El sorgo enfrenta un desafío inesperado: la genética avanza, pero el rinde argentino retrocede

Los nuevos híbridos superan los 15.000 kilos por hectárea, pero el promedio nacional cayó de 5.000 a 3.500 kilos en 15 años.

El sorgo enfrenta un desafío inesperado: la genética avanza, pero el rinde argentino retrocede
martes 08 de septiembre de 2026 - 10:53

Esorgo argentino atraviesa una contradicción que preocupa al sector agrícola: mientras la genética logró elevar de manera sostenida el potencial productivo del cultivo, el rendimiento promedio nacional cayó alrededor de 30% en los últimos 15 años. El dato fue destacado por Maizar, que advierte que los nuevos híbridos ya pueden superar los 15.000 kilos por hectárea, mientras que la producción efectiva de los lotes argentinos se ubica actualmente cerca de los 3.500 kilos. La situación vuelve a poner el foco, de cara a la campaña 2026/27, en el manejo agronómico, la inversión y las condiciones en las que se produce el cereal.

La diferencia entre el potencial genético y el rendimiento que finalmente se obtiene a campo se convirtió en uno de los principales desafíos para el cultivo. Según la entidad, los nuevos materiales incorporaron en los últimos años una ganancia genética de entre 65 y 70 kilos de grano por hectárea por año, una evolución que permitió ampliar de manera significativa el techo productivo.

Sin embargo, esa mejora no se trasladó al promedio nacional. Hace aproximadamente 15 años, el rendimiento argentino rondaba los 5.000 kilos por hectárea. Actualmente, se encuentra alrededor de los 3.500 kilos, de acuerdo con los datos difundidos por Maizar.

La explicación no estaría vinculada con una falta de innovación en los materiales disponibles. Por el contrario, el mercado cuenta con una oferta genética cada vez más amplia. El problema pasa por las condiciones en las que buena parte de esos híbridos son implantados y manejados.

Un cultivo desplazado hacia ambientes de menor potencial

Maizar atribuye parte de la brecha a las decisiones productivas que se tomaron durante los últimos años. El avance de soja y maíz, favorecido en distintos períodos por sus perspectivas comerciales y los precios internacionales, llevó al sorgo a ocupar en muchos casos ambientes de menor potencial productivo.

Ese desplazamiento también tuvo consecuencias sobre el nivel de inversión. En numerosos planteos, el sorgo quedó relegado frente a otros cultivos y recibió menores niveles de atención en aspectos como la fertilización y la nutrición.

La consecuencia fue una distancia cada vez mayor entre lo que un híbrido puede producir bajo condiciones adecuadas y el resultado que finalmente se obtiene en los lotes comerciales.

“La ganancia genética del sorgo viene creciendo consistentemente”, señaló Maizar en un comunicado, al remarcar que los avances permitieron alcanzar rendimientos superiores a 15.000 kilos por hectárea en determinadas condiciones.

El dato permite dimensionar el cambio tecnológico experimentado por el cultivo. La discusión actual no se centra tanto en la posibilidad de aumentar el potencial productivo como en lograr que ese potencial se transforme en más kilos cosechados.

Para la campaña 2026/27, la entidad planteó precisamente ese objetivo. “El desafío de la campaña 2026/27 es transformar el potencial genético en rendimiento, rentabilidad y mayor valor para los sistemas productivos”, sostuvo Maizar.

La frase resume uno de los principales puntos de la discusión: disponer de genética superior no garantiza por sí mismo una mayor producción. El resultado final depende de un conjunto de decisiones tomadas antes y durante el ciclo del cultivo.

Las decisiones que pueden definir el rendimiento

Entre las variables más relevantes aparece la fecha de siembra. Maizar recomienda evitar que el sorgo sea desplazado hasta el final de la ventana disponible, porque una implantación demasiado tardía puede limitar la expresión del potencial productivo de los materiales.

La densidad de plantas constituye otro de los factores que requieren ajuste. Las condiciones ambientales y las características de cada lote determinan cuál es la población adecuada para buscar el mejor equilibrio entre rendimiento y disponibilidad de recursos.

También adquiere importancia el historial químico del lote. La entidad llama la atención sobre el denominado carryover de herbicidas, es decir, la persistencia de determinados productos en el suelo que puede afectar el desarrollo del cultivo posterior.

La nutrición ocupa un lugar central dentro de este esquema. Si el sorgo recibe una menor inversión en fertilización, su capacidad para expresar el potencial de un híbrido moderno queda limitada, especialmente en ambientes donde la disponibilidad de nutrientes constituye un factor determinante del rendimiento.

El momento de cosecha completa el conjunto de decisiones señaladas por la entidad. Una planificación inadecuada puede provocar pérdidas y reducir la cantidad de grano que finalmente llega a la tolva.

El planteo, en definitiva, supone cambiar la mirada sobre el sorgo. Si el cultivo cuenta con materiales capaces de superar ampliamente los rendimientos actuales, el desafío consiste en adaptar el manejo para cerrar parte de esa brecha.

Más genética y nuevas herramientas

El avance tecnológico del sorgo también puede observarse en la cantidad de materiales que llegan al mercado. Según Maizar, cada año se incorporan entre 65 y 70 nuevos híbridos, destinados a diferentes ambientes y objetivos productivos.

La oferta incluye materiales con características específicas para sistemas agrícolas y ganaderos, además de tecnologías orientadas al control de malezas y la protección frente a determinadas plagas.

Entre las alternativas disponibles aparecen tecnologías de tolerancia a herbicidas, incluidas las basadas en imidazolinonas, como iGrowth, Suron y Palladium.

También existen materiales con tolerancia al pulgón amarillo, una de las plagas que puede afectar al cultivo y comprometer su productividad.

La innovación genética se extiende además al uso del sorgo para silaje. En ese segmento se desarrollaron híbridos con características destinadas a mejorar la calidad y la digestibilidad del forraje, entre ellos los conocidos como BMR, identificados por su nervadura central de color marrón.

La diversidad de materiales permite, de esta manera, seleccionar híbridos según el ambiente, el destino de la producción y las características del sistema.

El desafío para productores y asesores será determinar cuáles de esas herramientas permiten obtener el mejor resultado en cada planteo y acompañarlas con prácticas de manejo acordes.

Una alternativa para diversificar las rotaciones

El escenario también puede abrir una oportunidad para el sorgo dentro de las rotaciones agrícolas. El cultivo ofrece características que pueden resultar útiles para diversificar los sistemas y distribuir riesgos entre diferentes especies.

Además de su utilización para la producción de grano, el sorgo puede integrarse en planteos ganaderos y aportar biomasa y recursos para la alimentación animal. Su inclusión en las rotaciones también puede contribuir a mejorar la estructura y estabilidad del suelo, dependiendo del sistema productivo y las prácticas aplicadas.

Existe, además, un factor sanitario que puede favorecer su incorporación a determinados esquemas agrícolas. El sorgo no es hospedante de la chicharrita del maíz, Dalbulus maidis, uno de los principales problemas sanitarios que enfrenta actualmente el cultivo de maíz.

Esta característica lo convierte en una alternativa posible dentro de estrategias de diversificación, especialmente en zonas donde la presión de la plaga condiciona las decisiones sobre la superficie destinada al cereal.

No significa que el sorgo pueda reemplazar al maíz en todos los ambientes ni que esté exento de riesgos agronómicos. Pero sí amplía las alternativas disponibles para productores que buscan reducir la concentración de superficie en determinados cultivos.

El desafío de convertir tecnología en producción

La situación del sorgo expone una problemática que trasciende a este cultivo: la diferencia entre el rendimiento potencial que permite alcanzar la tecnología y el resultado promedio de los sistemas productivos.

La genética puede aportar materiales cada vez más eficientes, pero la expresión de ese potencial depende de factores ambientales, decisiones de manejo y nivel de inversión.

En el caso del sorgo, la brecha resulta particularmente visible. Mientras el promedio nacional se ubica cerca de los 3.500 kilos por hectárea, existen híbridos capaces de superar varias veces ese rendimiento en condiciones favorables.

La diferencia no significa que esos máximos puedan trasladarse automáticamente a toda la superficie argentina. Los resultados de ensayos o lotes de alto potencial no representan el promedio de la producción nacional. Pero sirven para mostrar hasta dónde llegó el techo tecnológico del cultivo y cuánto margen existe para mejorar el rendimiento comercial.

Para Maizar, la oportunidad está en aprovechar de manera más precisa las herramientas que ya están disponibles. La elección del híbrido debe combinarse con una fecha de siembra adecuada, una densidad acorde al ambiente, una estrategia nutricional suficiente, el análisis del historial de herbicidas y una cosecha realizada en el momento correcto.

El desafío de la campaña 2026/27 será, por lo tanto, cerrar parte de la distancia entre la genética y el campo. En un contexto de costos elevados y necesidad de mejorar la rentabilidad, aumentar los kilos por hectárea puede ser determinante para recuperar atractivo económico.

El sorgo dispone hoy de una oferta tecnológica que hace 15 años no existía. También conserva ventajas para los sistemas mixtos y puede desempeñar un papel en estrategias de diversificación agrícola y sanitaria.

La paradoja es que esa evolución genética convive con un rendimiento promedio nacional inferior al de comienzos de la década pasada. El desafío del sector será lograr que la innovación deje de reflejarse únicamente en el potencial de los nuevos híbridos y tenga una mayor expresión en los resultados comerciales.

Como sintetizó Maizar, “Con genética adecuada y un manejo más preciso, el sorgo tiene la oportunidad de recuperar productividad y consolidar su lugar como una alternativa estratégica para la agricultura y la ganadería argentina”.

 

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