La producción bubalina avanza en Corrientes con estrategias de manejo diseñadas específicamente para las características del búfalo y de los ambientes húmedos de la provincia. El INTA Corrientes realiza desde hace más de tres años un seguimiento de rodeos y evaluaciones a campo para generar información sobre alimentación, reproducción, sanidad, comportamiento y utilización de pastizales, con el objetivo de aportar herramientas a productores que buscan incorporar o diversificar sus sistemas ganaderos.
El trabajo se desarrolla especialmente en ambientes bajos, húmedos y anegables, donde el búfalo presenta características que permiten aprovechar sectores que requieren una planificación particular. Sin embargo, los especialistas advierten que su adaptación a estos ambientes no significa que pueda manejarse sin pautas específicas. El acostumbramiento al personal y a las instalaciones, la planificación del pastoreo, la calidad del agua, la disponibilidad de sombra y el manejo del forraje forman parte de las principales recomendaciones.
Luis Gándara, especialista en ganadería del INTA Corrientes, explicó que el seguimiento permanente de los animales permite reunir información generada en condiciones locales. “El seguimiento sistemático del rodeo permite construir información local sobre la especie y evaluar estrategias en un ambiente concreto”, señaló, según el material difundido por el INTA.
La experiencia busca transformar las observaciones realizadas en los establecimientos y en la estación experimental en criterios que puedan ser utilizados por productores y técnicos para organizar rodeos bubalinos de manera eficiente.
Uno de los primeros puntos abordados por el equipo técnico es el acostumbramiento de los búfalos al contacto con las personas, las instalaciones y las rutinas habituales del establecimiento.
El comportamiento gregario de la especie hace que el manejo en grupo pueda facilitar determinadas tareas. Para eso, los especialistas recomiendan trabajar con movimientos tranquilos y evitar situaciones que generen agitación innecesaria.
“Es bravo”, “rompe los alambrados”, “tiene que estar siempre en el agua” o “come cualquier cosa” son algunas de las expresiones que, según Gándara, suelen aparecer cuando se habla del comportamiento de los búfalos. También circulan apreciaciones sobre sus índices productivos y su capacidad de adaptación.
El trabajo del INTA apunta precisamente a contrastar esas percepciones con observaciones sistemáticas y registros productivos.
En materia de manejo, Gándara remarcó que “la principal recomendación es evitar gritos, golpes, perros y otros elementos que provoquen agitación, además de no aislar a los animales de manera innecesaria”.
La familiarización con las instalaciones permite reducir dificultades durante las tareas de rutina y facilita operaciones relacionadas con controles sanitarios, movimientos, clasificación y manejo de las distintas categorías.
El alambrado eléctrico también forma parte de las herramientas incorporadas al sistema. Su utilización permite dividir potreros, organizar el pastoreo, separar categorías y administrar de manera más precisa la disponibilidad de forraje.
Sin embargo, para que funcione como herramienta de manejo es necesario que los animales aprendan a respetarlo y que la infraestructura se mantenga en condiciones adecuadas.
“Hay que enseñarles a respetarlo, preferentemente desde jóvenes, y asegurar su correcto funcionamiento”, indicó Gándara.
La recomendación apunta a evitar que una tecnología destinada a ordenar el sistema se transforme en una fuente de problemas por falta de mantenimiento o por animales que no tuvieron un proceso previo de adaptación.
El agua es importante, pero no implica mantener al rodeo dentro de ella
Una de las características que permite incorporar búfalos a determinados sistemas correntinos es su capacidad para desenvolverse en zonas húmedas, bajas y anegables. No obstante, desde el INTA remarcan que esa adaptación no La ubicación y el diseño de los accesos también deben formar parte de la planificación para evitar daños sobre el suelo y las debe confundirse con una necesidad permanente de permanecer dentro del agua.
Los animales requieren agua de calidad, sombra y lugares adecuados para descansar. La ubicación y el diseño de los accesos también deben formar parte de la planificación para evitar daños sobre el suelo y las pasturas.
El ingreso reiterado de los animales a determinados sectores puede provocar deterioro de la superficie, compactación o pérdida de cobertura vegetal. Por eso, la distribución de los puntos de acceso y el manejo de los potreros adquieren relevancia.
La estrategia consiste en aprovechar las características naturales del ambiente sin convertirlas en una limitación para la conservación de los recursos.
Otro de los ejes del trabajo es la alimentación. Si bien los búfalos pueden aprovechar forrajes con una proporción importante de fibra, esta capacidad no significa que cualquier disponibilidad de pasto resulte suficiente para sostener los la reproducción y la producción. Por eso, el equipo del INTA plantea adaptar la planificación a la categoría de los animales, la época del año y la oferta objetivos productivos del establecimiento.
La cantidad y calidad del forraje inciden sobre el crecimiento, la reproducción y la producción. Por eso, el equipo del INTA plantea adaptar la planificación a la categoría de los animales, la época del año y la oferta disponible.
“Planificamos el pastoreo según la categoría animal, la época del año y la disponibilidad de pasto. También evaluamos la necesidad de suplementar con proteínas, energía, macro y microminerales”, detalló Gándara.
La estrategia contempla además la generación de información en diferentes condiciones productivas. El objetivo es conocer cómo responden las distintas categorías y determinar cuándo una suplementación puede resultar necesaria.
El manejo de la materia seca anual, la composición botánica y el valor nutritivo de los ambientes de pastoreo forman parte de permiten avanzar desde una descripción general de los campos hacia una planificación basada en la oferta real de recursos durante las distintas etapas del las variables analizadas por los especialistas.
Estos registros permiten avanzar desde una descripción general de los campos hacia una planificación basada en la oferta real de recursos durante las distintas etapas del año.
El seguimiento también comprende los sistemas de cría, con especial atención sobre la reposición y el desempeño de los reproductores.
La edad no constituye el único criterio para decidir el recambio. El equipo considera además aspectos sanitarios, aptitud reproductiva y objetivos genéticos definidos por cada establecimiento.
El registro periódico del desempeño individual permite identificar diferencias entre animales y reunir información para evaluar el potencial productivo de distintas líneas, razas y biotipos.
Este tipo de seguimiento adquiere relevancia en sistemas donde la eficiencia reproductiva tiene una incidencia directa sobre el resultado económico. La información generada puede contribuir a tomar decisiones sobre qué animales conservar y cuáles reemplazar.
La propuesta del INTA apunta a construir una base de datos productiva que permita comparar alternativas a lo largo del tiempo, en lugar de tomar decisiones exclusivamente a partir de observaciones puntuales.
La incorporación del búfalo no es planteada por los especialistas como un reemplazo directo de la ganadería bovina. El objetivo es evaluar de qué manera puede complementar los sistemas existentes y permitir el aprovechamiento de ambientes con características particulares.
En Corrientes, la disponibilidad de zonas húmedas y bajas genera condiciones diferentes dentro de un mismo establecimiento. La posibilidad de incorporar una especie adaptada a determinados ambientes puede formar parte de una estrategia de diversificación.
Para que esa incorporación resulte sostenible, sin embargo, requiere planificación. La especie tiene necesidades específicas y el manejo debe contemplar tanto sus características de comportamiento como las condiciones del campo.
El seguimiento realizado por el INTA busca justamente identificar esas variables y traducirlas en recomendaciones prácticas.
Gándara explicó que “el objetivo es generar información que sirva para orientar las decisiones de productores y técnicos y contribuya al desarrollo de sistemas bubalinos eficientes y adaptados al territorio”.
El enfoque contempla el sistema productivo de manera integral: manejo, alimentación, reproducción, sanidad, genética y ambiente forman parte de un mismo esquema.
La actividad bubalina tendrá además un espacio de intercambio específico en Ituzaingó, Corrientes, donde se realizará el primer Congreso Internacional Bubalino.
El encuentro reunirá a productores, investigadores, profesionales y representantes vinculados con la cadena. Participarán especialistas de Argentina, Brasil, Colombia y Venezuela, con una agenda orientada a las oportunidades y desafíos que presenta la producción de búfalos.
En paralelo se desarrollará la primera Expo de la Asociación Búfalos del Iberá, que permitirá mostrar ejemplares, tecnologías y experiencias vinculadas con la actividad.
El programa contempla también la presentación del libro Búfalos en América y Europa y espacios destinados a fortalecer los vínculos entre productores, empresas e instituciones.
La realización del congreso se suma al trabajo experimental que lleva adelante el INTA y ofrece una instancia para poner en común información generada en distintos sistemas productivos.
El interés por la producción bubalina está vinculado, entre otros factores, con la posibilidad de utilizar ambientes donde las características del suelo, el agua y las condiciones climáticas requieren estrategias diferentes a las aplicadas en otros planteos ganaderos.
En ese contexto, la experiencia de Corrientes aporta un enfoque basado en el seguimiento de los rodeos y la evaluación de alternativas de manejo. La premisa es conocer con mayor precisión qué necesita la especie, cómo responde a diferentes condiciones y qué prácticas permiten integrarla a establecimientos ganaderos sin perder de vista la conservación de los recursos.
El desafío para los productores pasa así por transformar la adaptación natural del búfalo a determinados ambientes en un sistema productivo organizado. Para eso, el INTA pone el foco en variables concretas: forraje disponible, manejo del agua, instalaciones, comportamiento, sanidad, reproducción y selección de animales.
La información reunida durante estos años de seguimiento busca servir como base para decisiones productivas y para continuar ajustando las prácticas de una actividad que suma presencia en la región.