La mina Gualcamayo, ubicada en San Juan y operada por Aisa Group - Minas Argentinas, pasó de estar cerca del cierre a proyectar más de tres décadas de producción, a partir de nuevas inversiones, exploración y desarrollo tecnológico. Así lo explicó Nicolás Bareta, Head of Mining de la compañía, durante la tercera edición del Forbes Mining Summit, según informó Forbes.
El yacimiento está operativo desde 2008, aunque su historia de exploración comenzó varias décadas antes. El cambio de perspectiva llegó cuando Aisa Group tomó el control del activo y decidió revisar su potencial con una estrategia de largo plazo.
“Hoy se transformó un pasivo ambiental y social que estaba a punto de cerrar en un activo industrial importante y en uno de los motores de la economía de San Juan”, afirmó Bareta durante el encuentro.
El proyecto había presentado un plan de cierre ante las autoridades y atravesaba una etapa en la que tenía menos de un año de vida útil por delante. La compañía comenzó entonces a revisar la operación y a identificar qué sectores todavía podían generar valor.
La recuperación del precio del oro y la plata contribuyó a mejorar las perspectivas del proyecto. “Ese crecimiento revalorizó todas nuestras reservas y recursos”, explicó Bareta.
Pero la estrategia no se limitó al contexto internacional. Gualcamayo cuenta con una infraestructura construida durante años de operación, que incluye caminos, sistemas de captación de agua, comunicaciones, acceso a energía y una planta cuya infraestructura instalada supera los US$300 millones.

Esa base permitió que la empresa analizara una nueva etapa para el yacimiento, con foco tanto en la recuperación de recursos existentes como en la búsqueda de nuevos cuerpos mineralizados.
Uno de los principales proyectos es Carbonatos Profundos, un cuerpo descubierto en 2010 que se encuentra unos 700 metros por debajo de la antigua mina subterránea. El desarrollo podría convertirse en uno de los pilares de la futura producción de Gualcamayo.
Según explicó Bareta, el proyecto cuenta con alrededor de 7 millones de onzas en recursos, de las cuales aproximadamente 2,5 millones corresponden a reservas.
La estrategia combina tres líneas de trabajo: aprovechar la operación existente, profundizar la exploración y avanzar en el desarrollo de nuevos recursos. La lógica es que la actividad actual genere fondos para financiar parte de la exploración, mientras los nuevos descubrimientos permitan extender la producción.
“Lo que tenemos por delante es, ojalá, más de tres décadas de producción para la Argentina y para San Juan”, sostuvo el ejecutivo.
Para alcanzar ese objetivo, la compañía ya destinó cerca de US$20 millones a exploración, con una campaña superior a los 20.000 metros y la construcción de un túnel para obtener mayor información sobre el yacimiento.
Además, Aisa Group invirtió más de US$100 millones en la recuperación secundaria de las pilas de stock existentes, una iniciativa que implicó reacondicionar la planta y reestructurar instalaciones.
Bareta destacó que se trata de la primera recuperación secundaria de este tipo en la Argentina, lo que también demandó el desarrollo de capacidades y tecnología local.
El potencial de crecimiento es todavía mayor si se considera la superficie concesionada. Gualcamayo comprende más de 40.000 hectáreas, pero solo cerca del 4% fue explorado de manera intensiva.
“Hay vastísimas oportunidades para seguir trabajando”, afirmó Bareta.
El proyecto también se encuentra entre los primeros desarrollos mineros aprobados bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Para la compañía, este esquema aporta previsibilidad a inversiones que requieren grandes desembolsos y períodos prolongados para recuperar el capital.
Otro de los desafíos será incorporar tecnología para procesar minerales con características diferentes a los explotados históricamente. Carbonatos Profundos contiene material refractario, por lo que requerirá sistemas específicos de pretratamiento.
“Podemos dar un salto tecnológico para la Argentina”, señaló Bareta.
El contexto internacional es otro factor que favorece la estrategia. El alto precio del oro elevó el valor de reservas y recursos que en otros momentos podían resultar menos atractivos desde el punto de vista económico.
“Es época de vacas gordas, entonces hay que aprovechar ese excedente de producción y enfocarnos en nuevos proyectos, nuevas minas y exploración”, sostuvo.
La compañía busca aprovechar ese ciclo para reinvertir y fortalecer el proyecto antes de eventuales cambios en el mercado internacional.
A la expansión productiva se suma un componente energético. Aisa Group prevé desarrollar generación renovable propia para abastecer a Gualcamayo y tiene como objetivo que la mina funcione con 100% de energía renovable durante las próximas tres décadas.
El plan también contempla mantener una fuerte integración con la economía provincial. Según Bareta, más del 97% de los trabajadores de la operación viven en San Juan, un dato que la empresa considera central para el vínculo con las comunidades y los proveedores locales.
El caso Gualcamayo muestra cómo un proyecto minero que estaba próximo al cierre puede recuperar perspectivas de largo plazo cuando confluyen precios internacionales favorables, infraestructura existente, exploración, inversión y nuevas tecnologías. Para San Juan, la extensión potencial de la operación abre además la posibilidad de sostener durante décadas una actividad vinculada a la producción de oro, el empleo y la generación de nuevas inversiones.