ún ante el evidente declive de las pesquerías artesanales nacionales y supuestos riesgos de naturaleza ambiental, muchos tabúes y desconocimiento sobre la potencialidad de la maricultura existen a nivel nacional, sin embargo, la mayoría de los riesgos y efectos adversos denunciados, carecen de fundamentos científicos, son totalmente superables y controlables y/o son los mismos que se le achacan al cultivo de otras especies por su naturaleza exótica, no siendo este el caso.
La cobia (Rachycentron canadum) también conocidas en nuestro país con el nombre de Bacallao y Peje Negro, es un pez autóctono que se localiza en todos los mares del mundo en aguas marinas templadas, excepto en el Pacífico central y oriental.
En el Atlántico occidental es frecuente localizarlos desde Bermudas hasta Argentina, incluyendo el Golfo de México, y en Venezuela es una especie relativamente común que se captura a lo largo de todas sus costas, pero siempre en poca cantidad debido a sus hábitos solitarios, siendo más frecuente en las aguas productivas de la región nororiental que en las zonas arrecifales o las áreas insulares oceánicas.
Su captura se realiza principalmente con anzuelos, y no constituye una pesca comercial importante, y se le considera como una pesca incidental frecuentemente asociada a estructuras de varios tipos, tales como plataformas petroleras y de gas, plantas marinas, boyas y cualquier tipo de objeto flotante y/o a la pesca de la anchoa.
Los estudios realizados en el Golfo de México, sugieren arriban a la costa durante la primavera y se capturan preferentemente a principios del otoño, desovando múltiples veces de abril a septiembre, con mayor actividad en julio.
Por su poca exigencia y simplicidad, nuestro país posee vastas áreas aptas para la producción de esta especie mediante prácticas de maricultura intensiva aprovechando las numerosas bahías y caletas existentes en nuestra faja costera, lo cual podría ayudar, además, para la denominada transición pescador/acuicultor de nuestra población costera.
El proceso de maricultivo de la cobia en relativamente sencillo en comparación con muchas otras especies.
En términos generales se inicia con la captura en aguas marino costeras de los denominados pie de cría para la producción de semilla y se mantienen en jaulas flotantes hasta alcanzar unos 8 – 10 kg de peso aproximado.
Posteriormente los ejemplares se transportan a estanques de desove (en tierra) a una proporción de sexo de 2:1 en donde los peces desovan de manera espontánea o por inducción mediante la manipulación de la temperatura y el fotoperíodo, liberando frecuentemente varios cientos de miles o millones de huevos que son fertilizados por los machos.
Los huevos fertilizados se recolectan en estanques de desove, y sometidos al proceso de incubación. Luego de su incubación, las larvas deben recibir cantidades adecuadas de alimento de tamaño apropiado (rotíferos enriquecidos o nauplios de copépodos y artemia) según su talla, para luego iniciar el suministro de alimentos secos por aproximadamente 25 a 30 días tras su eclosión.
Mientras algunos productores continúan la cría de los juveniles en estanques exteriores hasta alcanzar entre 600 y 1.000 g, otros utilizan jaulas de pequeña capacidad (entre 20 y 300 m3), ubicadas cerca la costa hasta que alcanzan una talla suficiente para su siembra en sistemas de jaulas flotantes para su engorde, para lo cual, con el fin de reducir el canibalismo, se clasifican por talla antes de su siembra.
A fin de minimizar los tiempos de engorda, así como las enfermedades, las jaulas deberán ubicarse en sitios de aguas limpias, templadas (26 ºC o superior) y con niveles apropiados de flujo de agua, a fin de aportar altos niveles de oxígeno de manera continua.
La cantidad de peces cosechados varía fuertemente dependiendo de la densidad y temperatura del agua; el período de crecimiento de cobia alimentada con productos peletizados generalmente es de entre 1 y 1,5 años, tiempo durante el cual los peces alcanzan un peso final de entre 6 y 10 kg, con densidades de 5 a 10 kg/m3.
Se suelen utilizar alimento fresco como peletizados flotantes o sumergibles (con 42 a 53 por ciento de proteína cruda según la disponibilidad y precio, normalmente suministrando durante 6 días de la semana, a una tasa de entre 5 y 7 por ciento del peso corporal/día hacia el final de la fase de engorda. La tasa de conversión de alimento alcanzada es aproximadamente de 1,8:1 – 2,0:1.
Por lo general se realizan cosechas selectivas o parciales, lo que permite satisfacer la demanda y estandarizar el tamaño de los ejemplares a comercializar, para lo cual los peces se someten a un periodo de inanición el día previo a la cosecha y se seleccionan para ser cosechados los ejemplares de mayor talla, los cuales se sacrifican, desangran y enfrían antes de empacar en hielo el pescado entero.
Finalmente, la cobia ingresa al mercado entero/eviscerado, descabezado o fileteado, dependiendo del mercado final.
Por su excelente conversión alimenticia, posee un rápido crecimiento la cobia representa quizá la especie con mayor potencial actual para el desarrollo de la maricultura comercial en el país, y las instalaciones más favorables para su cultivo son las denominadas jaulas flotantes, por lo que las instalaciones que se requieren en tierra, son solo aquellas utilizadas para la obtención de desoves en confinamiento, almacenaje y supervisión rutinaria.
Aunque FAO cita cifras más alentadoras, en experiencias desarrolladas en Brasil en jaulas flotantes de 16 metros de diámetro por parte de profesionales venezolanos, después de 12 meses de cultivo se obtuvieron ejemplares de 4,0 Kg a razón de 9.262,5 Kg/jaula.
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