¿Por qué es tan importante rotar los cultivos?

Tras la cosecha, independientemente de los rindes, es necesario realizar rotaciones para que en la próxima campaña el suelo sea capaz de aprovechar mejor el agua y controlar malezas y enfermedade

¿Por qué es tan importante rotar los cultivos?

Controlar periódicamente el estado de los suelos es fundamental para obtener cosechas de calidad. La disponibilidad de agua para los cultivos, sumada a las condiciones de humedad y la disposición del campo son algunos de los aspectos a tener en cuenta a la hora de evaluar el territorio, dejando a un lado si es propio o alquilado.

Tras una cosecha, cada cuadro quedará liberado para la próxima siembra, ya sea trigo, cebada o un cultivo de cobertura intercalado para llegar a la próxima estación. La decisión está en manos del responsable que maneja el territorio, quien definirá qué hacer a partir de su experiencia y conocimiento, más allá de los problemas de granos brotados en planta que disminuyen la calidad de lo trillado.

Luego de un cultivo de soja, debido al bajo nivel de rastrojo que la leguminosa deja en el terreno, queda muy poco contenido de carbono –es decir, un rastrojo pobre de fibras–, dejando el suelo sin cobertura, expuesto a malezas y enfermedades por tiempo indeterminado. En este escenario, el tiempo a esperar es demasiado, por lo que frecuentemente se opta por un cultivo de cobertura.

En caso de escoger esta clase de cultivos, hay zonas del país que se muestran más aptas que otras para determinados sembrados. Por ejemplo, el centeno funciona bien en el oeste arenoso; mientras que en Buenos Aires se recomienda cultivar avena blanca en el sudeste y villa sativa en el sudoeste. En el norte, en cambio, se aconseja trigo o villa villosa.

Incluir un cultivo de cobertura en la rotación crea un ambiente propicio para el control de malezas, que se obtiene al tapar el suelo e impedir la llegada del sol, que calienta el perfil y genera la germinación del banco de semillas de malezas presentes en él. Además, aporta materia orgánica al territorio (carbono), que le brinda una buena estructura y produce una proliferación de microorganismos benéficos que construyen fertilidad estable para los próximos cultivos. Esto se resume en un mejoramiento en los macroporos del suelo y mayor aireación, debido a la acción de insectos benéficos.

Entre otros beneficios, provoca el aprovechamiento del agua del perfil, que sin el cultivo de cobertura queda disponible para malezas; contrarresta el ascenso de napa que genera problemas de anegamiento; y reduce la relación carbono-nitrógeno, colocando a los nutrientes del suelo a disposición de la absorción por parte de las raíces del siguiente cultivo en la rotación.

Emplear cultivos de cobertura es una práctica muy difundida en el sector, que se utiliza como alternativa para producir alimentos a bajo costo con alta eficiencia. Quienes la emplean aseguran que los abonos verdes permiten aprovechar el agua para formar materia orgánica y mejorar la estructura del suelo, a la vez que evitan el lavado de nitrógeno y azufre. Como fundamento, afirman que el agua es aprovechada por las malezas, que aparecen porque se dan las condiciones o se pierden por evaporación.

De todas formas, su inclusión está estrechamente relacionada con la intensidad de la rotación, que se define por la cantidad de cultivos que se hacen en un lote por unidad de tiempo. A mayor cantidad de cultivos por año, mayor será la rotación.

La intensidad de una rotación está vinculada con la demanda de agua y las condiciones climáticas de la zona, que definen la disponibilidad de agua para los cultivos. Intensidades bajas provocan pérdida de agua y rentabilidad; en tanto que intensidades altas reducen los rindes.

La capacidad de almacenaje de agua del perfil tiene que ver con la intensidad de rotación, lo que produce que cuando los lotes resultan muy húmedos, puede faltar potencia; mientras que cuando son demasiado secos es porque se realizó con mucho entusiasmo. Vale remarcar que ante condiciones climáticas cambiantes se requieren rotaciones de diversas intensidades. Se aconseja que el que conduce los lotes preste muchísima atención a la hora de realizar su trabajo.

El tipo de suelo también influye, ya que aquellos que son profundos con texturas francas y alto contenido de materia orgánica, van a soportar mayor intensidad de rotación ante diversas condiciones climáticas. Por el contrario, los que no son demasiado profundos y presentan texturas arenosas y bajo contenido de materia orgánica, tienen una intensidad de rotación limitada.

Por ejemplo, trigo, mijo, colza, son rotaciones inadecuadas para un suelo profundo, ya que ninguno de estos cultivos explora en profundidad el perfil. A su vez, trigo, sorgo y barbecho no se recomiendan para un suelo de capacidad de agua limitada, debido a que durante sus cosechas no se acumulará humedad para el sorgo.

En siembra bajo cobertura o siembra directa, si se incrementa el consumo de agua a mayor presión de rotación, se tenderá a bajar la presencia de malezas y enfermedades, con lo cual se reduciría la aplicación de fitosanitarios y se aumentaría la rentabilidad. En zonas áridas o subhúmedas, donde las rotaciones con labranza tienen barbecho y una proporción sustancial de cultivos de bajo consumo de agua, la intensidad se puede acrecentar disminuyendo los barbechos, utilizando cultivos de cobertura. Por su parte, usar cultivos de mayor consumo en áreas húmedas aumenta la intensidad, con un doble cultivo o un cultivo de cobertura.

 

Contextura del suelo

La textura de una capa de suelo, también conocida como “horizonte”, se refiere a las proporciones porcentuales en que se encuentran las partículas primarias del suelo, clasificadas en relación a su tamaño.

Considera los porcentajes de arcilla, limos y arenas de menos de dos milímetros de diámetro y en base a esa composición mecánica, los especialistas en suelo establecen agrupaciones llamadas “clases texturales”, que son delimitadas por determinados porcentajes. De esta manera, la textura depende de la composición mecánica, aunque no es sinónimo de ella.

Un horizonte franco es el que tiene algo más que el 50% de agua (52% para ser precisos), entre 28% y 50% de limo, y de 7% a 27% de arcilla. Este suelo es muy común en la región pampeana, que no es ni demasiado arenoso ni arcilloso y ofrece una contextura media.

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Otros datos relevantes

La rotación de cultivos bien aplicada en secuencia e intensidad puede aumentar rindes y reducir costos en la producción. También ayuda a distribuir en tiempo el uso de la maquinaria y los recursos productivos.

Las herramientas que los productores aplican para manejarlos son: la cola de la cosechadora con mejores picadores, distribuidores de paja y esparcidores de granja, que dejan preparada la “cama de siembra”; rolos picadores y pulverizadoras para cortar el ciclo del cultivo de cobertura en el momento indicado; y pulverizadoras para combatir malezas en sus primeros estados de crecimiento.

No hay que olvidar que las fertilizadoras esparcidoras de granulaciones son importantes para fertilizar los lotes.

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