por ejemplo, la caída de las majadas reduce la capacidad de respuesta frente a una eventual mejora de los precios internacionales. Recuperar animales implica tiempo, inversión y condiciones productivas adecuadas.
Por eso, el reclamo de las entidades combina medidas inmediatas con una planificación de mayor alcance.
Uno de los aspectos más sensibles del diagnóstico es la posibilidad de que algunos productores abandonen definitivamente la actividad.
La pérdida de establecimientos implica algo más que una disminución temporal del número de animales. Cuando un campo deja de operar durante períodos prolongados, recuperar su capacidad productiva puede requerir nuevas inversiones, infraestructura y recomposición del rodeo.
Los productores advierten que esa situación ya está ocurriendo en algunas zonas y que podría profundizarse si no aparecen respuestas.
La preocupación también tiene una dimensión territorial. La ganadería permite mantener actividad económica y población en áreas alejadas de los principales centros urbanos. Una reducción sostenida de los establecimientos puede afectar la dinámica de pequeñas localidades y comunidades rurales.
Por eso, las entidades consideran que la política ganadera debe ser abordada como una cuestión productiva y también como una estrategia de desarrollo territorial.
El nuevo reclamo de las organizaciones rurales llega después de un período extenso de reuniones y conversaciones con funcionarios. El mensaje es que el sector considera agotada la etapa de los diagnósticos.
“Después de más de 20 reuniones, ya no alcanza con nuevos diagnósticos ni compromisos. Necesitamos respuestas concretas, decisiones, gestión y resultados. Y los necesitamos de manera urgente”, concluyeron las entidades, según Bichos de Campo.
El desafío para el gobierno de Chubut será convertir esos reclamos en una agenda concreta que permita detener la caída del stock y sostener a los productores que todavía permanecen en actividad.
La recuperación no será inmediata. Incrementar la cantidad de animales, mejorar los índices productivos y volver a poner en funcionamiento establecimientos que quedaron vacíos requiere tiempo. Pero la definición de una política estable podría establecer las condiciones necesarias para comenzar ese proceso.
Mientras tanto, el sector advierte que la pérdida de animales y productores continúa. El dato de Telsen, con una caída de unas 300.000 a 30.000 ovejas según el testimonio de productores, funciona como una referencia de la magnitud del problema.
La discusión que queda planteada ya no es solamente cómo resolver los inconvenientes de una campaña, sino cómo evitar que la ganadería pierda definitivamente capacidad productiva en amplias zonas de Chubut. Para las entidades rurales, el primer paso es contar con un plan de largo plazo y dejar atrás una sucesión de reuniones que, hasta ahora, no se tradujo en las respuestas que el sector reclama.