a agricultura nunca detiene su evolución. En los últimos años, la producción de maquinaria agrícola transitó un proceso hacia la precisión, diferenciando cada punto en el lote de acuerdo a sus condiciones productivas y de ambiente. A esto se fueron sumando el uso de la hidráulica y la electrónica de forma combinada.
Con la llegada de la navegación satelital se pudo programar cuándo y en qué lugar del campo hacer los ajustes en las dosis de insumos y de la densidad de siembra. Luego, con los algoritmos, la automatización de las respuestas y la digitalización de los mandos, se fueron acortando aún más los tiempos de respuesta de calibración, aumentando el ahorro de insumos y los rindes de las cosechas.

Pero la evolución no se detuvo. Sobre toda esa capacidad de memoria, conectividad y el conocimiento para encausar los procesos de trabajo, se desarrollaron las plataformas de apoyo a los equipos y centros de ayuda que proveen de información vital para el funcionamiento de las máquinas: provisión de insumos, las condiciones del clima, mercados y manejo agronómico, entre otros. De esta manera, puede obtenerse un ahorro de tiempo y, lo más importante, el aumento de la eficiencia operativa de los equipos.

Probablemente, la agricultura inteligente y sus equipos sean la más clara y consistente expresión del futuro. Entre la maquinaria más avanzada pueden mencionarse: sembradoras air drill y air planter; pulverizadoras con aplicación selectiva, cambio de pastilla sobre la marcha y “estaciones meteorológicas” a bordo; cosechadoras de grano que se autoajustan según las condiciones de trabajo con chequeos cada tres minutos; picadoras de forraje que autorregulan el tamaño de partícula según la humedad del cultivo; y tractores con transmisiones inteligentes.
