El Gobierno de Japón presentó esta semana una protesta diplomática formal ante China luego de que Pekín decidiera restringir la exportación de productos de uso dual —con aplicaciones civiles y militares— hacia el archipiélago japonés. La queja fue comunicada a través de canales oficiales por el Ministerio de Asuntos Exteriores japonés, tras considerar que la medida es discriminatoria, se aparta de las prácticas comerciales internacionales y agrava un escenario regional ya marcado por fricciones políticas y económicas. La decisión china, anunciada a comienzos de enero, incluye insumos estratégicos como componentes aeroespaciales, grafito y aleaciones de tungsteno, claves para industrias sensibles como la defensa, la energía y la tecnología avanzada, según informó Infobae.
El reclamo de Tokio se produjo apenas un día después de que el Ministerio de Comercio de China comunicara el endurecimiento de los controles a las exportaciones dirigidas exclusivamente a Japón. Desde el Ejecutivo japonés calificaron la medida como “extremadamente lamentable” y señalaron que su aplicación selectiva contradice los principios de previsibilidad y no discriminación que rigen el comercio internacional. El portavoz gubernamental Minoru Kihara sostuvo en conferencia de prensa que una restricción focalizada en un solo país “nunca es aceptable porque está muy lejos de las prácticas internacionales”, y adelantó que el Gobierno analizará en detalle el alcance de la prohibición antes de definir eventuales respuestas.
En paralelo, Masaaki Kanai, jefe de Asuntos de Asia y Oceanía de la diplomacia japonesa, transmitió formalmente la protesta a la embajada china en Tokio, dejando constancia del malestar oficial. Según fuentes del Ejecutivo, Japón busca evitar una escalada inmediata, aunque no descarta recurrir a mecanismos multilaterales si considera que sus intereses económicos y de seguridad resultan afectados.

Las nuevas restricciones se conocieron en un contexto de represalias comerciales cruzadas. El miércoles, China anunció el inicio de una investigación antidumping sobre el diclorosilano importado desde Japón, un gas químico esencial para la fabricación de semiconductores. De acuerdo con el Ministerio de Comercio chino, la investigación responde a una denuncia de la industria local, que habría sufrido una caída del 31% en el precio de ese insumo entre 2022 y 2024 como consecuencia de las importaciones japonesas. Pekín sostiene que esa baja perjudicó a los productores nacionales y justifica la apertura del proceso.
Desde Tokio, sin embargo, se interpreta que ambas decisiones forman parte de una estrategia de presión económica más amplia, enmarcada en un deterioro de la relación bilateral que trasciende el comercio. Las tensiones políticas se profundizaron en los últimos meses a raíz de las declaraciones de altos funcionarios japoneses sobre Taiwán, territorio que China considera parte inalienable de su soberanía. A fines del año pasado, la primera ministra Sanae Takaichi sugirió que las Fuerzas de Autodefensa de Japón podrían intervenir si Pekín utilizara la fuerza contra la isla, una afirmación que generó una dura reacción del Gobierno chino.
El propio Ministerio de Comercio de China vinculó las restricciones comerciales a lo que calificó como “declaraciones erróneas” de dirigentes japoneses sobre Taiwán. En ese marco, la visita reciente del legislador japonés Hei Seki —también conocido como Yo Kitano— a Taipéi añadió un nuevo foco de conflicto. Seki, quien había sido sancionado previamente por China, afirmó durante su estadía que su presencia buscaba demostrar que “Taiwán es un país independiente”, declaraciones que fueron difundidas por medios locales de la isla. La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Mao Ning, desestimó esos dichos al considerarlos “desagradables” e “indignos de comentario”.
Las fricciones no se limitaron al terreno comercial y diplomático. Japón también presentó una nota de protesta por la actividad china de exploración de hidrocarburos en áreas en disputa del mar de China Oriental. Según denunció Tokio, China avanza con la construcción de instalaciones permanentes de exploración y extracción cerca de la línea media que Japón propone como frontera marítima entre ambos países. Las autoridades japonesas advirtieron que esos trabajos se aceleraron pese a las protestas diplomáticas reiteradas, de acuerdo con información difundida por la agencia Kyodo.
En este clima de desconfianza, surgieron además especulaciones sobre una eventual ampliación de las restricciones chinas a las exportaciones de tierras raras, minerales fundamentales para la industria tecnológica, automotriz y de defensa. Si bien el Ministerio de Comercio chino no confirmó oficialmente nuevas medidas en ese sentido, el diario estatal China Daily citó fuentes anónimas que indicaron que Pekín evalúa esa posibilidad. De concretarse, la decisión tendría un impacto significativo en Japón, uno de los principales importadores de estos recursos estratégicos.
El contraste con la relación de China con otros países de la región resulta marcado. Mientras se agravan las tensiones con Tokio, Corea del Sur reforzó sus vínculos con Pekín. El presidente surcoreano Lee Jae Myung concluyó esta semana una visita oficial a China, durante la cual se firmaron acuerdos de cooperación en áreas como tecnología, comercio, transporte y protección ambiental. Según datos del Ministerio de Comercio, Industria y Recursos de Corea del Sur, empresas de ambos países suscribieron 24 contratos de exportación por 44 millones de dólares.
Medios chinos también informaron que Corea del Sur superó recientemente a Japón como principal destino de vuelos salientes desde China continental durante las vacaciones de Año Nuevo. Este dato se conoció en un contexto en el que Pekín desalentó los viajes a Japón al advertir sobre “riesgos significativos para la seguridad personal y la vida” de los ciudadanos chinos en territorio japonés, una señal más del deterioro del vínculo bilateral.
Para analistas regionales, la disputa entre Japón y China refleja una competencia estratégica más amplia por el control de cadenas de suministro críticas y por la definición de normas en sectores clave como los semiconductores, los materiales avanzados y las tecnologías de uso dual. En ese tablero, las decisiones comerciales se entrelazan cada vez más con consideraciones de seguridad nacional y política exterior, reduciendo los márgenes para soluciones puramente técnicas.
Por ahora, Tokio insiste en la vía diplomática y en el diálogo, aunque dejó claro que no aceptará medidas que considere arbitrarias o contrarias al derecho internacional. La evolución del conflicto dependerá, en buena medida, de si ambas potencias asiáticas logran contener la escalada o si, por el contrario, profundizan una confrontación que ya comienza a impactar en el comercio regional y en el equilibrio geopolítico del Asia-Pacífico.