Lee Henderson, ejecutivo y líder, con más de 25 años de experiencia trabajando tanto con empresas privadas, públicas multinacionales, como con emprendedores nos da una visión general de lo que debemos tener en cuenta para mantener un equilibrio deseado dentro de un mercado voluble y sujeto a fluctuaciones inesperadas.
La pregunta más frecuente en emprendedores, según Lee, es cómo lograr que sus negocios sean lo más resistente posible. La respuesta a ello es simple, una gestión sólida de efectivo, la cual cumple un rol fundamental. Es así, ya que muchas empresas medias suelen funcionar con un colchón de liquidez de 30 a 90 días aproximadamente. Asimismo, sin tener hecho sus balances, líneas de crédito o el suficiente efectivo ahorrado.

Es importante tener este colchón de efectivo ante cualquier infortunio, el cual se vuelve un factor imprescindible. Es decir, cualquier obstáculo puede ocasionar el retroceso del negocio, ya sea: una ola inflacionaria, percances en la cadena de suministros, la innovación de la competencia, una pandemia,etc.
Lee asegura que, luego de haber estudiado altibajos en las empresas a lo largo de su carrera, los consejos a seguir son: conocer bien cuál es la posición del negocio según la etapa que se atraviese ante una interrupción, ser consciente de ella y administrar bien el efectivo.
Según un análisis de datos hecho en la Oficina de Estadísticas Laborales de “Lending Tree”, es probable que más del 18% de las empresas fracasen al año de haberse inaugurado y el 50% lo harán dentro de los cinco años de su apertura. Si bien no se debe generalizar y hablar de todas las compañías o negocios, pero a 25 años de experiencia en compañías dicen que, el cierre y todos los fracasos corporativos vienen de malas tácticas en la administración monetaria, las cuales dejan a las empresas sin opciones viables, y por lo tanto, con una incapacidad para superar desafíos macroeconómicos.
Una de las interrupciones a nivel macro fue durante el apogeo de la pandemia, con el virus del Covid-19 hubo un freno masivo de fuerza laboral, tanto en la oferta como en la demanda. Esto significó para muchas compañías la evaporación del efectivo y de las ventas de la noche a la mañana, al mismo tiempo que sus fuentes de capital. No hay forma de mantener en pie una empresa sin clientes y sin cumplir con la liquidez que ello implica.

Con frecuencia, el error está en aquellos empresarios ambiciosos que invierten todo su tiempo y energía en hacer que sus productos o servicios sean rivales fuertes dentro del mercado, o los más competitivos. Todo esto a expensas de: tomar medidas en días de ventas pendientes, cuentas por pagar, inventario o pendientes administrativos. No hacen de la “gestión efectivo” una prioridad sólida y por ello se vuelven vulnerables ante cualquier adversidad que traiga el mercado, como una pandemia impensada o un mercado imprevisible a la baja.
La clave está en mantener un balance general, ese será el escudo que soporte en tiempos turbulentos, si la inversión en dicho balance es fuerte, el negocio tendrá la posibilidad de responder de forma positiva, la cual otros no podrían ser capaces de ello.
Es más duro ver el impacto de los esfuerzos de resiliencia si se mide trimestre a trimestre, ya que muchas empresas enfrentan la presión de la demanda, del retorno inmediato, e inclusive de afrontar a sus accionistas. Por ende, todo esto puede ocasionar dificultades a la hora de generar la rentabilidad a corto plazo. No será de ayuda si esa presión fortuita viene acompañada de un mal balance general, el cual puede conducir al fracaso inmediato.
Aquí debe presentarse un buen liderazgo y lograrse un equilibrio sólido, de otra forma nadie podrá beneficiarse del negocio si este tiene cero resiliencia operativa.
En el mundo empresarial se clasifica la resiliencia de acuerdo a las distintas etapas que posee una recesión de mercado, como así también lo hacen las agencias gubernamentales ante los desastres naturales, que son: prevención, respuesta y recuperación.
Todo empieza con el liderazgo. Tanto el fundador como el equipo ejecutivo, deben priorizar una reserva en caso de complicaciones, ya sea teniendo una reserva significativa de efectivo para una emergencia o un acumulado a lo largo del tiempo.
Los líderes deben de tener en cuenta el incorporar esta conducta de ser conscientes del efectivo total, o qué se tiene para cada contratación, a partir de un negocio o departamento nuevo, más en épocas de inflación. Es clave analizar los gastos de la empresa constantemente, lo que pudo haber tenido sentido hace un año, hoy en día es inviable. ¿Es momento de considerar otras opciones? hacer estas preguntas incomodas beneficiará no solo a los empleados sino a las partes interesadas del negocio.

Por último, el liderazgo debe tener visibilidad y control sobre el flujo del efectivo, a través de actualizaciones y cambios periódicos, esto ayudará a detectar los problemas antes de tiempo. Esto, permite que la empresa se mantenga despierta en temas como: la fijación de precios y la mejora en la previsión del efectivo a largo plazo, a diferencia de otros empresarios que ponen su énfasis en el producto únicamente. Por ello, recordemos que la falta de resiliencia financiera es una amenaza constante en la vida de un negocio. Los vencedores serán aquellos fundadores que entiendan de cambios, que estudiaron y evitaron falacias de resiliencia; entienden lo que es una interrupción y las etapas que esta conlleva, nunca renuncian a su optimismo y coraje inicial que los impulsó en primera instancia cuando se adentraron al negocio. Confiaron en que la resiliencia empresarial tendrá un mayor peso para la compañía y su crecimiento, que enfocarse en las ganancias de corto plazo.