La industria forestal argentina busca transformar la crisis que atraviesan los pequeños y medianos aserraderos en una oportunidad de exportación hacia Estados Unidos, a partir de una mayor especialización y de la fabricación de productos de madera con valor agregado. El planteo fue realizado por Pablo Franzini, CEO de Arauco Argentina y vicepresidente global del negocio de maderas del grupo chileno, durante una jornada de la Asociación Forestal Argentina (AFOA) realizada el viernes pasado en Posadas, donde sostuvo que el mercado estadounidense de viviendas ofrece un espacio de crecimiento para las empresas argentinas si logran mejorar costos, tecnología y logística.
La propuesta adquiere relevancia en un sector integrado por entre 300 y 400 aserraderos pequeños y medianos, principalmente en Misiones y Corrientes, que atraviesan una etapa de fuerte contracción por la caída de la construcción y del consumo interno, además de las dificultades para colocar producción en el exterior. Según la información publicada por La Nación,realizada por Martín Boerr,decenas de establecimientos ya cerraron o suspendieron sus operaciones, mientras distintas entidades buscan herramientas para determinar qué empresas pueden continuar y cuáles necesitan reconvertirse.
Franzini, que conoce de primera mano el mercado norteamericano después de más de una década de trabajo en Estados Unidos, utilizó una expresión deportiva para definir el desafío: “la NBA de la madera”. Con esa referencia apuntó al segmento de viviendas estadounidense, un mercado que, según explicó, ofrece oportunidades mucho mayores que la venta de madera aserrada como commodity.
“Conozco bien este mercado, y ahí tenemos una oportunidad si la sabemos aprovechar, si vamos todos juntos como cadena y si pensamos en especializarnos, agregar valor y ser muy eficientes, bajar costos, porque estamos compitiendo con otras empresas en EE.UU., España, Vietnam, Indonesia”, señaló Franzini en declaraciones recogidas por La Nación.
El ejecutivo planteó que la oportunidad no consiste simplemente en aumentar el volumen de tablas exportadas, sino en avanzar hacia una industria capaz de fabricar componentes terminados o semiterminados para viviendas. Entre los productos mencionó molduras, piezas para puertas y ventanas, revestimientos, elementos para cocinas y baños, armarios y otros componentes utilizados tanto en el interior como en el exterior de las casas.
“No tenemos que pensar en la tabla de madera 4x2 que es un commodity, sino en agregar valor, con partes como los bordes de puertas, ventanas, molduras, partes de la cocina y una enorme cantidad de componentes”, afirmó Franzini, según La Nación.
La dimensión del mercado explica el interés. Durante su exposición, el titular de Arauco Argentina señaló que en Estados Unidos se construyen alrededor de 1,4 millones de viviendas por año y estimó en US$521.000 millones el mercado de reparación de casas. También describió al negocio inmobiliario residencial estadounidense como un mercado de varios trillones de dólares.
A ese escenario se suma un fenómeno demográfico que Franzini considera determinante para los próximos años: la transferencia de riqueza entre generaciones. Los baby boomers, nacidos entre 1946 y 1964, comenzaron a transferir patrimonio a sus hijos, una generación que, según el ejecutivo, demora más que sus padres en acceder a una vivienda propia.
“El principal activo que tenemos todos es la casa, y en los Estados Unidos está por producirse una transferencia enorme de riqueza de los baby boomers (nacidos entre 1946 y 1964) a sus hijos y que todavía no compraron sus casas”, sostuvo Franzini, de acuerdo con lo publicado por La Nación.
El cambio en la edad de acceso a la vivienda también forma parte de su diagnóstico. “Antes en Estados Unidos la gente se compraba la casa a los 30 años o antes, ahora lo hace a los 40 años”, afirmó el ejecutivo.
Para las empresas argentinas, sin embargo, ingresar en ese mercado no será automático. Franzini remarcó que la posibilidad depende de alcanzar competitividad en toda la cadena productiva, desde la eficiencia industrial hasta el transporte y la comercialización. La competencia internacional incluye proveedores instalados en Estados Unidos y productores de países como España, Vietnam e Indonesia.
Uno de los principales obstáculos es la logística. Las empresas forestales de Misiones y Corrientes deben trasladar su producción hasta puertos ubicados a cientos de kilómetros de los centros productivos. Franzini señaló que, en algunos casos, el costo de transportar los contenedores unos 1000 kilómetros hasta Buenos Aires, Zárate o Rosario puede superar el costo del posterior traslado marítimo hasta el destino internacional.
En ese contexto, el uso de las vías fluviales aparece como una alternativa estratégica. “Acá claramente hay una enorme oportunidad para la Argentina pero siempre y cuando podamos ser competitivos en toda la cadena, recién hablaba de la logística, el río es una oportunidad”, dijo Franzini, según La Nación.
La transformación industrial también aparece como una condición para la supervivencia de las pymes. “Otro punto es la innovación; tenemos que elaborar productos más sofisticados, de valor agregado, no podemos ir para adelante haciendo puro commodity”, sostuvo el ejecutivo. Entre las alternativas enumeró molduras, componentes para puertas y ventanas, revestimientos o sidings, piezas para cocinas, baños y armarios.
El desafío se presenta mientras el sector atraviesa una etapa de concentración. Las grandes inversiones que se proyectan para la forestoindustria podrían ampliar la capacidad productiva argentina, pero también elevar la presión sobre los establecimientos de menor escala que no puedan modernizarse.
La jornada de AFOA mostró precisamente esa dualidad. Mientras las pymes enfrentan problemas de costos, financiamiento y demanda, grandes compañías anunciaron o ratificaron proyectos de inversión. Entre las firmas mencionadas estuvieron Arpulp, con una iniciativa de US$2000 millones para una planta de celulosa en Ituzaingó; Central Puerto, con US$90 millones destinados a un aserradero en Santa Rosa; ACON Timber, que ya invirtió US$120 millones en Virasoro, y Cambium Timber, con una inversión de US$20 millones en la misma localidad correntina.
La forestoindustria, además, está incluida entre los sectores alcanzados por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Franzini se mostró favorable al rumbo económico impulsado por el Gobierno de Javier Milei y consideró que algunos de los obstáculos actuales —como la inflación y las altas tasas de interés— podrían modificarse en el futuro.
“El principal freno hoy es la inflación, la tasa de interés, claramente puede ser que estos obstáculos no estén en el futuro”, afirmó, de acuerdo con La Nación.
La situación de las pymes, de todos modos, continúa siendo uno de los puntos críticos. La Federación Argentina de la Industria de la Madera y Afines (FAIMA) puso en marcha un esquema denominado “hospital pyme”, orientado a diagnosticar la situación de las empresas y sus posibilidades de continuidad.
Durante el encuentro también quedó expuesta la preocupación de los empresarios por los costos estructurales. Hugo Durán, un empresario pyme de Eldorado, planteó ante el subsecretario de Producción Agropecuaria y Forestal, Manuel Chiappe, las dificultades para competir cuando se mantienen elevados los impuestos y el costo energético y, además, Misiones carece de conexión al gasoducto.
La respuesta de Chiappe fue una frase que, según relató, había escuchado de un venezolano que trabajaba como conductor de Uber y que la había aprendido de su padre: “No hay que quejarse, porque los lamentos traen pobreza”.
El debate sintetiza el momento que atraviesa la industria forestal argentina: una elevada disponibilidad de recursos y nuevos proyectos de inversión conviven con empresas pequeñas que necesitan capital, tecnología, escala y mejores condiciones logísticas para sobrevivir. Para Franzini, la salida puede estar en mirar más allá del mercado doméstico y apuntar a un consumidor de enorme escala.
El desafío, en ese caso, no será vender más madera sino vender productos capaces de integrarse a una vivienda estadounidense, con estándares de calidad, costos competitivos y una cadena de abastecimiento confiable. Para las pymes forestales de Misiones y Corrientes, esa transformación podría marcar la diferencia entre quedar relegadas a un mercado interno deprimido o convertirse en proveedoras de uno de los mayores mercados habitacionales del mundo.