Nestlé Argentina decidió volver a producir chocolate en el país después de dos décadas y lo hizo en un contexto económico desafiante, apostando a una categoría que muestra una notable capacidad de adaptación. La iniciativa, anunciada y puesta en marcha entre 2023 y 2025 en la planta de Magdalena, provincia de Buenos Aires, incluye una inversión de más de US$ 10 millones, la reactivación de líneas productivas y el lanzamiento de nuevos formatos orientados al consumo masivo. La estrategia resulta relevante porque combina producción local, empleo, innovación y una lectura precisa del comportamiento del consumidor argentino.
“El chocolate es una categoría muy resiliente”, afirmó María Paz Arias, directora del negocio de Chocolates de Nestlé Argentina, al analizar el presente del sector. Según explicó, el consumo per cápita anual ronda los 2 kilos por persona, considerando chocolates y alfajores, un nivel alineado con otros países de América Latina, aunque todavía distante de los estándares europeos. “Frente a contextos complejos, suele ser de las primeras categorías en recuperarse porque está asociada al placer, a la indulgencia y a pequeños momentos que la gente prioriza”, señaló.
La decisión de retomar la producción local de tabletas de chocolate, algo que no ocurría desde hacía 20 años, responde a una estrategia de largo plazo. La inversión se apoyó en tres pilares: la incorporación de tecnología de última generación, la construcción de un nuevo depósito con condiciones óptimas de almacenamiento y la capacitación de los equipos, que debieron volver a formarse en procesos productivos discontinuados durante dos décadas. “Todo apunta a la sostenibilidad del negocio en el largo plazo”, explicó Arias.

El regreso a la producción nacional está enfocado en formatos de 25 y 50 gramos, pensados para el consumo impulsivo, un segmento clave en el mercado argentino. El kiosco sigue siendo el principal canal de venta del chocolate en el país y concentra gran parte del volumen. Por eso, la estrategia de Nestlé apunta a duplicar su presencia en ese canal y ganar relevancia frente a competidores consolidados. Actualmente, la compañía ocupa la quinta posición en market share en chocolates a nivel local y busca escalar posiciones.
El perfil del consumidor también cambió. “Es un consumidor cada vez más exigente y curioso, que busca experiencias”, explicó Arias. El chocolate dejó de ser un producto asociado exclusivamente al público infantil y pasó a ocupar un lugar más amplio: se consume por placer, para compartir o como regalo. Este cambio abrió espacio a una mayor diversidad de propuestas, desde productos de entrada de gama hasta opciones con nuevas texturas, rellenos y combinaciones.
En ese marco, la innovación ocupa un rol central. Además de los formatos clásicos, Nestlé lanzó en el mercado argentino propuestas como Nestlé Chocotrío, que combina chocolate, galleta y relleno, y tuvo una buena recepción entre los consumidores. “Es una categoría que vive de la innovación y el consumidor argentino está muy abierto a probar novedades”, sostuvo la ejecutiva, quien adelantó que la compañía tiene un plan de lanzamientos para los próximos dos años, tanto de producción nacional como de productos regionales importados.
Uno de los desafíos estructurales del negocio es el abastecimiento de la materia prima, ya que Argentina no produce cacao. Para eso, la empresa trabaja con el Nestlé Cocoa Plan, un programa global que asegura el suministro bajo estándares de calidad, trazabilidad y prácticas agrícolas regenerativas. “Hoy no tenemos problemas de abastecimiento y trabajamos de manera planificada con proveedores alineados a nivel global”, explicó Arias.
La producción local, sin embargo, no implica resignar estándares internacionales. Todo lo que se fabrica en Argentina es validado por la casa matriz en Suiza, tanto en calidad como en atributos de marca. “La calidad es exactamente la misma en cualquier parte del mundo”, aseguró la directora del negocio. Las diferencias aparecen en el perfil sensorial: el consumidor argentino prefiere un chocolate más suave y cremoso, por lo que las recetas se adaptan a los gustos locales sin perder identidad.
En cuanto a la competencia, el crecimiento de las chocolaterías artesanales es reconocido como una tendencia, pero no aparece hoy como el foco principal de la estrategia. “Nuestra prioridad está en ampliar la presencia donde se concentra el mayor volumen de consumo, que es el canal masivo”, explicó Arias. En ese sentido, los formatos pequeños y accesibles siguen siendo la principal apuesta para ganar escala.

La comunicación es otro eje clave. Durante 2025, la marca lanzó la campaña “Suavizá tu mundo”, con presencia en redes sociales, vía pública y, especialmente, en el punto de venta. “El punto de venta es fundamental para esta categoría”, destacó Arias. Aunque el foco está puesto en late centennials y early millennials, el chocolate sigue siendo un producto transversal, consumido por prácticamente todos los grupos etarios.
El contexto económico sigue siendo desafiante, pero desde la compañía observan oportunidades. “Vemos un escenario que todavía exigirá eficiencia y competitividad, pero con una enorme oportunidad para seguir creciendo”, afirmó la ejecutiva. En ese sentido, la decisión de producir localmente busca mejorar costos logísticos, asegurar abastecimiento y fortalecer la cercanía con el consumidor.
La reactivación de la producción de chocolate en Argentina se suma a un proceso más amplio de redefinición del portafolio local de Nestlé, con foco en categorías de alta rotación y marcas con fuerte reconocimiento. En un mercado sensible al precio, pero también a la calidad y la experiencia, el chocolate aparece como un producto capaz de atravesar ciclos económicos adversos sin perder relevancia.

Con nuevos lanzamientos en carpeta, una planta modernizada y una estrategia clara en el canal kiosco, Nestlé apuesta a que el chocolate siga ocupando un lugar central en el consumo cotidiano de los argentinos. La vuelta a la producción nacional no solo marca un hito industrial, sino también una señal de confianza en una categoría que, aun en tiempos difíciles, demuestra una capacidad singular para mantenerse vigente.