La campaña triguera 2025/26 cerró con una producción récord en Córdoba y una de las cosechas más importantes de la historia argentina, pero los análisis de calidad encendieron una señal de alarma para productores, exportadores y molinos. Un informe elaborado por la Bolsa y Cámara de Cereales de Córdoba junto con el INTA Marcos Juárez confirmó que el contenido promedio de proteína cayó al nivel más bajo de los últimos diez años. El fenómeno se registró en toda la provincia y genera preocupación porque afecta el valor comercial del cereal y reduce su aptitud industrial para la elaboración de harinas y productos panificados.
Los resultados surgen del relevamiento denominado “Productividad y Calidad del Trigo en la Provincia de Córdoba”, que analizó el comportamiento de la última campaña agrícola. El estudio determinó que el promedio provincial de proteína se ubicó en apenas 9,7%, una cifra significativamente inferior al umbral del 11% que habitualmente se utiliza como referencia para la comercialización del trigo, informo TodoAgro.
La situación adquiere especial relevancia debido a que ningún departamento cordobés logró superar ese nivel mínimo. Esto significa que prácticamente la totalidad de la producción quedó alcanzada por descuentos comerciales establecidos en los sistemas de clasificación y compra del cereal.
La caída en la calidad se produjo en una campaña que, desde el punto de vista productivo, fue excepcional. Córdoba alcanzó un rendimiento promedio de 45,1 quintales por hectárea, una marca que superó en un 76% el promedio histórico provincial y permitió consolidar una de las mejores cosechas registradas hasta el momento.
Sin embargo, el excelente desempeño productivo estuvo acompañado por una disminución significativa en el contenido de proteína, uno de los parámetros más importantes para determinar la calidad industrial del trigo.
Los especialistas explican que una de las principales causas del fenómeno fue la combinación de condiciones climáticas altamente favorables con niveles de fertilización que, en muchos casos, no lograron acompañar la extraordinaria demanda nutricional de los cultivos.
Durante gran parte del ciclo agrícola, la disponibilidad hídrica resultó superior a la media histórica y permitió expresar al máximo el potencial productivo de los lotes.
No obstante, cuando los rendimientos alcanzan niveles excepcionales, suele producirse un fenómeno conocido como “dilución de proteína”, donde el incremento en la cantidad de grano generado por la planta reduce proporcionalmente la concentración de proteínas presentes en cada unidad producida.
Los técnicos remarcan que esta situación fue particularmente evidente durante la campaña 2025/26.
La disponibilidad de nitrógeno, nutriente fundamental para la formación de proteínas en el cereal, se convirtió en uno de los factores determinantes para explicar la caída observada en los análisis de calidad.
En numerosos establecimientos, las estrategias de fertilización fueron diseñadas sobre expectativas productivas inferiores a las finalmente alcanzadas, lo que generó un desbalance entre el potencial de rendimiento y la disponibilidad de nutrientes.
La baja proteína tuvo consecuencias directas sobre el resultado económico de la campaña.
Las normas de comercialización vigentes contemplan bonificaciones para los lotes que superan determinados niveles proteicos y descuentos progresivos para aquellos que se ubican por debajo de los parámetros de referencia.
Debido a que ningún departamento logró alcanzar el 11% de proteína, gran parte del trigo cordobés quedó sujeto a penalizaciones comerciales.
Entre los mejores registros provinciales se ubicó el departamento General Roca, con un promedio de 10,8%, mientras que Totoral presentó uno de los niveles más bajos relevados, con apenas 8,8%.
Esta situación impactó directamente en las liquidaciones finales recibidas por los productores, que vieron reducido el valor de venta del cereal pese a haber obtenido rendimientos históricamente altos.
Para muchos establecimientos agrícolas, la pérdida de calidad compensó parcialmente los beneficios generados por el aumento de la producción física.
Otro indicador que reflejó el deterioro de la calidad fue el crecimiento de los granos conocidos como “panza blanca”.
Esta característica aparece generalmente asociada a condiciones ambientales de elevada humedad y escasa radiación solar durante determinadas etapas del desarrollo del cultivo.
El informe reveló que el promedio provincial alcanzó el 21,2%, un valor considerablemente superior al registrado durante la campaña anterior, cuando apenas se había ubicado en 2,33%.
Además de constituir el nivel más elevado de la última década, el aumento de la panza blanca mantiene una estrecha relación con la reducción de proteína y gluten observada en la cosecha.
Los especialistas explican que este fenómeno afecta la estructura interna del grano y repercute sobre la calidad de las harinas obtenidas durante el proceso de molienda.
Para los molinos harineros, el contenido proteico constituye uno de los indicadores más relevantes al momento de evaluar la aptitud industrial del trigo.
La proteína está directamente vinculada a la formación de gluten, elemento fundamental para la elaboración de panes, pastas y otros productos derivados.
Cuando los niveles proteicos disminuyen, la capacidad panadera del cereal también se reduce, generando mayores dificultades para alcanzar los estándares de calidad requeridos por determinados mercados.
Esta situación obliga a muchas industrias a realizar mezclas con trigos de mejor calidad o buscar alternativas de abastecimiento para compensar las deficiencias detectadas.
A pesar de ello, los análisis destacaron que otros parámetros mostraron resultados positivos. El trigo cosechado presentó buenos niveles de peso hectolítrico, bajo porcentaje de impurezas y escasa presencia de daños, aspectos que contribuyen favorablemente a la valoración comercial del cereal.
Sin embargo, el déficit proteico terminó convirtiéndose en el principal condicionante de la campaña.
Los resultados obtenidos durante la campaña 2025/26 dejan importantes enseñanzas para el sector agrícola.
Especialistas consideran que el desafío futuro consistirá en encontrar un equilibrio entre productividad y calidad, especialmente en escenarios donde las condiciones climáticas permitan alcanzar rendimientos excepcionales.
La planificación de estrategias de fertilización más ajustadas al potencial productivo aparece como uno de los principales ejes de trabajo para los próximos ciclos agrícolas.
En este contexto, el monitoreo nutricional, la utilización eficiente del nitrógeno y el seguimiento de las variables climáticas serán herramientas clave para evitar que el crecimiento de la producción termine afectando el valor agregado del cereal.
La campaña récord confirmó la enorme capacidad productiva de los campos cordobeses, pero también dejó en evidencia que la calidad continúa siendo un factor determinante para la competitividad del trigo argentino en los mercados internos y externos.