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Exportaciones de sebo bovino: el salto de Argentina que cambió el destino de un subproducto de la carne

Argentina multiplicó por 20 sus envíos de sebo bovino en una década, impulsada por la demanda de biocombustibles de Estados Unidos.

Exportaciones de sebo bovino: el salto de Argentina que cambió el destino de un subproducto de la carne
jueves 17 de septiembre de 2026 - 09:12

Las exportaciones argentinas de sebo bovino alcanzaron 154.808 toneladas en 2025, un volumen que representa más de 20 veces el registrado una década antes y que convirtió a este subproducto de la faena en una categoría de creciente importancia dentro del comercio agroindustrial. El dato surge de un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) elaborado por Ana Rubiconi, Bruno Ferrari y Emilce Terré, difundido el 16 de septiembre de 2026. El cambio se explica principalmente por la transformación de la demanda internacional, en particular por el crecimiento de la industria estadounidense de diésel renovable, que incorporó grasas animales entre sus materias primas.

En 2015, Argentina había exportado apenas 6.819 toneladas de sebo bovino. Diez años después, los envíos llegaron a 154.808 toneladas, por un valor de US$125,2 millones. El incremento del volumen fue muy superior al registrado por la faena bovina durante el período: mientras la cantidad de animales procesados creció alrededor de 25% en casi quince años, las exportaciones de sebo aumentaron 4.480%, de acuerdo con los datos analizados por la BCR,indico TN

Exportaciones de sebo bovino: el salto de Argentina que cambió el destino de un subproducto de la carne

La diferencia permite observar que el crecimiento exportador no estuvo determinado únicamente por una mayor disponibilidad del producto en Argentina. El factor decisivo fue el cambio en el mercado internacional y, especialmente, la aparición de una demanda energética de gran escala.

Del frigorífico al mercado energético

El sebo bovino se obtiene a partir de la grasa que surge durante la faena y el procesamiento de los subproductos de la carne. Junto con el producto principal, que es la carne, los frigoríficos generan otros materiales como cueros, menudencias, huesos y tejidos grasos.

La grasa puede ser enviada a plantas especializadas de rendering, donde es sometida a altas temperaturas para separar sus componentes. De ese proceso se obtienen principalmente sebo y harina de carne y hueso.

Durante mucho tiempo, el sebo tuvo destinos industriales relativamente tradicionales, como la fabricación de jabones, cosméticos y velas, además de determinados usos en alimentación animal. La expansión de los combustibles renovables modificó ese escenario y abrió un mercado adicional de gran escala.

El cambio tuvo especial intensidad en Estados Unidos. Según los datos de la Energy Information Administration (EIA) citados en el informe, la producción estadounidense de diésel renovable pasó de unos 7,2 millones de barriles anuales a fines de 2018 a 69,4 millones en 2025. La mayor parte de la expansión se concentró durante 2022 y 2023.

A diferencia del biodiésel tradicional, el diésel renovable se produce mediante un proceso de hidrotratamiento y presenta características químicas equivalentes a las del diésel fósil. Esto permite utilizarlo sin las mismas restricciones de mezcla que existen para otros combustibles renovables.

El crecimiento de esa industria generó una demanda considerable de aceites y grasas y llevó a distintas refinerías a incorporar o ampliar instalaciones destinadas a su procesamiento. En ese contexto, el sebo bovino dejó de competir únicamente dentro de mercados industriales tradicionales y pasó a formar parte de la cadena de producción de combustibles renovables.

Por qué el sebo ganó importancia

La incorporación del sebo a la producción de combustibles renovables responde a características técnicas y regulatorias.

Desde el punto de vista de su composición, se trata de una grasa con un alto grado de saturación y un perfil de ácidos grasos comparable al del aceite de palma. Estas características permiten utilizarla como materia prima en procesos de hidrotratamiento destinados a producir diésel renovable y combustible de aviación sostenible.

Pero existe otro elemento determinante: la denominada intensidad de carbono.

Este indicador mide las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas con el ciclo de vida de un combustible por unidad de energía. Para calcularlo se consideran las diferentes etapas vinculadas con la producción de la materia prima y del combustible.

El esquema estadounidense asigna al sebo una intensidad de carbono relativamente baja porque el animal es criado principalmente para producir carne y la huella correspondiente a la actividad ganadera se asigna al producto principal. El cálculo del sebo comienza, en cambio, a partir de la etapa de rendering.

Esta metodología genera una ventaja frente a determinadas materias primas agrícolas. El aceite de soja, por ejemplo, es el producto principal de un cultivo y su cálculo incorpora las actividades vinculadas con la producción agrícola, como labores, fertilización, transporte y molienda.

A este esquema se suman los incentivos regulatorios estadounidenses. Entre ellos se encuentra el crédito 45Z, establecido por el Departamento del Tesoro, cuyo monto puede alcanzar un dólar por galón y se determina en función de la intensidad de carbono del combustible. También interviene el Low Carbon Fuel Standard de California, que establece objetivos para reducir la intensidad de carbono promedio de los combustibles comercializados en ese estado.

Estados Unidos cambió el mapa del comercio mundial

El impacto de esta nueva demanda también se observa en el comercio internacional. El volumen mundial de sebo bovino importado se mantuvo relativamente estable en los últimos años, alrededor de 2 millones de toneladas anuales. Lo que cambió de manera significativa fue quién compra ese producto y para qué lo utiliza.

Estados Unidos pasó de representar una participación marginal en las importaciones mundiales a concentrar más de la mitad del total en 2025. Al mismo tiempo, otros mercados redujeron progresivamente sus compras.

La modificación de los flujos comerciales también afectó a los principales países exportadores. Estados Unidos, que en 2015 ocupaba el segundo lugar entre los vendedores internacionales, cayó al sexto puesto en 2025. La explicación está vinculada con el uso creciente de su propia producción dentro de la industria de combustibles.

Ese espacio fue ocupado por otros grandes productores. Brasil, por ejemplo, pasó de exportar menos de 1.000 toneladas anuales y ocupar el puesto 31 del ranking mundial una década atrás a convertirse en el segundo exportador, con envíos cercanos a 402.000 toneladas en 2025. Australia se mantuvo como el principal exportador.

Argentina, entre los principales proveedores

Argentina también modificó su posición en el mercado mundial. En 2015 se encontraba en el puesto 15, con una participación de apenas 0,4% del comercio internacional. En 2025 alcanzó el cuarto lugar, con una participación del 7,8%, detrás de Australia, Brasil y Canadá.

El crecimiento estuvo acompañado por una modificación de los destinos. Entre 2018 y 2022, los principales compradores del sebo argentino eran Países Bajos y Brasil, mientras que Estados Unidos tenía una participación menor.

La situación cambió en los años siguientes. En el promedio correspondiente al período 2023-2026, con el último año todavía en curso al momento del análisis, Estados Unidos concentró cerca del 60% de las compras, mientras que Uruguay representó aproximadamente una cuarta parte. Brasil, por su parte, redujo significativamente su participación.

Existe además una diferencia importante respecto de otros países productores: la industria argentina de biocombustibles no utiliza grasas animales como materia prima. El biodiésel nacional se produce principalmente a partir de aceite de soja, por lo que el sebo bovino disponible puede destinarse a los mercados externos o conservar sus usos industriales tradicionales.

El desafío de las nuevas reglas estadounidenses

El mercado que impulsó buena parte de la expansión argentina también enfrenta modificaciones regulatorias.

A partir de 2026, el crédito 45Z dejó fuera de su elegibilidad al sebo bovino importado. En los primeros siete meses de 2026, los envíos argentinos hacia Estados Unidos registraron una caída de 4% interanual respecto del mismo período de 2025.

Sin embargo, la demanda estadounidense continúa superando su capacidad de abastecimiento interno. De acuerdo con el análisis de la BCR, los volúmenes importados siguen teniendo relevancia frente a las obligaciones crecientes de mezcla de biocombustibles. Además, el sebo mantiene otros mercados vinculados con la oleoquímica, la jabonería y la alimentación animal.

El fenómeno muestra cómo un subproducto tradicional de la industria frigorífica puede adquirir un nuevo valor cuando aparece una demanda capaz de modificar los flujos comerciales internacionales. En el caso argentino, el salto de 6.819 toneladas exportadas en 2015 a 154.808 toneladas en 2025 refleja no solo una expansión de las ventas externas, sino también la incorporación del sebo bovino a una cadena energética que hasta hace pocos años tenía una incidencia mucho menor sobre este mercado.

El cambio, además, conecta dos actividades históricamente vinculadas pero con dinámicas diferentes: la producción ganadera y la transición hacia combustibles de menor intensidad de carbono. Para Argentina, la evolución de esa demanda internacional abre un mercado adicional para un producto que durante décadas ocupó un lugar secundario dentro del complejo cárnico.

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