El gobierno de China anunció la aplicación de nuevos controles a las exportaciones de productos con posible uso militar hacia Japón, una decisión que eleva el nivel de tensión diplomática entre las dos principales economías de Asia y adquiere relevancia regional por su vínculo con la seguridad en el estrecho de Taiwán, el comercio estratégico y la estabilidad del noreste asiático, según informó Infobae.
La medida fue comunicada por el Ministerio de Comercio chino, que estableció restricciones sobre todos los artículos de doble uso, es decir, aquellos que pueden tener aplicaciones tanto civiles como militares. De acuerdo con la autoridad china, quedará prohibida la exportación de estos productos a Japón para cualquier destino que pueda fortalecer sus capacidades de defensa o contribuir, según el criterio de Beijing, a su desarrollo militar.
El anuncio se produce tras declaraciones recientes de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, quien había señalado que una eventual acción militar de China sobre Taiwán podría constituir una amenaza existencial para Japón. Beijing interpretó esos dichos como una vulneración del principio de “una sola China”, eje central de su política exterior y de su postura sobre la isla.
Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores chino, un portavoz afirmó que la líder japonesa realizó “declaraciones erróneas sobre Taiwán” y sostuvo que esas manifestaciones tienen una “naturaleza maliciosa con consecuencias profundamente perjudiciales”, según consignaron medios estatales. Para Beijing, el posicionamiento de Tokio introduce un factor de inestabilidad en una región ya atravesada por disputas estratégicas y rivalidades militares.
Las repercusiones no tardaron en trasladarse al plano económico. Tras conocerse la decisión, los futuros del índice Nikkei 225 registraron una baja cercana al 1%, reflejando la inquietud de los mercados frente a un eventual endurecimiento de las condiciones comerciales entre ambos países. En Tokio, el gobierno evitó emitir comentarios inmediatos y se limitó a señalar que se encuentra analizando el alcance real de las restricciones.
El alcance de los controles chinos abarca más de 800 productos, según la lista oficial de bienes de doble uso, que incluye desde productos químicos y componentes electrónicos hasta sensores, equipamiento de navegación y tecnologías vinculadas a la industria aeroespacial. Entre los insumos más sensibles figuran las tierras raras, como samario, gadolinio, terbio, disprosio y lutecio, materiales clave para la fabricación de microchips, drones, armas y dispositivos electrónicos avanzados.
La dependencia japonesa de estos insumos sigue siendo elevada. Datos de la Japan Organization for Metals and Energy Security indican que en 2024 Japón obtuvo cerca del 70% de sus importaciones de tierras raras desde China, una situación que persiste pese a los esfuerzos por diversificar proveedores tras el embargo temporal aplicado por Beijing en 2010, durante una disputa territorial. Según estimaciones de la consultora Capital Economics, China aún cubre alrededor del 60% de la demanda japonesa de estos materiales estratégicos.

El antecedente de 2010 es especialmente relevante para Tokio. Aquel embargo tuvo un impacto significativo en la industria manufacturera japonesa y aceleró la búsqueda de nuevas fuentes de abastecimiento en países como Australia y Estados Unidos. Sin embargo, más de una década después, la vulnerabilidad estructural no logró eliminarse por completo, lo que vuelve a colocar a las tierras raras en el centro de la disputa geopolítica.
En paralelo al anuncio chino, Japón atraviesa un proceso de redefinición de su política de defensa. En diciembre, el gabinete aprobó un presupuesto récord que incluye un incremento del 3,8% en el gasto militar, hasta alcanzar los 9 billones de yenes (unos USD 58.000 millones). Desde Beijing, la agencia estatal Xinhua advirtió sobre el aumento sostenido del presupuesto de defensa japonés y la flexibilización de las restricciones a la exportación de armamento.
Analistas consultados por agencias internacionales señalaron que las nuevas restricciones chinas podrían tener, al menos en el corto plazo, un componente más político que comercial. Voceros de la Japan External Trade Organization indicaron que, hasta ahora, las estadísticas aduaneras no muestran una caída significativa en los envíos de tierras raras. En noviembre, último mes con datos disponibles, las exportaciones chinas a Japón crecieron un 35%, alcanzando las 305 toneladas métricas, el mayor volumen de 2024.
No obstante, representantes del sector privado japonés con base en Beijing confirmaron que desde noviembre se registran demoras en la obtención de licencias para importar ciertos materiales, aunque evitaron atribuirlas de manera directa al conflicto diplomático. Una fuente del gobierno japonés, citada por agencias internacionales, sostuvo que la decisión de China busca generar presión política interna sobre el liderazgo de Takaichi e influir en la opinión pública japonesa.
La dimensión estratégica del conflicto se refleja también en el plano militar. En las últimas semanas, Japón informó sobre el tránsito del portaaviones chino Liaoning por el estrecho de Miyako, cerca de Okinawa, rumbo al Pacífico. Este tipo de maniobras es observado con atención por Tokio y sus aliados, en un contexto de creciente actividad naval china en la región.
La escalada diplomática se inscribe, además, en un escenario regional más amplio. Coincidió con la visita a Beijing del presidente surcoreano Lee Jae Myung, a quien el líder chino Xi Jinping instó a “situarse en el lado correcto de la historia”. Tanto Japón como Corea del Sur mantienen una estrecha coordinación con Estados Unidos, especialmente en materia de seguridad y comercio, frente al ascenso económico y militar de China.
Para los analistas, la decisión de Beijing refuerza el uso de herramientas comerciales como instrumento de política exterior, una práctica cada vez más frecuente en un mundo marcado por la competencia entre grandes potencias. En este contexto, el vínculo entre China y Japón aparece condicionado no solo por factores históricos, sino también por el tablero estratégico del Indo-Pacífico y la cuestión de Taiwán.
A corto plazo, el impacto concreto de las restricciones aún es incierto. Sin embargo, el mensaje político es claro: Beijing está dispuesto a utilizar su peso en cadenas de suministro críticas para responder a posicionamientos que considera contrarios a sus intereses fundamentales. Para Tokio, el desafío será equilibrar su alineamiento estratégico con Occidente y la necesidad de mantener canales estables de comercio con su principal proveedor de insumos estratégicos.