Investigadores de una universidad española desarrollaron un nuevo método no invasivo que permite conocer con precisión el punto óptimo de maduración de la fruta sin necesidad de tocarla ni cortarla, mediante el análisis espectral de las hojas cercanas al fruto. La técnica, probada en condiciones reales de campo durante once semanas, resulta relevante porque abre la puerta a decisiones de cosecha más precisas, reduce pérdidas productivas y mejora la eficiencia en un contexto de agricultura cada vez más exigente y condicionado por el clima.
El estudio se llevó adelante en huertos comerciales de nectarinas y se centró en uno de los dilemas históricos de la fruticultura: determinar cuándo un fruto está realmente listo para ser cosechado. Tradicionalmente, esta evaluación requiere muestreos destructivos, análisis de laboratorio y la pérdida inevitable de parte de la producción. El nuevo enfoque propone una alternativa radical: leer el estado del fruto a partir de las hojas, aprovechando la relación fisiológica directa que existe entre ambos.

La investigación se basó en la premisa de que hoja y fruto funcionan como un sistema integrado. A medida que el fruto madura, se modifican los flujos de nutrientes, la actividad metabólica y la composición bioquímica del conjunto vegetal. Esos cambios no solo se expresan en el fruto, sino que también dejan señales medibles en las hojas que lo rodean. La clave está en saber interpretarlas.
Para ello, el equipo utilizó espectroscopía infrarroja, una técnica que permite analizar cómo los tejidos vegetales absorben y reflejan la luz en distintas longitudes de onda. En concreto, se emplearon dos espectrómetros: uno que trabaja en el infrarrojo cercano y otro en el infrarrojo medio. Ambos dispositivos analizaron tanto la cara superior como el envés de las hojas asociadas a los frutos en desarrollo.
El resultado de ese escaneo es una huella espectral que, al ser procesada mediante modelos estadísticos, permite establecer correlaciones con variables clave de la maduración. Entre los parámetros que mostraron mayor precisión se destacan el peso del fruto y su firmeza, dos indicadores determinantes para definir el momento de cosecha desde el punto de vista comercial.
Otros atributos tradicionalmente utilizados, como el contenido de azúcares, el pH o la acidez, todavía presentan márgenes de error más amplios. Sin embargo, los investigadores subrayan que el sistema se encuentra en una etapa de mejora continua y que su potencial crece a medida que se incorporan más datos y ciclos productivos al modelo.
Uno de los aspectos más valorados de la técnica es que evita los problemas asociados al escaneo directo del fruto. Si bien existen métodos no destructivos que analizan la fruta mediante sensores ópticos, estos suelen dejar marcas en la piel, afectando su valor comercial, especialmente en mercados donde el aspecto visual es determinante. El análisis de hojas elimina por completo ese riesgo.
La prueba de concepto se realizó en condiciones reales de producción, lejos del entorno controlado de un laboratorio. Durante once semanas, los investigadores trabajaron sobre doce árboles de nectarinas en un huerto comercial, expuestos a la variabilidad natural del clima, la radiación solar y el manejo agronómico habitual. Esa validación en campo refuerza la aplicabilidad práctica del método.
El objetivo de mediano plazo es avanzar hacia el desarrollo de dispositivos portátiles, livianos y de fácil uso, que puedan ser operados directamente por productores o técnicos en el lote. Herramientas capaces de ofrecer una lectura rápida y confiable sin necesidad de arrancar un solo fruto del árbol.
De concretarse esta etapa, la tecnología permitiría un cambio profundo en la lógica de cosecha. En lugar de recolectar toda la fruta de un árbol en un único momento, los productores podrían cosechar solo los frutos maduros, dejando el resto para etapas posteriores. Una práctica que hoy resulta costosa e imprecisa podría transformarse en un proceso selectivo y basado en datos objetivos.
El impacto potencial va más allá de la eficiencia productiva. La posibilidad de reducir pérdidas en campo, minimizar desperdicios y optimizar el uso de recursos se alinea con los principios de una agricultura más sostenible. Menos fruta descartada implica menor presión sobre la tierra, el agua y los insumos necesarios para producirla.
En un escenario marcado por el cambio climático, donde las ventanas de maduración son cada vez más variables e impredecibles, contar con herramientas que reflejen el estado real del cultivo —y no solo promedios históricos— se vuelve estratégico. Heladas tardías, olas de calor o cambios bruscos de temperatura pueden alterar los ciclos tradicionales, haciendo que la intuición o la experiencia acumulada ya no sean suficientes.
La tecnología también se adapta bien a esquemas de agricultura de precisión, pero sin requerir infraestructuras complejas ni inversiones elevadas. No depende de drones, satélites ni sistemas costosos de monitoreo remoto. Se apoya en la propia biología de la planta, utilizando la hoja como un sensor natural capaz de reflejar lo que ocurre en el fruto.
Este enfoque abre oportunidades tanto para grandes explotaciones como para productores pequeños y medianos, cooperativas y sistemas de producción ecológica, donde la reducción del impacto y la eficiencia en el manejo son objetivos centrales. La posibilidad de acceder a información precisa sin dañar el cultivo representa una ventaja competitiva concreta.
A largo plazo, los investigadores no descartan que el método pueda adaptarse a otras especies frutales, ampliando su alcance más allá de las nectarinas. Si las correlaciones fisiológicas se confirman en distintos cultivos, el uso de hojas como indicador de maduración podría convertirse en una herramienta estándar dentro del manejo frutícola.
La iniciativa refleja una tendencia creciente en la investigación agrícola: menos intervención directa, más lectura inteligente del sistema vegetal. Una forma de producir alimentos con mayor conocimiento, menor desperdicio y decisiones mejor fundamentadas. En un sector históricamente condicionado por la incertidumbre, avances como este prometen aportar un grado adicional de previsibilidad y control.