En el encuentro anual de la American Dairy Science Association, que se desarrolló en Knoxville (Tennessee, EE.UU.) en junio de este año, tres doctoras de la Universidad de Florida presentaron sus investigaciones relacionadas con el impacto del estrés calórico durante el período de vaca seca.
En primer lugar, Jimena Laporta explicó que el estrés calórico no solamente impacta en la producción de leche de la vaca en la lactancia subsiguiente, sino que también tiene efectos continuos en las dos generaciones siguientes (hijas y nietas). El uso de sistemas de enfriamiento durante el período seco, combinando sombra, aspersores y ventiladores, es crucial para la producción de la leche de la vaca y la prevención de las pérdidas productivas en sus hijas y nietas.
Por otro lado, de acuerdo con Amy Skibiel la exposición fetal al estrés calórico en el útero afecta adversamente el desarrollo mamario en la primera lactancia, presentando consecuencias en la producción de leche.
Finalmente, Bethany Dado-Senn afirmó que el estrés calórico durante el período seco reduce la producción y el porcentaje de proteína, debido a la inhibición de la enzima mTOR (participa en la síntesis de proteína láctea) y la alteración del transporte de aminoácidos (base de las proteínas).
En síntesis, por estrés calórico en el período de vaca seca habrá menos leche, ya que afecta negativamente el desarrollo mamario por la reducción de la proliferación celular mamaria antes del parto; y menos proteína, debido a que además se reduce la producción y el porcentaje de proteína. Como se mencionó anteriormente, esto también afecta a las vaquillonas hijas y nietas de vacas expuestas a estrés térmico durante el período seco, ya que ellas también reducen la producción de leche en su primera y segunda lactancia; es decir que el ambiente uterino expuesto al estrés calórico afecta a las dos futuras generaciones.