Las temperaturas elevadas atentan contra la nutrición, fertilidad y producción de los rodeos. Expertos del INTA recomiendan estar alertas ante el comportamiento de los animales para identificar síntomas de estrés calórico. La adopción de medidas resulta fundamental para la preservación del rendimiento de la producción.
Durante el verano, los problemas asociados con el calor son más comunes. Los efectos adversos pueden derivar tanto en la pérdida de eficiencia productiva como en la ocurrencia de importantes mortandades. “Cuando la temperatura ambiente supera los 25ºC y la humedad alcanza el 50% durante períodos prolongados, los animales se estresan, pierden bienestar y eso impacta en la producción diaria de leche, que puede llegar a disminuir hasta un 20%”, explica Miguel Taverna, referente en lechería del INTA.
Una vaca estresada por el calor consume menos alimento, afectando su rendimiento en la producción de leche, la salud y el comportamiento del animal.

1- Para minimizar los efectos de las altas temperaturas, Taverna recomienda la implementación de sombras y el enfriamiento directo de los animales mediante el uso de ventiladores y aspersores.
2- Se recomienda el armado de estructuras con malla plástica de media sombra, a fin de lograr una superficie cubierta de cuatro metros cuadrados por animal. Todos los animales deben tener acceso libre a la sombra y a los bebederos. Además, y teniendo en cuenta que en estas condiciones una vaca lechera de alta producción ingiere hasta 140 litros de agua por día, el rodeo debe contar con agua en cantidades y calidades óptimas.
3- La incorporación de ventiladores y sistemas de mojado de los animales permite un adecuado enfriamiento del animal. Se sugiere alternar entre períodos cortos de mojado intensivo con momentos prolongados de ventilación.
4- Los técnicos destacan el manejo de la alimentación en pos de priorizar pastoreos nocturnos y de madrugada, y suministrar dietas frías, equilibradas y de mayor contenido energético.
5- Mantenerse alerta ante el incremento de la respiración, ya que suele ser el primer síntoma visible de la respuesta al estrés térmico.