racias a un estudio realizado por la colombiana Yohana Katerine Suárez Anaya, magíster en Biotecnología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se determinó el efecto que podría tener la aplicación de un extracto de algas marinas en la inducción de cuatro genes asociados con la emisión de señales de sitios de infección en el banano.
De acuerdo con la magíster, “dicho material genético está relacionado con el aumento de la defensa en las plantas, ya que éstas interactúan generando señales que se dan por la acción de hormonas vegetales como el ácido jasmónico, regulador del crecimiento de la planta”.
Para el estudio se aplicaron concentraciones de 500, 1.000 y 2.000 centímetros cúbicos por hectárea. Los genes se evaluaron en las plantas de banano de variedad Williams en un estadio temprano de crecimiento –tres meses de edad–, después de realizar dos aplicaciones, en el día 0 y en el 9, de un extracto comercial de algas marinas.
“La empresa que fabrica el extracto se acercó al grupo de investigación y se presentó la oportunidad de probarlo. Además de los beneficios que daba en campo para restaurar y mejorar el rendimiento, también se estudió si aumentaría la defensa de las plantas”, explicó Suárez Anaya.
La investigación se desarrolló en un espacio controlado con las mismas condiciones que se presentan en Urabá, una importante zona bananera del país caribeño, con 95% de humedad, rocío constante y una temperatura entre 27°C y 29ºC.
Los días 1, 3, 6, 9, 10, 12 y 15 se obtuvieron muestras de tejido vegetal que se congelaron en papel aluminio a -80ºC para preservar las condiciones al momento de tomar el ácido ribonucleico (ARN) para evaluar la expresión de los genes.
Las pruebas arrojaron que la concentración de 2.000 cc/ha aumentó el nivel de expresión de los genes aunque no era constante, lo que, según la investigadora, puede sugerir que las plantas necesitan aplicaciones más frecuentes del extracto para mantener las defensas altas.
“Como la defensa vegetal es un proceso que requiere mucha energía, producir esos genes y las proteínas que se generan a partir de ellos implica un desgaste energético importante que, si la planta no lo necesita, el proceso se cae”, detalló Suárez Anaya, al tiempo que subrayó que, en este caso, trabajó con plantas sanas.
Con estos hallazgos, el desafío que se propuso la investigadora es realizar nuevos trabajos con plantas infectadas con algún patógeno como la Mycosphaerella fijiensis, un hongo relacionado con la enfermedad de la sigatoka negra, considerada como la enfermedad más destructiva y de mayor valor económico en los cultivos de banano, y con la que el grupo de investigación Biotecnología Vegetal Unalmed – CIB tiene experiencia.