La Mesa Nacional de Trigo volvió a reunirse este febrero en Leones, en el marco de la 70ª Fiesta Nacional del Trigo, para analizar un escenario inédito: exportaciones abiertas, menor presión estatal y una cosecha récord cercana a 28 millones de toneladas en la campaña 2025/26. El encuentro reunió a productores, industriales y técnicos, y fue relevante porque, pese al mayor volumen de la historia, afloraron tensiones por precios, calidad y falta de mercados para absorber el excedente.
A diferencia de otros años marcados por cruces y reclamos contra la intervención oficial, esta edición se desarrolló sin los “rugidos” habituales. El cambio se explica por el giro de la política económica del gobierno de Javier Milei, que eliminó el fideicomiso triguero y redujo los derechos de exportación del 12% al 7,5%, además de ratificar que no habrá cupos ni controles sobre el comercio del cereal. A eso se sumó un factor climático decisivo: lluvias oportunas que empujaron la producción a un nivel sin precedentes, con un salto interanual cercano al 40%.

El contraste histórico fue uno de los ejes del debate. En 2012/13, con fuertes restricciones y la intervención de Guillermo Moreno, la cosecha había caído a 8,5 millones de toneladas, el mínimo histórico, mientras los precios internos se disparaban. Tras la quita de retenciones en 2016, durante el inicio del gobierno de Mauricio Macri, el volumen trepó a la zona de 17/18 millones, aunque el impulso se interrumpió con nuevas distorsiones en años posteriores. Hoy, el contexto es el inverso: abundancia de trigo y reglas más previsibles.
Sin embargo, la bonanza productiva abrió nuevos problemas. Según cifras oficiales presentadas en el encuentro, en 2026 se exportarían unas 18,5 millones de toneladas de grano. La industria molinera absorbería cerca de 7 millones, con exportaciones de harina estimadas en 650 mil toneladas, mientras que el consumo interno permanece estable en torno a 6 millones. El resultado es un remanente de al menos 3 millones de toneladas cuyo destino aún no está claro.

La sobreoferta presiona los precios y genera malestar entre productores, más aún cuando parte del volumen presenta limitaciones de calidad panadera. En ese marco, surgieron reproches hacia molinos y exportadores, acusados de aprovechar el contexto para ajustar cotizaciones. Un dirigente rural sintetizó el clima con una frase que circuló en la mesa: “Hoy el trigo cotiza menos que el maíz. Entonces yo voy a vender el maíz y le voy a dar de comer el trigo a mis vacas”.
La paradoja se profundiza al observar la capacidad ociosa de la molinería local. El sector puede procesar hasta 13 millones de toneladas anuales, pero muele apenas la mitad por la falta de demanda interna y externas. Esa situación, advirtieron los industriales, intensifica la competencia y castiga a quienes operan con mayores estándares. Del lado exportador, las ventas externas avanzan —ya se registraron DJVE por más de 10 millones de toneladas—, pero el desafío es colocar el excedente en un mercado global con abundantes saldos, donde todos los países competidores tuvieron buenas campañas.

El diagnóstico común apuntó a agregar valor y diversificar destinos. Se planteó aprovechar la capacidad instalada para exportar más productos elaborados —galletitas, pastas— y trabajar en la mejora de la calidad del trigo argentino para recuperar demanda de molinos internacionales. También se subrayó la necesidad de abrir nuevos mercados de grano con mayor rapidez.
Brasil, históricamente el principal comprador, fue otro foco del análisis. Representantes de Abitrigo señalaron que el país vecino avanza hacia el autoabastecimiento, con una producción que podría cubrir entre 8 y 11 millones de toneladas anuales, sobre un consumo de 13,5 millones, lo que limita su capacidad de absorción futura.

En el cierre, funcionarios provinciales y referentes sectoriales coincidieron en que la Argentina enfrenta una “crisis de crecimiento”: nuevos pisos productivos sin una estrategia consolidada para administrarlos. El ministro de Agricultura de Córdoba, Sergio Busso, volvió a reclamar la eliminación total de las retenciones para mejorar competitividad y ganar mercados. Mientras tanto, el desafío quedó planteado: transformar el récord productivo en una oportunidad sostenible para toda la cadena.