a terminación a corral ha sido incorporada para acelerar o estabilizar procesos de engorde donde la terminación pastoril es costosa, inestable o inviable. Sin embargo, la eficiencia de la etapa de engorde tiene alta dependencia de la calidad del novillito que ingresa, ya que éste depende de la genética y la calidad de la alimentación, así como del manejo de la etapa de recría.
Frecuentemente, se observa sobreengrasamiento de cobertura en los animales provenientes de engorde a corral, con la consecuente penalización en el rendimiento de res y de carne, incluso con una opinión desfavorable del consumidor sobre los cortes minoristas que llevan grasa. También se detectan reses con excesiva cobertura, pero insuficiente grasa inter e intramuscular, aspecto de particular relevancia en mercados de exportación. Es común también detectar reses con área de bife chica, tamaño de masas musculares escaso y rendimiento carnicero pobre, que no condicen con la conformación, la forma de terminación y el biotipo. El desarrollo muscular en etapas tempranas del crecimiento es el gran compromiso del negocio de la carne a corral.
La oferta de energía digestible es otro condicionante de la recría. En la ganadería pastoril del pasado, la recría pasaba casi obligatoriamente por períodos de restricción a campo sobre rastrojos u otros forrajes de baja calidad, para luego aprovechar la eficiencia del crecimiento compensatorio en períodos largos. En la actualidad, el espacio para estas restricciones es menor, ya sea por la carencia de forrajes o la necesidad de acelerar la salida de los animales (recría en engorde inferior a los doce meses). En los últimos tiempos, se está considerando a la etapa de recría como el período relevante para lograr el desarrollo del animal y alcanzar una alta eficiencia en la etapa de terminación, para así arribar a los pesos objetivos de faena. Es la etapa fundamental para lograr repetibilidad en el tipo de res que se comercializa y garantizar homogeneidad en la calidad de carne.
Consecuente con lo anteriormente expuesto, sería conveniente plantear una recría de aumento de peso controlado, ubicado dentro de rangos deseables para el tipo de animal, el objetivo final y la edad de la recría. En la etapa muy temprana de recría (posdestete hasta los 220/250 kg), se puede explotar al máximo el crecimiento con bajo riesgo de engrasamiento. En etapas posteriores puede ser necesario reducir la oferta de energía para evitar alta deposición de grasa de vísceras y de cobertura. Los aumentos de peso para ese crecimiento se ubicarían entre los 700 y 900 g/día.
En algunos sistemas también se plantea una recría de alta energía y proteína en la etapa posdestete para luego, una vez que hayan alcanzado los 9 a 10 meses de edad, desacelerar incrementando la fracción de fibra (heno o silaje) o reduciendo la oferta de alimento (oferta controlada de entre 1,8% y 2% del peso vivo). Si el animal continuara en el corral, entonces un aumento de peso controlado de alrededor de 900 a 1 kg/d permitiría acompañar el crecimiento reduciendo el riesgo de engrasamiento temprano.
En todos los casos, el suministro diario de proteína bruta debería ser contabilizado entendiendo que, si bien la oferta de energía será variable, la proteína no debería ser un limitante a los requerimientos del animal joven, por lo que ésta deberá incrementarse proporcionalmente en la dieta si se ofrece consumo restringido. En términos absolutos (gramos/día), la proteína varía menos que la cantidad de alimento y se ubicará en la mayoría de los casos por encima de los 800 g/día (0,8 a 1 kg/día). Este cálculo es necesario en el ajuste de requerimientos. De la misma manera, la oferta mineral y vitamínica de la dieta deberá estar en consonancia con los requerimientos para un crecimiento no restringido por dieta, aunque la oferta de energía lo esté.
En dietas de alta fibra, la utilización del ensilaje en alta proporción (por encima del 60% de la dieta) como base de la dieta permite recriar sin sobreengrasar. Los ensilajes de sorgo o maíz demuestran un excelente potencial de recría y de engorde en la mayoría de las regiones del país. En primer lugar, se ubican los de alto contenido de grano, siendo este factor el que define la capacidad del material para lograr aumentos de peso superiores a los 700 g/ día. Luego, siguen en relevancia los que, sin demasiada oferta de grano, por su contenido de azúcares y fibra digestible, permiten alcanzar también un aumento similar a 1 kg/día.
En este contexto, es relevante ofrecer proteína cubriendo los requerimientos de crecimiento de máximo potencial del animal. En algunos casos (ensilaje con mucho grano) se ha tendido al engrasamiento excesivo para la etapa, por lo que será necesario controlar la oferta y restringir el consumo diario, muy probablemente a niveles inferiores al 2,5% del peso vivo (en base seca).
Los ensilajes de sorgo, maíz o cebada se comportan de manera similar, aunque los dos últimos pueden generar consumos mayores y serían más adecuados para animales muy jóvenes. Debe tenerse en cuenta también que el contenido proteico es inferior en los ensilajes de sorgo con alto contenido de fibra y poco grano (ensilajes de sorgos sileros y sorgos forrajeros). En el caso particular del ensilaje de sorgos forrajeros (sin grano), será necesario agregar grano para garantizar un aumento de al menos 700 g/día. Ese agregado no debería superar el 30% de la dieta total (base seca) para no afectar significativamente la fermentación de la fibra del ensilaje. En la transición hacia una etapa pastoril, el alto contenido de fibra de la dieta mantiene la capacidad del rumen de degradar fibra y no se esperarían problemas de adaptación a la digestión del pasto. Ante la duda, podría ofrecerse durante los últimos cinco días del encierre una dieta a base de ensilaje y PB, sin ningún adicional de grano. Esto evitaría llevar grano o ensilaje suplementario al potrero.
Una opción frecuente en la etapa de recría es la combinación del ensilaje en consumo libre desde el silo puente o bolsa (conocido como auto consumo), complementado con un suplemento proteico o con el pastoreo por horas de verdeos de invierno o pastura de alfalfa.
En dietas de baja fibra (alto contenido de grano) en la recría, la regulación del consumo diario será la clave para evitar el engorde temprano. En estos casos, habrá que regular la oferta a niveles de consumo diario del 1,8% al 2% del peso vivo, en particular cuando se han superado los 250 kg de peso.
Para continuar con la recría en pastoreo, será necesario readecuar el rumen al forraje y para ello tiene que cambiar la flora ruminal. La primera opción sería incrementar el nivel de fibra hasta llegar a superar el 50% de la dieta en una fuente de fibra efectiva (de 2,5 cm al menos), siendo el ensilaje o el heno de calidad picado los mejores recursos. La segunda opción es reducir la oferta a niveles inferiores al 2% del peso vivo para promover el incremento de pH ruminal y la capacidad de adaptación de la flora ruminal a la fermentación de la fibra. La salida a maíz o sorgo diferido con grano, complementado con un suplemento proteico, es una alternativa interesante de adaptación previa a la continuidad en pastoreo de forrajes verdes, como los verdeos de invierno, o las pasturas. Las dietas de recría de baja fibra pueden incluso ser de fibra cero, basadas en grano entero, aunque esta estrategia es extrema y deprime toda capacidad del rumen de degradar forrajes. En estos casos, la adaptación a la fibra es inevitable y condicionante.
Debido a que la etapa de recría es la etapa de mayor requerimiento proteico, estas consideraciones se deben tener en cuenta en la formulación de raciones, aún cuando se plantean estrategias de restricción energética.
IPCVA