El mercado global de granos atraviesa una reconfiguración impulsada por el aumento de los costos energéticos, nuevas políticas de biocombustibles y tensiones geopolíticas, factores que están favoreciendo a la soja frente a otros cultivos y modificando las decisiones de siembra a nivel mundial, según un análisis publicado por el medio especializado TodoAgro .
En este escenario, el encarecimiento de los insumos —con subas de hasta el 40% en fertilizantes nitrogenados— y el incremento del precio del petróleo, que alcanzó los USD 114,5 por barril, están generando una presión directa sobre los costos de producción agrícola, al tiempo que incentivan una migración hacia cultivos con menor inversión relativa, como la soja.
De acuerdo con el informe, el contexto internacional está marcado por el conflicto en Medio Oriente, las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China y la implementación de nuevas metas de biocombustibles en el mercado estadounidense, que en conjunto configuran un escenario alcista para las oleaginosas.
“Estamos viendo un escenario donde los altos costos de insumos, especialmente fertilizantes, están empujando a los productores a volcarse hacia la soja, que requiere menor inversión relativa”, explicó Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, en declaraciones citadas por TodoAgro.
Uno de los efectos más visibles de esta coyuntura es el cambio en la asignación de superficie agrícola, especialmente en el hemisferio norte. En Estados Unidos, los productores se preparan para iniciar la campaña con una expectativa de aumento en el área destinada a soja de al menos 1,5 millones de hectáreas, aunque ese número podría ampliarse en función de los costos de insumos.
El informe señala que el reporte oficial del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), previsto para el 31 de marzo, podría no reflejar completamente el impacto reciente del encarecimiento de los fertilizantes, lo que deja margen para ajustes posteriores en las decisiones productivas.
A nivel global, la tendencia también se replica en Europa, donde se proyecta una migración de superficie desde cereales hacia oleaginosas. Este fenómeno responde a la necesidad de reducir costos en un contexto de insumos caros y márgenes más ajustados.
“Si a esto le sumamos la expectativa de una recomposición en la relación comercial entre EE.UU. y China, el incentivo para sembrar soja es aún mayor”, agregó Romano en el mismo informe.
Otro factor determinante en la dinámica del mercado es la política energética de Estados Unidos. La reciente fijación de objetivos de mezcla de biocombustibles por más de 26 mil millones de galones para 2026, por encima de los 24 mil millones previstos inicialmente, fue interpretada por el mercado como una señal alcista para la demanda de aceite de soja.
Este impulso se ve reforzado por el comportamiento de los precios energéticos. En la última semana, el petróleo registró un aumento del 5%, mientras que el etanol subió un 2% y el biodiésel casi un 5%, lo que mejora la competitividad de los biocombustibles frente a los combustibles fósiles.
A esto se suma la suba del 7% en el precio de la urea en el mercado FOB Medio Oriente y las restricciones a las exportaciones de nitrato de amonio por parte de Rusia, factores que continúan presionando al alza los costos agrícolas.

“Todo esto genera una presión alcista indirecta sobre los granos, porque incrementa los costos de producción y condiciona las decisiones de siembra”, sostuvo Romano.
En América del Sur, la producción de soja muestra perspectivas sólidas. Brasil se encamina a un nuevo récord con 184,7 millones de toneladas, mientras que en Argentina la estimación se mantiene en 48,5 millones de toneladas, con mejoras en la condición de los cultivos.
No obstante, el avance de la cosecha podría generar presiones bajistas en los precios en el corto plazo, un comportamiento habitual cuando se incrementa la oferta disponible en el mercado.
En el caso del maíz, el panorama es más complejo a nivel global. El impacto de los fertilizantes podría reducir la superficie sembrada en Estados Unidos en más de 2 millones de hectáreas, lo que ajustaría la oferta futura.
En Argentina, sin embargo, la campaña muestra un desempeño favorable, con un avance de cosecha del 16,5% y rindes promedio de 84,8 quintales por hectárea, significativamente superiores a los del ciclo anterior. La producción se mantiene proyectada en 57 millones de toneladas, mientras que los embarques alcanzan un récord de 2,97 millones de toneladas.
El trigo también enfrenta un escenario desafiante a nivel internacional. En Estados Unidos, se proyecta la menor superficie de trigo de primavera desde la década del ’70, mientras que en la Unión Europea se anticipa una caída de 8 millones de toneladas en la campaña 2026/27.
“El trigo también está sintiendo el impacto de los fertilizantes, lo que limita la intención de siembra y ajusta la oferta esperada”, indicó Romano.
En el plano local, los precios muestran cierta firmeza, con valores cercanos a los USD 185 por tonelada en el mercado disponible y alrededor de USD 220 para diciembre, aunque persisten desafíos vinculados a la calidad del grano y al volumen aún sin precio fijado.
En Argentina, además de las variables internacionales, algunas medidas de política energética están aportando sostén adicional a la demanda de granos. Entre ellas, se destaca la ampliación del corte obligatorio de biodiésel en gasoil del 7% al 20% y el incremento del bioetanol en naftas hasta el 15%, lo que impulsa el consumo interno de materias primas agrícolas.
Este contexto refuerza el vínculo entre el sector energético y el agro, consolidando a los biocombustibles como un factor clave en la dinámica de los mercados.
El conjunto de factores analizados configura un escenario de alta volatilidad y cambios estructurales en la agricultura global. La combinación de costos elevados, políticas públicas y expectativas de demanda está redefiniendo las decisiones productivas y la asignación de recursos.
“Hay una combinación de factores muy potente: demanda potencial firme, políticas públicas favorables y costos relativos más bajos frente a otros cultivos”, concluyó Romano.
En este contexto, la soja emerge como el cultivo más favorecido, mientras que cereales como el maíz y el trigo enfrentan mayores desafíos. La evolución de estas tendencias dependerá de la estabilidad geopolítica, las políticas comerciales y el comportamiento de los mercados energéticos en los próximos meses.