Con el inicio de la temporada de nacimientos de la tucura sapo en la Patagonia, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) recomendó reforzar el monitoreo en Río Negro, Chubut y Santa Cruz para detectar los primeros focos y aplicar medidas de control antes de que la plaga alcance mayores densidades. El organismo señaló que los primeros nacimientos se producen entre fines del invierno y comienzos de la primavera, un período clave para la prevención debido a que los insectos son más vulnerables durante sus primeras etapas de desarrollo.
La advertencia apunta especialmente a productores, técnicos y otros actores vinculados con el territorio patagónico. El objetivo es identificar de manera anticipada la presencia de Bufonacris claraziana, una especie nativa que puede afectar los recursos forrajeros cuando se presenta en cantidades elevadas.
De acuerdo con el SENASA, la estrategia debe comenzar con recorridas periódicas y una vigilancia especial sobre aquellos lugares donde en temporadas anteriores se detectaron posturas o ejemplares de tucura sapo. La información reunida durante estos controles permite localizar los primeros focos y definir acciones antes de que la población se multiplique.
La detección temprana adquiere particular importancia porque el ciclo de la especie comienza con la emergencia de las ninfas desde el suelo. Durante los meses fríos, los huevos permanecen enterrados y, con el avance de la primavera, aparecen los primeros individuos jóvenes.
En esa etapa, el control puede resultar más efectivo debido a la mayor vulnerabilidad de los insectos. Para realizar tratamientos, el organismo sanitario recordó que deben utilizarse productos fitosanitarios autorizados por el SENASA.
La tucura sapo es un insecto herbívoro nativo de la Patagonia argentina. Su presencia se concentra principalmente en sectores de las provincias de Río Negro, Chubut y Santa Cruz.
A diferencia de otras especies de tucuras, no posee alas. Su desplazamiento se produce mediante saltos y caminatas sobre el terreno.
El insecto no constituye un riesgo directo para las personas. El problema aparece cuando las poblaciones alcanzan una densidad elevada, ya que pueden consumir una cantidad significativa de vegetación.
El impacto potencial se concentra sobre pastizales naturales, pasturas y cultivos, recursos que tienen una importancia central para las actividades ganaderas de la región.
En zonas donde la disponibilidad de forraje es determinante para sostener los sistemas productivos, la aparición de focos de alta densidad puede representar una presión adicional sobre los recursos disponibles.
Por ese motivo, el seguimiento de la población durante las primeras semanas posteriores a los nacimientos forma parte de una estrategia preventiva destinada a reducir el riesgo de expansión.
La especie tiene una generación anual y desarrolla su ciclo durante los meses posteriores a la salida de las ninfas. Los huevos permanecen protegidos en el suelo durante el invierno, hasta que las condiciones ambientales permiten el inicio de una nueva generación.
El SENASA remarcó que el manejo de la tucura sapo no depende exclusivamente de las aplicaciones para combatir los insectos. El esquema contempla distintas etapas, entre ellas el monitoreo, la identificación de los focos, el intercambio de información y la coordinación de las acciones de control.
En este contexto funciona la Mesa Interinstitucional para el Manejo de Tucuras en la Patagonia Argentina (MTP), un espacio destinado a coordinar el trabajo de los diferentes organismos e instituciones involucrados en la problemática.
La Mesa es coordinada por el SENASA y reúne a organismos públicos, instituciones científicas, gobiernos provinciales, entes y representantes del sector productivo, entre otros actores.
El propósito de esta articulación es mejorar la capacidad de respuesta frente a la aparición de focos. Para ello, se intercambian datos sobre la evolución de las poblaciones, se fortalecen las tareas de monitoreo y se coordinan acciones preventivas.
El trabajo conjunto también permite evaluar herramientas y tecnologías destinadas a mejorar la identificación y el seguimiento de la plaga. La generación de alertas tempranas constituye otro de los objetivos centrales de este esquema.
La participación de productores y comunidades resulta relevante porque son quienes pueden detectar cambios en el territorio y comunicar la aparición de ejemplares en zonas productivas o naturales.
Como parte de las herramientas disponibles, el SENASA y otras instituciones que integran la Mesa elaboraron la “Guía de recomendaciones para el monitoreo y control de la tucura sapo”.
El documento reúne pautas destinadas a facilitar la detección de la especie, establecer mecanismos de seguimiento y orientar las medidas preventivas.
La lógica detrás de estas recomendaciones es anticiparse al crecimiento de las poblaciones. Una vez que los insectos alcanzan una mayor densidad y se dispersan por una superficie extensa, las tareas de control pueden resultar más complejas.
Por eso, el período comprendido entre el nacimiento de las ninfas y las primeras etapas de desarrollo constituye una ventana importante para el monitoreo.
La recomendación oficial es prestar especial atención a los antecedentes de cada establecimiento o zona. Los sitios donde previamente se identificaron posturas o poblaciones de tucura sapo deberían formar parte prioritaria de las recorridas.
La observación sistemática permite registrar la presencia de ejemplares y determinar si existe un foco que requiera intervención.
La identificación de ejemplares o la sospecha de presencia de la plaga debe ser comunicada a las autoridades sanitarias. El SENASA puso a disposición canales específicos para recibir los avisos y fortalecer el seguimiento de la situación.
Los productores y otros actores del territorio pueden comunicarse mediante el correo electrónico [email protected] o por teléfono al 11-5700-5704.
El aviso temprano permite incorporar la información al sistema de monitoreo y evaluar las medidas que correspondan según las características del foco.
La estrategia resulta especialmente relevante durante el comienzo de la primavera, cuando se inicia el período de emergencia de las ninfas y todavía existe la posibilidad de localizar las poblaciones en sus primeras etapas.
La tucura sapo forma parte de los insectos propios de los ecosistemas patagónicos, por lo que el objetivo del manejo sanitario no consiste en eliminar la especie del territorio, sino en prevenir situaciones de alta densidad capaces de generar daños sobre la vegetación y los recursos destinados a la producción.
En ese sentido, la coordinación entre organismos públicos, investigadores, gobiernos provinciales y productores permite reunir información de distintas zonas y mejorar la capacidad de respuesta.
Con el inicio de una nueva temporada de nacimientos, el SENASA volvió a poner el foco en la detección temprana como una de las principales herramientas para reducir el impacto productivo de la plaga. El monitoreo de los lugares con antecedentes, las recorridas periódicas y la comunicación inmediata de los posibles focos forman parte de las medidas recomendadas para atravesar los próximos meses con mayor capacidad de prevención.
El escenario requiere especial atención en las áreas donde las poblaciones de tucura sapo fueron detectadas en años anteriores. Allí, la vigilancia durante las primeras semanas de primavera puede aportar información clave para intervenir antes de que los insectos alcancen una distribución más amplia.
La combinación de monitoreo, coordinación institucional y control temprano constituye, según las recomendaciones difundidas por el organismo sanitario, el eje de la estrategia para reducir los posibles daños de esta especie sobre pastizales, pasturas y cultivos de la Patagonia.