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Maíz argentino: la campaña 2025/26 alcanza un récord y vuelve a poner al país entre los grandes exportadores

La producción ronda las 70 millones de toneladas y combina más superficie, mejores rindes, tecnología y condiciones climáticas favorables.

Maíz argentino: la campaña 2025/26 alcanza un récord y vuelve a poner al país entre los grandes exportadores
jueves 10 de septiembre de 2026 - 11:08

La campaña de maíz 2025/26 alcanzó un récord histórico de producción en Argentina, con una cosecha estimada de entre 70 y 71,5 millones de toneladas, según la fuente y la metodología utilizadas. El resultado se explica por el aumento del área sembrada, rendimientos superiores a los de campañas anteriores, una disponibilidad hídrica favorable y el uso extendido de genética, fertilización, maquinaria y herramientas de agricultura de precisión. El desempeño vuelve a posicionar a Argentina entre los principales actores del mercado internacional del cereal, en un contexto de fuerte demanda global y con una previsión de exportaciones que llegó a 41 millones de toneladas. La información fue publicada por TodoAgro en un análisis firmado por el ingeniero agrónomo Gustavo Huesca Pérez.

El volumen alcanzado representa un salto significativo respecto de la campaña anterior y se produce junto con otro máximo: la superficie destinada al cultivo también llegó a niveles récord. Los datos oficiales citados por TodoAgro ubican el área maicera en aproximadamente 11,6 millones de hectáreas, frente a unas 9,2 millones en el ciclo previo. La Bolsa de Comercio de Rosario, con una metodología diferente, calcula una superficie cercana a 11 millones de hectáreas. Más allá de la diferencia entre ambas estimaciones, las cifras coinciden en mostrar una expansión considerable del cultivo.

A ese crecimiento del área se sumó el rendimiento. El promedio nacional superó los 7.200 kilos por hectárea, aunque en varias regiones los resultados fueron considerablemente mayores. De esta manera, el récord productivo no obedeció únicamente a una mayor superficie implantada: también hubo más producción por unidad de superficie.

El clima fue favorable, pero no explica todo

La disponibilidad de agua tuvo un papel central durante la campaña. Después de varios ciclos afectados por sequías, temperaturas extremas y restricciones hídricas, buena parte de las principales regiones agrícolas recibió condiciones ambientales más favorables durante el período 2025/26.

La Secretaría de Agricultura atribuyó el resultado a una combinación de condiciones climáticas e hídricas favorables, incorporación tecnológica y manejo agronómico. El análisis publicado por TodoAgro remarca que la disponibilidad de agua fue determinante, pero que su aprovechamiento dependió de las decisiones tomadas en cada establecimiento.

Entre esas decisiones aparecen la elección de híbridos, la fecha de siembra, la densidad de plantas y el esquema de fertilización. También intervienen el manejo del agua, la estrategia frente a malezas y enfermedades, el control de insectos y la adaptación de las prácticas a las características específicas de cada lote.

La agricultura moderna trabaja cada vez más con la idea de que un mismo campo puede presentar diferentes ambientes productivos. La topografía, la profundidad del suelo, la disponibilidad de nutrientes y las limitaciones hídricas pueden variar dentro de una misma superficie, por lo que el manejo uniforme de toda una hectárea pierde relevancia frente a estrategias diferenciadas.

En ese proceso, la agricultura de precisión ganó protagonismo. Sembradoras de precisión, pilotos automáticos, monitoreo satelital, mapas de rendimiento, aplicación de dosis variables, sensores y herramientas para el seguimiento de plagas forman parte de un paquete tecnológico que permite tomar decisiones con mayor nivel de detalle.

El ingreso de herramientas digitales y de inteligencia artificial suma una nueva etapa a ese proceso, aunque su incorporación al campo argentino todavía se encuentra en desarrollo. El objetivo es mejorar la capacidad de análisis y ajustar las decisiones productivas a las condiciones particulares de cada ambiente.

La genética, uno de los factores detrás del salto productivo

Otro componente relevante es la evolución de los híbridos de maíz. El material genético disponible actualmente presenta características diferentes respecto de las variedades utilizadas décadas atrás, con avances orientados a elevar el potencial de rendimiento, mejorar la estabilidad y adaptar los cultivos a distintas condiciones ambientales.

Los ensayos realizados en diferentes regiones permiten comparar el comportamiento de los materiales y evaluar variables como rendimiento y estabilidad. El INTA participa de este tipo de evaluaciones sobre híbridos comerciales en diferentes ambientes productivos, según el análisis publicado por TodoAgro.

La combinación de genética y manejo agronómico permite aprovechar mejor las condiciones disponibles. Un cultivo con alto potencial genético requiere, sin embargo, agua y nutrientes suficientes en los momentos adecuados para expresar ese potencial.

Por eso, la fertilización constituye otro elemento de la ecuación. El manejo del nitrógeno, fósforo, azufre y zinc, junto con la definición de las dosis y el momento de aplicación, forma parte de las decisiones que inciden sobre el resultado final.

La conservación del agua y la estructura del suelo también tienen incidencia. En este punto, prácticas como la siembra directa y la rotación de cultivos forman parte de las estrategias destinadas a preservar recursos y sostener la productividad.

El desafío sanitario de la chicharrita

La campaña récord estuvo precedida por un problema sanitario que había generado fuertes pérdidas en algunas zonas: la presencia de Dalbulus maidis, conocida como chicharrita del maíz.

Luego de los inconvenientes registrados durante la campaña anterior, los productores incorporaron el riesgo sanitario a la planificación del nuevo ciclo. Entre las estrategias aplicadas estuvieron el ajuste de las fechas de siembra, el seguimiento más intenso de los lotes y un mayor control de la dinámica de la plaga.

La incidencia fue diferente según las regiones. El problema no desapareció, pero no impidió que la producción nacional alcanzara el máximo histórico. La experiencia dejó además información útil para mejorar el manejo sanitario en futuras campañas.

La evolución de la plaga muestra uno de los desafíos permanentes de la agricultura: la necesidad de adaptar las decisiones a problemas que pueden cambiar de una campaña a otra. El monitoreo y la prevención pasan a ocupar un lugar central cuando una enfermedad o un insecto puede afectar de manera significativa el rendimiento.

Un cereal que excede al campo

El récord de producción también tiene implicancias que van más allá del resultado obtenido en los establecimientos agrícolas. El maíz es utilizado como insumo para distintas cadenas productivas y forma parte de la elaboración de carne, leche, huevos, bioetanol, almidón y alimentos balanceados.

Por esa razón, un aumento importante de la cosecha puede generar efectos sobre diferentes sectores de la economía. El grano puede ser exportado directamente, pero también puede utilizarse como materia prima para procesos industriales que agreguen valor dentro del país.

El crecimiento de la producción vuelve a poner en discusión la posibilidad de avanzar hacia una mayor industrialización del maíz. El desarrollo de cadenas vinculadas con la transformación del cereal permitiría ampliar el impacto económico de cada tonelada producida y diversificar los productos destinados al mercado externo.

La cuestión adquiere relevancia porque Argentina dispone de una importante capacidad productiva, industrial y exportadora. Sin embargo, el aumento de los volúmenes no garantiza por sí mismo una mejora equivalente en los ingresos de los productores.

Más producción, pero también un desafío comercial

Una cosecha récord puede generar una presión adicional sobre los precios si el incremento de la oferta supera la capacidad de absorción del mercado en determinados momentos.

La Bolsa de Comercio de Rosario advirtió durante la campaña sobre el impacto que podía tener el elevado flujo de granos sobre los precios y el ritmo de comercialización, según el análisis publicado por TodoAgro. Por eso, el resultado productivo debe complementarse con decisiones vinculadas con almacenamiento, ventas, transporte y transformación industrial.

El escenario internacional ofrece oportunidades. China, la Unión Europea, México y distintos países del sudeste asiático utilizan maíz para alimentación animal, industria y producción de energía. La demanda de estos mercados contribuye a sostener la importancia del cereal en el comercio mundial.

En este contexto, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) elevó su estimación de exportaciones argentinas para la campaña 2025/26 hasta 41 millones de toneladas, ocho millones por encima de su cálculo anterior.

El dato refuerza la posición de Argentina como uno de los principales proveedores internacionales de maíz. Pero también plantea una cuestión interna: cómo transformar la capacidad de producir grandes volúmenes en una estrategia que permita capturar una mayor proporción del valor generado.

La logística, otro límite para el crecimiento

El aumento de la cosecha pone bajo presión a la infraestructura destinada a trasladar, almacenar y exportar los granos. Rutas, caminos rurales, ferrocarriles, camiones, acopios, puertos y terminales deben absorber un mayor volumen de mercadería durante períodos concentrados.

Los costos logísticos pueden reducir parte de la eficiencia obtenida en el lote. La distancia hasta los centros de comercialización y exportación, las condiciones de las rutas y la disponibilidad de alternativas ferroviarias tienen incidencia sobre el resultado económico final.

Una campaña récord, por lo tanto, no solo pone a prueba la capacidad de los productores. También exige respuestas de toda la cadena agroindustrial.

El almacenamiento es otro factor relevante. La posibilidad de diferir ventas y administrar el momento de comercialización puede adquirir mayor importancia cuando una cosecha abundante genera presión sobre los precios.

Sostener el rendimiento sin descuidar el suelo

El récord productivo también abre una discusión sobre la sustentabilidad. La posibilidad de obtener 70 millones de toneladas en una campaña no debería evaluarse únicamente por el volumen alcanzado, sino también por la capacidad de repetir esos resultados sin deteriorar los recursos naturales.

El maíz aporta biomasa y cobertura y tiene un papel importante dentro de las rotaciones agrícolas. Las investigaciones del INTA destacan su aporte a la sustentabilidad de los sistemas productivos, según el análisis publicado por TodoAgro.

La reposición de nutrientes, el manejo de la fertilización, la conservación del suelo y el uso eficiente del agua forman parte de los factores que deberán acompañar el crecimiento de la producción.

El desafío, entonces, no pasa solamente por establecer un nuevo récord. También consiste en mantener altos rendimientos a lo largo del tiempo.

La campaña 2025/26 dejó una combinación poco frecuente: más superficie, mejores rendimientos y condiciones climáticas favorables, apoyadas por tecnología, genética y conocimiento agronómico. El resultado fue una producción que ronda las 70 millones de toneladas y que vuelve a colocar al maíz argentino en el centro del escenario internacional.

El próximo paso será determinar cuánto de ese potencial puede convertirse en valor agregado, exportaciones, empleo y desarrollo industrial. La cosecha demostró la capacidad productiva del campo argentino. El desafío ahora es que la infraestructura, la industria y el sistema comercial acompañen ese crecimiento y permitan aprovechar de manera sostenible el volumen generado.

 

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