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El vino argentino pierde participación global y enfrenta el desafío de recuperar mercados y valor

Las exportaciones crecieron en volumen en 2026, pero los precios cayeron y el país perdió participación frente a sus competidores

El vino argentino pierde participación global y enfrenta el desafío de recuperar mercados y valor
lunes 07 de septiembre de 2026 - 08:46

La vitivinicultura argentina perdió participación en el comercio mundial de vino durante los últimos años y enfrenta el desafío de recuperar mercados y valor por cada litro exportado, según un informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) difundido por Bichos de Campo. El análisis, publicado el 4 de septiembre de 2026, advierte que la pérdida de competitividad no responde solamente a la evolución del tipo de cambio: también intervienen los costos internos, la logística, las estrategias comerciales y los cambios en los hábitos de consumo internacional.
El dato que resume el deterioro es la participación argentina en las exportaciones mundiales. El país llegó a explicar cerca del 4,7% del comercio internacional de vino hacia fines de la década de 2000, pero esa proporción descendió hasta aproximadamente 2,1% en 2025.

IERAL plantea que la situación combina dos fenómenos. Por un lado, el mercado internacional se redujo. Por otro, la Argentina perdió posiciones frente a otros países productores y exportadores.

“Argentina no sólo enfrenta un mercado mundial menos dinámico: también capta actualmente una proporción mucho menor del comercio internacional que en sus mejores años”, sostiene el informe de IERAL, según Bichos de Campo.

La caída resulta especialmente visible en Mendoza, principal provincia exportadora de vinos del país. Allí, la evolución de las ventas externas de vinos varietales fraccionados, entre ellos el Malbec, permite observar el retroceso de una de las categorías más representativas de la vitivinicultura argentina.

Entre 2010 y el primer semestre de 2026, el volumen exportado de esos vinos cayó 36%. El deterioro también alcanzó al precio. Después de haber registrado una mejora del 24% hasta mediados de la década pasada, el valor real se encuentra actualmente 7% por debajo del nivel de 2010.

“Comparado con 2010, el deterioro de los ingresos exportadores se explica principalmente por las menores cantidades vendidas, a lo que se agrega una reducción del precio real obtenido”, señala IERAL en el informe citado por Bichos de Campo.

Un mercado mundial que también se achicó

La pérdida de posiciones de la Argentina ocurre en un contexto internacional menos favorable para la industria. El consumo mundial de vino dejó atrás el crecimiento que había mostrado durante buena parte de las décadas de 1990 y 2000 y comenzó a contraerse.

Según el informe, el consumo global pasó de alrededor de 244 millones de hectolitros en 2017 a unos 208 millones en 2025. En ocho años, la reducción fue cercana al 15%.

El escenario internacional, por lo tanto, ayuda a explicar parte de la menor demanda sobre los vinos argentinos. Pero el diagnóstico del IERAL apunta a una diferencia relevante: la contracción mundial no alcanza para explicar por sí sola la pérdida de participación del país.

“Las menores exportaciones argentinas se producen efectivamente en un contexto internacional menos favorable”, reconoce el trabajo. Pero también advierte: “Para un país exportador importa no sólo cuánto vino se consume, sino cuánto de ese consumo se comercializa internacionalmente”.

El comportamiento de los principales destinos permite observar esa diferencia con mayor claridad.

Brasil muestra que todavía hay espacio para crecer

El caso de Brasil aparece como uno de los ejemplos más significativos. A diferencia de lo ocurrido con el consumo mundial, el mercado brasileño incrementó de manera importante sus compras de vino importado.

Las importaciones brasileñas de vinos fraccionados pasaron de unos US$44 millones hacia fines de la década de 1990 a cerca de US$299 millones durante los primeros siete meses de 2026, calculadas a valores constantes.

Argentina también incrementó sus ventas hacia ese destino, pero a un ritmo inferior al crecimiento del mercado. Como consecuencia, su participación cayó desde aproximadamente 26% a mediados de los años 2000 hasta cerca del 19% en 2026.

El informe considera que este comportamiento demuestra que la pérdida de participación argentina no puede explicarse únicamente por una reducción de la demanda.

“No puede atribuirse la pérdida de participación a un mercado que se achicó: Brasil compró mucho más vino, pero Argentina no logró acompañar plenamente ese crecimiento”, señala IERAL, según Bichos de Campo.

El caso brasileño resulta relevante porque muestra que existen mercados donde la demanda ofrece oportunidades de crecimiento, aunque la Argentina enfrenta dificultades para capturarlas en la misma proporción que sus competidores.

Estados Unidos, un mercado en retroceso

La situación es diferente en Estados Unidos, donde el mercado importador sí sufrió una contracción.

Las importaciones de vinos fraccionados estadounidenses disminuyeron 32% en once años. Sin embargo, la participación argentina cayó todavía más: pasó de un máximo de 8,2% a 3,7% en 2026.

Para IERAL, esto significa que la reducción del mercado estadounidense explica una parte del retroceso argentino, pero tampoco constituye una explicación completa.

“En consecuencia, la contracción del mercado estadounidense explica una parte de la caída, pero Argentina además perdió participación dentro de ese mismo mercado”, sostiene el informe citado por Bichos de Campo.

El contraste entre Brasil y Estados Unidos permite establecer una conclusión: la evolución de las exportaciones argentinas depende tanto del comportamiento de la demanda internacional como de la capacidad de las bodegas y empresas locales para competir dentro de cada mercado.

El dólar no explica todo

La evolución del tipo de cambio real también aparece entre los factores que ayudan a entender el desempeño exportador.

Después de la salida de la Convertibilidad, la fuerte mejora del dólar en términos reales coincidió con una expansión de las exportaciones de vino y con un aumento de la participación argentina en el comercio mundial. A medida que esa ventaja cambiaria se redujo, el país comenzó a perder posiciones.

El IERAL estima que el tipo de cambio real oficial se ubicó en $1.537 a precios de julio de 2026. Ese nivel supera al registrado durante algunos períodos de mayor apreciación cambiaria, como 1996 o 2016, aunque se mantiene por debajo de los valores observados durante los años posteriores a 2002.

Sin embargo, el informe advierte contra una explicación exclusivamente cambiaria.

“No conviene atribuir toda la evolución al dólar”, plantea IERAL, porque la competitividad del vino también depende de los “costos internos, logística, estrategia comercial y condiciones específicas de cada mercado”.

Esto implica que una eventual mejora del tipo de cambio podría favorecer a las exportaciones, pero no resolvería por sí misma los problemas estructurales que enfrenta el sector.

Más litros, pero menos valor por exportación

Los datos más recientes muestran una señal positiva, aunque con matices. Durante el primer semestre de 2026, las exportaciones argentinas de vino aumentaron 14% en volumen, pero el crecimiento en valor fue de apenas 3%.

La diferencia se explica por una caída cercana al 10% en el precio promedio. Además, parte del aumento de los litros exportados estuvo relacionado con el mayor dinamismo de los vinos a granel, una categoría diferente de los vinos fraccionados que históricamente tuvieron un papel central en la construcción de la presencia internacional argentina.

El resultado plantea una cuestión central para la industria: exportar una mayor cantidad física no necesariamente significa obtener un incremento proporcional de los ingresos.

“Vender más volumen no implica necesariamente recuperar en igual medida el valor exportado”, advierte IERAL. El organismo considera que el repunte de 2026 no modifica el deterioro de largo plazo observado en los vinos fraccionados mendocinos.

La evolución de los precios adquiere mayor importancia en un contexto donde los costos de producción y comercialización pueden reducir los márgenes de las empresas exportadoras.

Cambios en los consumidores

A los factores cambiarios y comerciales se suma una transformación de la demanda internacional.

El informe destaca cambios en las preferencias de los consumidores, con una mayor inclinación hacia vinos blancos, rosados, productos más frescos, de menor graduación alcohólica y nuevos formatos. Al mismo tiempo, algunos tintos tradicionales de precio medio enfrentan una demanda más débil.

La adaptación de la oferta aparece así como otro de los desafíos para la industria argentina. Una respuesta más lenta a los cambios en las preferencias puede traducirse en pérdida de participación incluso si las condiciones cambiarias mejoran.

“Si la oferta argentina se adapta con mayor lentitud a esos cambios, puede perder participación aun sin un deterioro adicional del tipo de cambio”, advierte IERAL.

La discusión, por lo tanto, excede el precio del dólar. La competitividad depende también de la capacidad de las empresas para desarrollar productos acordes con la demanda, reducir costos, mejorar la logística y consolidar estrategias comerciales específicas para cada destino.

El desafío de recuperar participación y precio

El diagnóstico del IERAL combina dos problemas que se retroalimentan. El primero es la reducción del mercado mundial del vino. El segundo es la pérdida de participación argentina dentro de ese mercado.

“Las exportaciones siguen al mundo, porque un mercado global más pequeño reduce las oportunidades de venta; pero también siguen a las condiciones de Argentina, porque el país puede ganar o perder participación dentro de ese mercado”, señala el informe.

Por eso, la recuperación del sector no dependerá de un único factor. El trabajo apunta a la necesidad de avanzar sobre los costos internos, la logística, la estrategia comercial y la adaptación de la oferta, además de las condiciones cambiarias.

La fotografía de 2026 muestra una industria que logró incrementar los litros exportados, pero que todavía no recuperó el valor perdido durante los últimos años. El retroceso de los vinos fraccionados mendocinos y la menor participación argentina en mercados como Brasil y Estados Unidos reflejan la magnitud del desafío.

La conclusión del IERAL resume el objetivo que enfrenta la vitivinicultura argentina: “Recuperar exportaciones supone entonces no sólo vender más litros, sino también recuperar cuota y valor por litro”.

Para una actividad que construyó durante décadas una marca internacional asociada a variedades como el Malbec, el desafío ya no consiste solamente en aumentar el volumen producido. La clave será recuperar espacio en los mercados internacionales y conseguir que ese crecimiento se traduzca en mayores ingresos por cada litro exportado.

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