El agro argentino busca acelerar la incorporación de nuevas tecnologías a las semillas y generar reglas que permitan sostener la inversión en innovación. Ese fue uno de los ejes del intercambio entre Ignacio Bartolomé, CEO de GDM, y Alejandro Elsztain, CEO de Cresud, durante el Forum Nacional de Agronegocios de LIDE Argentina, donde ambos analizaron distintas alternativas para acompañar la evolución tecnológica del sector, según informó LA NACION en una nota de Mariana Reinke.
La conversación puso el foco en una oportunidad para la producción argentina: incorporar nuevas herramientas de mejoramiento genético, aumentar la eficiencia y desarrollar variedades con mejores características productivas.
Bartolomé destacó la importancia de contar con un marco que permita reconocer económicamente las inversiones realizadas por las empresas en investigación y desarrollo. Para el CEO de GDM, esto resulta clave para que nuevas tecnologías puedan llegar al productor argentino.

“Es una decisión de cada uno, que tiene que haber un marco para que el que quiera la tecnología la pague, el que no quiera no la pague”, sostuvo.
Entre las herramientas que están transformando el mejoramiento vegetal se encuentra la edición génica, que permite realizar modificaciones específicas en el ADN de las plantas y acelerar el desarrollo de nuevas variedades.
Durante el encuentro se mencionó la tecnología CRISPR-Cas9, que permite realizar modificaciones dirigidas y precisas. Según explicó Bartolomé, ya existen desarrollos aplicados en Argentina, Brasil y Estados Unidos, mientras la discusión sobre su llegada comercial también involucra el marco regulatorio.
“El gran tema en la Argentina que lo hablamos mucho es que esta tecnología está embebida en la semilla que vendemos”, explicó.

La apuesta de la industria apunta a que el avance tecnológico pueda traducirse en mayores rendimientos, eficiencia productiva y nuevas oportunidades para los productores.
Bartolomé señaló que GDM invierte actualmente en Argentina un dólar por hectárea de soja en investigación y desarrollo, mientras que en Brasil la inversión alcanza los cuatro dólares por hectárea. También mencionó una diferencia en la proporción de productores que pagan por la semilla: 40% en Argentina frente al 85% en Brasil.
Para el empresario, actualizar las reglas permitiría generar mejores condiciones para continuar invirtiendo en genética y tecnología. La legislación argentina sobre semillas tiene como referencia una normativa de 1973, anterior a la aparición de los cultivos transgénicos y de las nuevas herramientas de edición genética.

En ese proceso, la industria también desarrolló alternativas privadas. Bartolomé mencionó Sembrá Evolución, un esquema mediante el cual productores que acceden a determinadas tecnologías acuerdan contractualmente el pago correspondiente.
Según explicó, 30.000 productores ya firmaron acuerdos dentro de este sistema, un dato que para GDM refleja el interés de una parte del sector por acceder a nuevas herramientas tecnológicas.
El debate también incorporó la mirada de los productores y de las empresas agropecuarias. Elsztain coincidió en la importancia de la tecnología y aclaró que Cresud paga por ella, aunque planteó que la incorporación de nuevos costos debe acompañar la evolución de la rentabilidad del sector.
“Soy de los que pagan, te puedo decir eso. Pero se tienen que poner en los zapatos [de los productores] con un país que hizo algo que no es normal: las retenciones”, señaló.
Por eso, Elsztain propuso que el proceso sea gradual y pueda acompañar la reducción de los Derechos de Exportación.
“Creo que lo tienen que hacer de una forma también gradual para que el productor lo pueda aceptar”, afirmó.
El intercambio mostró que el desafío no pasa solamente por desarrollar nuevas tecnologías, sino también por crear las condiciones para que puedan ser adoptadas a gran escala.

En ese sentido, la genética aparece como uno de los principales motores de transformación del agro. Las nuevas variedades pueden apuntar a mejorar la absorción de carbono, reducir el riesgo de vuelco de las plantas, aumentar los rendimientos y adaptar los cultivos a diferentes condiciones productivas.
Durante el Forum Nacional de Agronegocios también se abordaron la competitividad, los costos y la apertura de nuevos mercados. Ignacio Lartirigoyen, presidente de Lartirigoyen, destacó la necesidad de mejorar la eficiencia agronómica y producir al menor costo posible.
Bartolomé, en tanto, puso el foco en el potencial que tiene Argentina para incorporar nuevas especies, desarrollar genética, agregar valor y ampliar sus mercados, con especial atención en regiones como el sudeste asiático y África.
De esta manera, el debate sobre la propiedad intelectual de las semillas se vincula con una discusión más amplia sobre cómo hacer que Argentina aproveche el avance tecnológico para producir más, mejorar su competitividad y consolidarse como proveedor global de alimentos.