La empresa frutícola Global Fresh concretó la adquisición del establecimiento El Curundú, en Lamarque, Río Negro, en una operación que incorpora más de 200 hectáreas implantadas con frutales, infraestructura de empaque y cerca de 500 hectáreas con potencial productivo. La compra, cuyo monto no fue informado oficialmente, se concretó como parte del proceso de expansión que la compañía, perteneciente a la familia Pérez, desarrolla en el Valle Medio, una zona estratégica para la producción de peras y manzanas en el norte de la Patagonia.
La operación amplía de manera significativa la plataforma productiva de Global Fresh y le permite sumar, además de superficie cultivada, activos que pueden favorecer una mayor integración de la cadena. Entre ellos se encuentra el galpón de empaque de El Curundú, equipado para tareas de acondicionamiento, clasificación, embalaje y conservación frigorífica de fruta.
El establecimiento también aporta una superficie relevante para futuros proyectos. De acuerdo con la información disponible, unas 500 hectáreas permanecen libres de producción, lo que abre la posibilidad de avanzar con nuevas plantaciones y ampliar la capacidad productiva de la compañía en los próximos años, informo LMNeuquen
La adquisición se inscribe en una estrategia que Global Fresh ya había comenzado a desplegar en Río Negro con la compra del establecimiento Chimpay. Con El Curundú, la firma consolida una presencia de mayor escala en el Valle Medio y suma capacidad para desarrollar nuevos montes frutales en una región que combina disponibilidad de tierras, infraestructura de riego y condiciones agroclimáticas favorables para la actividad.
El movimiento se produce, además, en un escenario complejo para la fruticultura argentina, marcado por el aumento de los costos, las dificultades de competitividad y la necesidad de alcanzar mayores volúmenes y eficiencia para sostener la presencia en los mercados internacionales. En ese contexto, el acceso simultáneo a tierras productivas, infraestructura de empaque y superficie disponible para futuras inversiones adquiere un valor estratégico para las empresas del sector.
La compra de El Curundú permite a Global Fresh avanzar en varios de esos frentes al mismo tiempo. La compañía no solo incorpora producción existente, sino también infraestructura y una reserva de tierras que podría convertirse en un componente central de su expansión.
El establecimiento tiene, además, una historia vinculada con algunas de las principales transformaciones de la fruticultura patagónica. El Curundú comenzó una etapa de fuerte desarrollo en 1992, cuando fue adquirido por Expofrut, empresa que estuvo bajo la conducción del empresario Giovanni “Nino” Bocchi.
En aquel momento, el proyecto contempló inversiones de gran magnitud para transformar el establecimiento en un polo productivo de escala. Entre las obras se incluyeron sistemas de riego, infraestructura agrícola, tecnología y nuevas plantaciones. De las aproximadamente 15.300 hectáreas que componían el establecimiento, más de 500 fueron sistematizadas para riego durante los primeros años del proyecto.
La dimensión de aquella iniciativa convirtió a El Curundú en uno de los emprendimientos agroindustriales de mayor escala de la Patagonia. Su desarrollo estuvo asociado al objetivo de incrementar la producción destinada a la exportación, particularmente de peras y manzanas, y abastecer a mercados internacionales, con especial presencia en Europa.
La evolución posterior de la actividad modificó ese escenario. La fruticultura argentina atravesó durante las últimas décadas una combinación de problemas estructurales que afectaron la rentabilidad de las explotaciones y la capacidad exportadora. El incremento de los costos internos, las dificultades para competir en el exterior y el deterioro de los márgenes de los productores impactaron también sobre grandes compañías integradas.
En ese contexto, Expofrut redujo progresivamente su actividad en el país hasta abandonar sus operaciones en Argentina en 2019. La salida de la empresa abrió una nueva etapa para los activos que había desarrollado en distintas zonas productivas de la Patagonia.
Después de la retirada de Expofrut, Grupo Prima, propietario de las marcas Moño Azul y Patagonian Fruit Trade, quedó a cargo de la administración de El Curundú y mantuvo la explotación del establecimiento mientras analizaba alternativas para sus activos.
La llegada de Global Fresh representa ahora un nuevo cambio de manos para el establecimiento y, al mismo tiempo, una señal sobre la transformación que atraviesa la estructura empresarial de la fruticultura regional. El proceso combina la concentración de superficies productivas con la búsqueda de mayor escala y una utilización más integrada de la infraestructura existente.
Para Global Fresh, el atractivo de la operación no se limita a las plantaciones que ya se encuentran en producción. Las variedades de nueva generación implantadas en parte de la superficie tienen como destino los mercados internacionales, lo que permite a la compañía incorporar una base productiva orientada a las exigencias de los consumidores y compradores externos.
A esto se suma el potencial de las tierras todavía disponibles. La incorporación de unas 500 hectáreas sin producción genera un margen considerable para definir nuevos proyectos agrícolas, renovar superficies o desarrollar plantaciones con variedades adaptadas a las demandas de los mercados de exportación.
La infraestructura de empaque constituye otro de los puntos relevantes de la operación. Contar con instalaciones para el acondicionamiento y conservación de la fruta dentro del mismo establecimiento puede facilitar la articulación entre la producción primaria y las etapas posteriores de la cadena. Para una compañía que busca ampliar su escala, esa integración puede traducirse en mayor capacidad operativa y en un mejor aprovechamiento de los volúmenes cosechados.
El avance de Global Fresh se produce en paralelo con una etapa de reconfiguración del mapa productivo del Valle Medio de Río Negro. La región mantiene un papel relevante dentro de la fruticultura provincial, aunque en las últimas décadas experimentó cambios importantes en la propiedad de las tierras, el modelo de explotación y el perfil de las inversiones.
La disponibilidad de recursos hídricos y de superficies aptas para nuevas plantaciones continúa siendo uno de los principales atractivos del área. La incorporación de establecimientos de escala, además, permite a las empresas planificar inversiones de largo plazo y distribuir costos de infraestructura y logística sobre una base productiva mayor.
En ese marco, la adquisición de El Curundú ubica a Global Fresh entre las compañías que están ampliando su presencia territorial en el norte patagónico. La firma de la familia Pérez suma así un activo de trayectoria histórica a un proyecto empresarial que busca ganar dimensión dentro de una actividad atravesada por la necesidad de mejorar productividad, eficiencia y capacidad exportadora.
El monto de la operación no fue comunicado oficialmente. Sin embargo, el valor estratégico de la adquisición está determinado por la combinación de activos que incorpora: superficie productiva, montes frutales, variedades orientadas a la exportación, infraestructura de empaque y tierras disponibles para nuevos desarrollos.
La compra también vuelve a poner en el centro de la escena a El Curundú, un establecimiento que desde la década de 1990 estuvo asociado a proyectos de gran escala dentro de la producción frutícola argentina. Más de tres décadas después de aquella transformación, el campo inicia una nueva etapa bajo la conducción de Global Fresh.
El desafío para la empresa será convertir los activos incorporados en una plataforma de crecimiento sostenido. La ampliación de superficie, la eventual implantación de nuevas hectáreas y el aprovechamiento de la infraestructura existente permitirán determinar el impacto que tendrá la operación sobre la producción futura.
Por ahora, la adquisición confirma una tendencia que atraviesa a la fruticultura del norte de la Patagonia: la búsqueda de escala mediante la concentración de tierras, la incorporación de tecnología y la integración de distintas etapas de la cadena productiva. En el caso de Global Fresh, la compra de El Curundú profundiza una estrategia iniciada con Chimpay y refuerza su posición en una de las principales zonas frutícolas de Río Negro.