Arándanos: la carta de presentación del estado de Maine

Los productores estadounidenses enfrentarán importantes desafíos debido a la mecanización de la industria y los factores climáticos fluctuantes

Arándanos: la carta de presentación del estado de Maine

Desde hace algunos años, los arándanos son una de las principales cartas de presentación del estado norteamericano de Maine, ya que representan una de las industrias frutihortícolas que más fuentes de empleo genera dentro del territorio estadounidense. La recolección de estas bayas se apoya en trabajadores migrantes estacionales, que contribuyen al desarrollo de la economía del país sin olvidarse cómo deben tratarse cada uno de los alimentos.

En el marco de un recorrido por los campos de John Allen, Allen’s Wild Blueberries (Orland); y Courtney Hammond, Lynch Hill Farms (Harrington), la especialista en alimentos, Alana Dao, charló con los productores y se interiorizó acerca de sus inquietudes e intereses.

“Allen me explicó que él y la mayoría de los productores independientes deben pagar la mano de obra, los equipos y los costos asociados con el rastrillado de arándanos para las cosechas cortas. Además, después de procesar y venderle a las grandes corporaciones que forman parte del consejo de arándanos de Maine, muchos no reciben cheques para finalizar sus cosechas”, comentó la escritora.

En 2018, Hammond terminó con un déficit de veinte mil dólares. Al observar la deuda y otras dificultades dentro del sector, muchos productores empezaron a presionar para que se produjera un cambio.

La industria para cosechar arándanos en Maine es precaria y requiere de varias modificaciones para aumentar sus rendimientos. Si bien las bayas impulsaron la economía de la región, al cosecharse en arbustos bajos, los arándanos son más dulces y pequeños que otros, y poseen niveles antioxidantes más elevados. Desde sus orígenes, siempre fueron rentables, hasta que en 2016 el precio de mercado bajó, debido a que los frutos canadienses (de menor costo) inundaron la mayoría de las góndolas de los supermercados estadounidenses. Asimismo, unos años de sequía, heladas y el envejecimiento de las zonas rurales del estado desestabilizó la industria de los productores independientes.

Allen’s Wild Blueberries es el procesador más pequeño del estado. Su dueño maneja un campo de alrededor de 485 hectáreas, donde planea procesar cerca de 680 toneladas en 2019. La mayor parte de las bayas se congelan y venden al por mayor a la costa este, con el objetivo de que se recojan 23 toneladas por día. Para esto, Allen confía en Jean Piton, un reclutador haitiano con el que trabaja desde 2005.

Previo a trabajar con Allen, Piton gestionó durante 24 años a trabajadores de Haití, Florida y Nueva York. Anualmente, en épocas estivales, ambos se ponen en contacto para analizar cuántos trabajadores se requerirán por temporada. Este año juntaron 45 personas: unos se dedicaron a sacar las bayas del camión y vertirlas en una línea de ensamblaje donde las limpiaron y clasificaron; mientras que un grupo de mujeres las recogió y otros hicieron el rastillado.

En un día normal, el rastrilleo arranca a las 5 y termina a las 14, antes de que haga demasiado calor. Los trabajadores empiezan a recoger los frutos a las 8 y continúan sus labores hasta que todos hayan sido procesados. Como se le paga por peso recogido, muchos terminan optando por trasladarse hasta Maine, debido a que pueden obtener ganancias de hasta 300 dólares por día.

Los equipos de Piton se quedan en el estado hasta septiembre, mes en el que se trasladan a Nueva York para la recolección de manzanas. Si bien suelen mantenerse estables, este año el team manzanero se redujo a la mitad, debido a las nuevas implementaciones tecnológicas que provocaron una disminución drástica dentro de los grupos de mano de obra humana.

A Lynch Hill Farms llegan los trabajadores durante el verano, antes de regresar al condado de Aroostook para la cosecha de brócoli. Uno de ellos, Albert, originario de Puerto Rico, aseguró que decidió establecerse en Maine debido a que le agrada que las temporadas sean tan cambiantes. Además, considera que la cosecha de arándanos, por más de ser más exigente, paga más y está mejor valorada que otros trabajos, debido a que incluye atención médica, defensa legal y educación para sus trabajadores.

“La industria de los arándanos está al borde de un acantilado. A medida que los precios del mercado disminuyen y las pequeñas granjas comienzan a cerrarse, para los trabajadores migrantes y sus familias este tipo se cosechas representan un apoyo que los inclina a quedarse”, precisó Hammond.

Dentro de los Estados Unidos, hay iniciativas como Mano a Mano, que trabaja junto con el Departamento de Trabajo local para desarrollar prácticas de verano para estudiantes relacionadas con la producción de arándanos en el condado de Washington.

“Debido a cómo se lleva a cabo la cosecha en agosto, la organización crea programas para apoyar a los hijos de los trabajadores de campo o los jóvenes recolectores para que al momento de llegar a sus hogares estén preparados. Un autobús los recoge de las granjas y campamentos donde trabajan y viven; en tanto que la iniciativa también funciona como una especie de “guardería” para aquellos menores de doce años que aún no pueden trabajar –esa es la edad mínima habilitada legalmente–. Nuestros estudiantes realizan tareas súper valorables, así que queremos celebrar su identidad, entendiendo lo que significan dentro de nuestra sociedad”, subrayó Ian Yaffre, director ejecutivo del plan.

El trabajo que realizan las familias es muy importante. Por este motivo, tanto Allen como Hammond valoran el hecho de que las tripulaciones regresen año tras año, pese a que muchas granjas incorporaron Inteligencia Artificial (IA) para agilizar sus tareas. Por ejemplo, la gran corporación Cherryfield Foods recientemente eliminó por completo el rastrillado manual. Sin embargo, aunque estas nuevas técnicas reducen el costo de mano de obra, dejan las tierras más secas y recolectan menos cantidad de bayas.

De todas formas, existe una esperanza en el horizonte para las familias inmigrantes, ya que muchas lograron establecerse en el condado de Washington. Allí, desde que se estableció Mano en Mano hace más de diez años, buena parte de la población latina se desempeña en las industrias de arándanos, mariscos y hotelerías. Las escuelas primarias cuentan con casi un 30% de alumnado extranjero, mientras que sus padres lograron iniciar negocios como restaurantes o locales de artesanías.



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