El búfalo gana espacio en la ganadería argentina y consolida su expansión en el NEA

Con un crecimiento del rodeo superior al 100% en diez años, la producción bubalina se afirma como alternativa eficiente en ambientes tropicales y subtropicales

El búfalo gana espacio en la ganadería argentina y consolida su expansión en el NEA
domingo 08 de febrero de 2026

La producción bubalina en Argentina atraviesa una etapa de expansión sostenida, impulsada por su adaptación a ambientes adversos, su eficiencia productiva y un renovado interés comercial. Con un rodeo que más que se duplicó en la última década, el búfalo se consolida como una alternativa ganadera especialmente competitiva en el Nordeste Argentino (NEA), región donde se concentra la mayor parte del stock nacional y donde las condiciones climáticas y ambientales limitan a otras especies.

Introducido en el país a comienzos del siglo XX, el búfalo llegó originalmente desde Brasil y se asentó en sus primeras etapas en Entre Ríos y Corrientes. En sus inicios, la especie fue pensada como complemento del ganado bovino, con la intención de aumentar la rusticidad mediante cruzamientos. Sin embargo, esa estrategia no prosperó y durante décadas el búfalo quedó relegado a un rol marginal. El escenario comenzó a cambiar a partir de los años setenta, cuando productores y técnicos empezaron a identificar su potencial en campos bajos y zonas anegables, donde el bovino presentaba mayores dificultades productivas.

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Desde entonces, la actividad fue creciendo de manera gradual hasta acelerar su expansión en los últimos años. Los datos oficiales muestran que entre 2015 y 2025 el stock bubalino aumentó un 115%, al pasar de 94.000 a casi 203.000 cabezas, un crecimiento significativo dentro del mapa ganadero nacional. Este avance se explica, en gran medida, por las ventajas comparativas de la especie: rusticidad, resistencia al calor, capacidad de aprovechar pasturas de baja calidad y la posibilidad de desarrollar sistemas doble propósito, tanto para carne como para leche.

La concentración geográfica del rodeo es uno de los rasgos más marcados del sector. En 2025, Corrientes reunía cerca del 47% de las existencias nacionales, seguida por Formosa con 22%, Chaco con 15%, Santa Fe con 5% y Misiones con 2%. En conjunto, las cuatro provincias del NEA explican el 86% del stock bubalino argentino, una distribución que responde directamente a la fisiología del animal. El búfalo tolera temperaturas elevadas siempre que disponga de agua para sumergirse, barro o sombra, condiciones habituales en humedales y zonas subtropicales.

Esta resistencia al estrés térmico, combinada con su eficiencia para transformar forrajes de menor calidad en proteína animal, lo convierte en una opción estratégica para regiones donde la ganadería bovina enfrenta mayores costos y riesgos productivos. Aun así, la expansión no se limita al NEA: actualmente se registran poblaciones bubalinas en 20 de las 23 provincias, lo que muestra un interés creciente por incorporar la especie en distintos sistemas productivos.

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El crecimiento del rodeo tuvo un correlato directo en la dinámica de faena y producción de carne. Entre 2015 y 2024, la faena anual mostró una tendencia ascendente, en línea con la mayor disponibilidad de animales. En 2024, se faenaron 18.296 cabezas, un volumen 3,7 veces superior al registrado en 2015. La expansión continuó en 2025, ya que en los primeros siete meses del año se faenaron 14.930 animales, un 18% más que en igual período del año anterior.

Con un rendimiento promedio de 219 kilos por animal, la producción anual de carne bubalina se ubica en torno a las 4.000 toneladas. Si bien estos números reflejan un crecimiento sostenido, el sector sigue siendo muy pequeño en comparación con la ganadería vacuna: tanto la faena como la producción de carne de búfalo representaron en 2024 apenas el 0,1% del total bovino. Esta brecha muestra, al mismo tiempo, el amplio margen de desarrollo que aún tiene la actividad.

Uno de los principales desafíos se encuentra en la demanda interna. El consumo de carne de búfalo en el mercado local es todavía incipiente y enfrenta un fuerte desconocimiento por parte de los consumidores. Relevamientos técnicos recientes indican que cerca del 60% de la población no sabe que esta carne se comercializa en el país, y que entre quienes sí conocen su existencia, solo una minoría la ha visto en puntos de venta. Además, más del 90% de los encuestados declaró no haberla probado nunca.

Sin embargo, los datos también muestran una oportunidad clara: entre quienes sí consumieron carne de búfalo, alrededor del 80% manifestó una evaluación positiva, destacando su sabor y calidad. Este nivel de aceptación sugiere que el principal obstáculo no es el producto en sí, sino su visibilidad, la escala de oferta y la construcción de hábitos de consumo.

En el frente externo, la carne bubalina cuenta con un espacio específico en el comercio internacional. Dentro de la Cuota Hilton, existe un contingente exclusivo de 200 toneladas para la exportación de carne de búfalo sin hueso de alta calidad, conocido como “Cuota búfalo”. Este cupo incluye cortes de alto valor comercial como lomo, bife ancho, cuadril, picaña, nalga, bola de lomo y entraña fina, provenientes de animales de la especie Bubalus bubalis. Se trata de un nicho pequeño, pero estratégico, que posiciona a la producción bubalina dentro de mercados exigentes.

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Un paso clave para fortalecer esa inserción fue la incorporación del ganado bubalino al sistema nacional de trazabilidad. A partir de 2025, los productores deben identificar de manera obligatoria a los animales mediante tecnología electrónica, en el marco del Sistema Nacional de Identificación Ganadera. Esta herramienta permite avanzar hacia estándares requeridos por destinos como la Unión Europea, donde la trazabilidad individual es un requisito creciente para el ingreso de carnes.

La implementación de este sistema no solo mejora la transparencia comercial, sino que también aporta información sanitaria y productiva, elementos fundamentales para profesionalizar la actividad y generar confianza en los mercados. Para un sector en expansión, la trazabilidad se convierte en un activo estratégico, capaz de facilitar el acceso a mejores precios y nuevos destinos.

El búfalo gana espacio en la ganadería argentina y consolida su expansión en el NEA

En perspectiva, el sector bubalino argentino se encuentra en una fase de consolidación. El aumento del stock, la expansión de la faena, la mejora en los sistemas de identificación y el interés por diversificar la matriz ganadera configuran una base sólida para su desarrollo futuro. Aún con volúmenes modestos frente al bovino, el búfalo ofrece respuestas productivas eficientes en ambientes donde otras especies encuentran límites estructurales.

El desafío hacia adelante será escalar la producción, fortalecer la demanda interna, comunicar las características nutricionales de la carne bubalina y aprovechar las ventanas de exportación disponibles. En un contexto de cambio climático y búsqueda de sistemas más adaptados a condiciones extremas, el búfalo aparece como una alternativa con potencial estratégico dentro del agro argentino.



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